Tres mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en 24 horas. Cuatro en cinco días. La sucesión de crímenes machistas ha vuelto a poner el foco sobre la violencia de género y sobre la eficacia de los mecanismos de protección. Pero, ¿qué lectura hacen quienes trabajan cada día con las víctimas? Artículo14 ha reunido las voces de siete asociaciones que acompañan a mujeres supervivientes y a sus familias. Aunque cada una pone el acento en aspectos distintos, sus diagnósticos convergen en varias ideas: la protección sigue siendo insuficiente, el verano incrementa el riesgo de una violencia que ya existía, las instituciones deben reforzar la prevención y las asociaciones reclaman que se cuente con ellas para diseñar las respuestas frente a la violencia machista.
“Un papel no impide que un hombre mate”
“Un papel no impide que un hombre mate; el que quiere hacerlo mata”, resume Rosalía González, presidenta de MAMI. A su juicio, las órdenes de alejamiento dejan de ser eficaces cuando los quebrantamientos no se toman en serio y cuando la respuesta institucional no se adapta al riesgo real del agresor. “No mata por robar, por heredar o por sacar algún beneficio. Lo hace por machismo, por control y por poder”.

Andrea Cabezas, presidenta de Stop Violencia Vicaria, comparte ese diagnóstico. “Lo verdaderamente aterrador es que ya ni una orden de alejamiento garantiza seguir con vida. ¿Qué mensaje se está enviando a las víctimas? ¿Que ni siquiera cuando denuncian, cuando consiguen protección judicial y cumplen con todo lo que les exige el sistema, van a estar seguras?”.
Para Paula, del colectivo Madre Mía, el debate tampoco puede reducirse al funcionamiento de VioGén. “El fallo no es del sistema VioGén; también es de la Justicia”. Critica que hombres considerados peligrosos puedan abandonar el sistema sin una revisión real del riesgo y recurre a una comparación contundente: “Cuando tienes un animal potencialmente peligroso tienes que pasar controles, firmar documentos y tener un seguro. Pero un hombre potencialmente peligroso puede salir del sistema sin que pase nada”.
La psicóloga Chelo Álvarez, presidenta de Alanna, añade otra pieza al puzzle. Recuerda que los antecedentes nunca deberían desaparecer de la valoración del riesgo porque un patrón de violencia puede permanecer latente durante años y reactivarse cuando el agresor percibe que pierde el control sobre la mujer.
Del minuto de silencio a la prevención
La crítica no se limita a la protección. También alcanza la forma en la que las instituciones responden después de cada asesinato.
“No basta con comparecer ante los medios, con guardar un minuto de silencio. No basta con convocar un gabinete de crisis“, denuncia Cabezas. Se pregunta qué decisiones salen realmente de esas reuniones cuando los asesinatos siguen produciéndose y reclama explicaciones por un sistema que, a su juicio, necesita una revisión urgente.
Natalia Morlas, de Somos Más, coincide. “Que se dejen de tanto comité de crisis que, a la vista está, no sirve para nada”. Reclama que las asociaciones formen parte de las decisiones y resume esa frustración en una frase: “Todo por las víctimas, todo para las víctimas… pero sin las víctimas”.

María, de Madres Protectoras de Madrid, lamenta que tras cada feminicidio se repita el mismo ritual institucional. “Las mujeres no necesitan homenajes cuando están muertas. Necesitan protección cuando están vivas”. Paula cierra el mismo argumento con una pregunta que repite tras los últimos asesinatos: “¿Qué más tiene que pasar?”.
Una sociedad que deja de escandalizarse
Las asociaciones creen que el problema no termina en los juzgados ni en las instituciones. También señalan a una sociedad que, poco a poco, corre el riesgo de normalizar la violencia machista.
“Mientras España vive pendiente del fútbol, las mujeres seguimos siendo asesinadas y el silencio es atronador”, denuncia María. “La violencia machista ha sido expulsada de la agenda mediática. Nos estamos acostumbrando a que asesinen mujeres. Y esa indiferencia también mata”.
Gregorio Gómez, de ALMA, comparte esa preocupación. Asegura que los asesinatos ya apenas sorprenden porque los repuntes de verano y Navidad se han convertido en una rutina asumida. Al mismo tiempo, alerta del crecimiento del discurso negacionista y del rechazo a la igualdad. Cree que la deslegitimación del feminismo y los mensajes que cuestionan la existencia de la violencia de género están generando “un caldo de cultivo” que dificulta la prevención y favorece la impunidad.
Las asociaciones advierten también del riesgo de explicar los feminicidios únicamente cuando se producen y olvidarlos pocos días después. Reclaman que el debate permanezca abierto más allá de cada asesinato.
El verano no mata
Otro de los mensajes compartidos es el rechazo a atribuir la violencia machista al calor o a las vacaciones. “El verano no genera violencia de género; acelera la expresión letal de una violencia que ya existía”, explica Chelo Álvarez. Durante estos meses aumentan los factores de riesgo: más convivencia, procesos de separación, pérdida de control del agresor, aislamiento social y una menor supervisión por parte del entorno y de los servicios públicos.
Natalia Morlas insiste en la misma idea: “Nos negamos a que le echen, un año más, la culpa al verano o al calor. La culpa la tienen unos hombres maltratadores que se saben impunes y la inacción del Estado para prevenir asesinatos machistas”.

Gregorio Gómez recuerda que los repuntes también se producen en Navidad. No es una cuestión estacional, sostiene, sino la consecuencia de contextos que incrementan el control sobre las víctimas y elevan el riesgo en relaciones donde la violencia ya existía.
“Esto no va a parar solo”
Las entidades consultadas discrepan en algunas propuestas, pero coinciden en el diagnóstico. Reclaman reforzar la valoración del riesgo, revisar la coordinación entre Justicia, Policía y el sistema VioGén, asumir responsabilidades cuando el sistema falle y escuchar a quienes trabajan cada día con las víctimas.
Morlas pide condenas “ejemplares y ejemplarizantes”, una judicatura formada en violencia machista y que las asociaciones participen en el diseño de las políticas públicas. Gregorio Gómez reclama invertir mucho más en sensibilización y educación porque, de lo contrario, advierte, “esto va a seguir en aumento”. Rosalía insiste en la prisión preventiva cuando exista un riesgo suficiente y concluye con una advertencia: “Mientras no haya prisión preventiva y protección real de las víctimas, esta guerra está perdida”.
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