ESQUÍ

De esquiadoras a empresarias, Bheramond y la idea de crear una comunidad de mujeres en torno al esquí

Artículo 14 charla con una de las creadoras de la marca, que busca hacerse un hueco en el mercado del esquí femenino

Irene Yáñez y Sofía San Martín llevan toda la vida con los pies sobre los esquís. Una compitió; la otra convirtió la nieve en una parte inseparable de su vida. Las dos compartían también una sensación: cuando buscaban ropa para esquiar, no siempre encontraban aquello que querían llevar. De esa necesidad nació Bheramond, una marca que une rendimiento y diseño y que ahora quiere ir un paso más allá de la ropa. Con 24 y 25 años, sus creadoras han decidido apostar por un proyecto propio, construir una comunidad de mujeres alrededor de la nieve y demostrar que también hay espacio para hacer las cosas a su manera.

La idea que nació en la nieve

Antes de pensar en proveedores, colecciones o en cómo levantar una marca desde cero, Irene y Sofía ya tenían una historia con la nieve. Las dos llevan esquiando desde pequeñas y, aunque sus caminos fueron distintos, compartían una misma experiencia cada vez que buscaban qué ponerse para esquiar. 

“Quién mejor que nosotras”

Fue precisamente desde esa experiencia, y no desde un despacho, desde donde empezó a tomar forma Bheramond. Cuando buscaban ropa para esquiar, encontraban muchas opciones, pero no siempre aquello que necesitaban. Por un lado estaban las prendas con un marcado carácter técnico; por otro, diseños que podían resultar más atractivos, pero que no respondían a las exigencias de quienes pasan muchos días sobre la nieve. Ellas querían las dos cosas. Rendimiento y diseño.

“Siempre hemos tenido una idea clara”, nos explica Irene. Querían que una mujer que esquía muchos fines de semana pudiera encontrar en una misma prenda todo lo que necesita, sin renunciar a sentirse femenina. Y si ellas mismas habían vivido esa necesidad, tenían claro quién podía ponerse a pensar en la solución: “Quién mejor que nosotras, que somos mujeres y además esquiadoras, para diseñar algo que nosotras mismas querríamos llevar”. Así empezó a tomar forma Bheramond: desde la propia nieve y desde una necesidad que ellas habían vivido en primera persona.

Aprender a emprender

Convertir una necesidad compartida en una empresa exigía mucho más que tener una buena idea. Irene y Sofía se encontraron, desde el primer momento, con un terreno nuevo: proveedores, producción, números, plazos y decisiones que hasta entonces les resultaban ajenas. “Empezar de cero es complicado”, reconoce Irene. La diferencia es que han sabido apoyarse en quienes tenían cerca. Sofía cuenta con conocimientos en la parte numérica y ambas han recurrido a familiares y personas de su entorno con experiencia empresarial para resolver dudas y entender mejor cada paso. Han preguntado, han escuchado y han ido incorporando conocimientos mientras Bheramond tomaba forma.

“Somos una apasionadas”

El proceso también les ha enseñado que una empresa no siempre avanza al ritmo que uno quiere. Hay proveedores que se retrasan, producciones que cambian de fecha y decisiones que dependen de terceros. A eso se suma la edad. Irene tiene 24 años y Sofía, 25, una generación en la que no es habitual encontrar proyectos de este tipo dentro de la industria del esquí. “Estáis locas metiéndoos en esto”, han llegado a escuchar. Ellas han preferido quedarse con otra idea: que la edad no puede ser un argumento para no intentarlo cuando existe una convicción detrás. Y la suya, desde el principio, ha sido muy clara.

“Lo que somos son unas apasionadas”, resume Irene. Ahí está buena parte de la explicación. No llegaron al esquí buscando una oportunidad de negocio, sino que el negocio nació precisamente de una afición que forma parte de sus vidas desde niñas. Ahora están aprendiendo a convertir esa intuición en una empresa, conscientes de las dificultades que implica, pero también de algo que para ellas pesa más: haber decidido apostar por una idea que conocen desde dentro.

Una comunidad a construir

Hay una cifra que dice mucho de lo que todavía queda por hacer: alrededor del 40% de las personas que practican esquí son mujeres. Sin embargo, cuando piensan en referentes y comunidades dentro de la nieve, sienten que todavía falta visibilidad. No porque las mujeres no estén ahí, sino porque no siempre encuentran un espacio que les hable directamente. De ahí nace una de las partes que más ilusión les hace de Bheramond: conseguir que una mujer que esquía, ya sea habitualmente o unas pocas veces al año, pueda reconocerse en lo que hay detrás de la marca.

En los últimos meses han empezado a comprobar que esa idea tiene respuesta. Sus redes han crecido y, entre los mensajes que reciben, aparecen mujeres animándolas, haciéndolas sugerencias o simplemente para celebrar que dos mujeres jóvenes hayan decidido apostar por este mundo. Irene se fija incluso en algo tan sencillo como las fotografías de perfil de quienes las siguen: muchas aparecen con los esquís, en la nieve o en una estación. “Eso nos demuestra que estamos llegando al tipo de gente que queríamos”, explica.

Ahora quieren que esa relación vaya un poco más lejos. Hablan con mujeres vinculadas al sector, buscan posibles colaboraciones y piensan en cómo generar encuentros y activaciones que hagan que la comunidad exista también fuera de una pantalla. Porque Bheramond no quiere reunir seguidores por reunirlos. Quiere que haya conversación, que las mujeres puedan opinar sobre sus productos y que sus propias experiencias ayuden a dar forma a la marca. 

Un futuro con ilusión

Cuando se les pregunta dónde imaginan Bheramond dentro de cinco años, Irene y Sofía se permiten mirar bastante más allá de lo que tienen hoy entre manos. Quieren verse con una marca asentada en España, creciendo en Europa y con una comunidad de mujeres alrededor del esquí que haya adquirido una dimensión propia. Estados Unidos y Australia aparecen también en el horizonte como lugares desde los que ya reciben interés, aunque el sueño, de momento, tiene mucho más que ver con hasta dónde puede llegar aquello que han empezado a construir que con ponerle una cifra.

Irene, sin embargo, termina llevando ese futuro a una escena mucho más concreta. “Me imagino un fin de semana en Suiza, en un telesilla, y que haya una chica delante de nosotras con algo de Bheramond. Que no sea amiga nuestra, ni conocida, ni nada. Y mirarnos Sofía y yo y decir: Ya está, ya hemos ganado”. No habla de una gran campaña ni de una tienda llena de prendas. Habla de una desconocida llevando su ropa en una estación de esquí

Quizá por eso esa imagen sea la mejor forma de cerrar el futuro que imaginan para su marca. Hoy es todavía un sueño contado en una conversación; dentro de unos años, quién sabe. Por delante quedan estaciones, kilómetros y muchas mujeres por conocer. Y quizá, en algún momento, en algún telesilla y lejos de casa, Irene y Sofía encuentren a esa desconocida que convierta aquella escena imaginada en una realidad.

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