Bosadías

Osadías desde el odio, con mis muertos tristes y un true crime en el museo

Una lectura polémica, una serie fabulosa y un plan para escapistas

Un libro. Desde el odio, de Luisgé Martín. O cómo conseguir que un título resulte tan redondo, año y medio después de que su antecesor El odio desatase una de las mayores polémicas editoriales de los últimos tiempos. La relación epistolar del escritor con el asesino parricida José Bretón, y la entrevista que mantuvo con él sin informar a su exmujer y madre de los niños que asesinó, derivó en la cancelación in extremis del primer ensayo. El segundo es un desahogo y un saldar cuentas.

Después de la publicación frustada de El odio se dijeron sobre mí muchas cosas que ignoraban toda mi literatura anterior. Que había escrito el libro por vanidad, por afán de notoriedad o incluso por ganar dinero. Que llevan años esperando un escándalo que me proporcionara por fin el éxito masivo que mis libros anteriores no me habían dado.

En Desde el odio, Martín revisa con minuciosidad lo escrito sobre él. Pero también aprovecha para dejar constancia de lo que no se publicó, introduciendo partes y explicaciones sobre la obra que nunca vio la luz. Si a alguien le quedaron ganas de leer la anterior, es su oportunidad. Yo, que no abogo por la cancelación, creo que al final acabó publicando una especie de versión revisada. No sé si quienes le fiscalizaron son conscientes o no de ellos. Para el resto, editorial Altamarea.

Una serie.  Mis muertos tristes. La premisa es fácil: si tiene que ver con Mariana Enríquez se lee, se ve o lo que haga falta. Su universo nunca decepciona. A caballo entre la realidad más frontal y la alegoría fantasmagórica, esta serie se adentra en un gueto al sur de Buenos Aires en el que sus habitantes viven prácticamente abandonados por las instituciones. Y en medio de esa marginalidad, una doctora recorre sus calles escuchando y viendo a los muertos, hasta que todos terminan en cierta manera contaminados por ese don que parecía tener solo Emma y una sobrina suya. Como un Ensayo de la ceguera de Saramago, pero con el halo de misterio propio de Enríquez en alianza con el arte visual del chileno Pablo Larraín. Imperdible, en Netflix.

Un descubrimiento. Ya lo confesé con en anteriores Bosadías: no me gustan los escape room, pero sé de su poder de atracción. Así que para todo el que guste hay un de estreno en Madrid, ambientando entre los personajes de terror recreados por el Museo de Cera. Entre ellos, con linternas y pistas durante 75 minutos habrá que resolver un crimen. El plan, de dos a quince personas, y solo a disfrutar entre octubre y noviembre. Para más info, #TRUE CRIME Museo de cera

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