La aventura de ser madre de dos niños sin miedo: Marc y Álex Márquez

Roser Alentá nos cuenta cómo vive siendo la madre de dos campeones del mundo de motociclismo, Marc y Álex Márquez

Roser Alentá y su hijo, Marc Márquez en 1997 @allofyou793

Puede que por su nombre, Roser Alentá, no la conozcan. Pero si les decimos quien es su hijo mayor, entonces no hay duda. La madre de Marc Márquez tiene mucho, o todo, que ver con ese carácter alegre y positivo del piloto de MotoGP y con esa sonrisa a la que ya nos ha acostumbrado. A falta de un campeón del mundo en casa, ella tiene dos.

Quienes conocen a Roser Alentá podrían describirla fácilmente con una palabra: autenticidad. Roser es de esas personas carismáticas que llena el espacio al que llega. Y eso que la fama de sus hijos, ambos pilotos de éxito, amenazaba con colgarle el San Benito de la “madre de”. Pero su personalidad hace que eso dure más bien poco.

Alentá dice que no sabe cuánto tiene Marc Márquez de ella, pero cuando las victorias se traducen en imágenes como las que el ocho veces campeón del mundo nos han brindado en Jerez, no hay duda de que lleva mucho de su madre en ellas, “es que yo soy muy de celebrar, incluso ha habido veces que me he ido de fiesta con ellos, aquí en Cervera, les he pedido alguna vez que me invitasen a una copita”, dice entre risas. “El otro día, por ejemplo, colgaron un TikTok que me dijeron que seguro que me había hecho mucha gracia. No podía parar de reír al verlo”

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Y es que casi todos los recuerdos de Roser le llevan a momentos que le dibujan una sonrisa. Como el de la propia concepción del piloto. “Pues mira, esto casi nadie lo sabe, pero Marc fue concebido la noche que el Barça ganó la primera Champions, en el 92. Ese día con la euforia, Juliá (su padre) y yo no pusimos medios y mira, ahí llegó Marc nueve meses después”.

Sin duda era un niño especial. Desde muy pequeño ya avisaba que el miedo no iba con él. “Con dos años ya montaba en bici sin ruedines, y se tiraba por las cuestas, nunca se asustaba” recuerda Roser. “Fuimos a esquiar cuando él tenía cuatro años. Fue ponerle los esquís y bajar como una bala, ni cuña ni nada. Yo sólo le pedía a su padre que lo parara, no quería ni mirar pero cuando llegó abajo se dio la vuelta para decirme, ¡mamá que no pasa nada!. Ahí me di cuenta de que no se asustaba con nada, no quise volver a esquiar”.

La madre de Álex y Marc Márquez en una foto del álbum familiar

Los genes del mayor de los Márquez junto a la pasión de sus padres por el mundo del motor, fabricaron un campeón. “Siempre estábamos en el Motoclub Segre. Ayudando en la taquilla, o vendiendo bocadillos. Hacíamos mucha vida allí”. Y allí es donde sin botas de su número ni casco de su talla Marc Márquez empezó a llevar una moto y a enamorarse de la velocidad. El resto de la historia ya la conocen. “Pero algún azote me tocó darle, para que no corriese tanto. Y algún punto de sutura de más de una caída también recibió”.

Esa tónica se ha mantenido hasta hoy. Ella sufre, por Marc, por Alex y por las veces que no tienen un buen día. Como el pasado Gran Premio de Austin. Los dos se fueron al suelo en carrera y Roser no pudo pegar ojo en toda la noche. “Yo me pasé la noche sin dormir después de un hartón de llorar. A la mañana  siguiente cuando Marc me llamó, me pedía que no lo pasase mal por eso, que no había razón, que no se habían hecho daño. Ellos me animan a mí”.  Otras veces no han corrido tanta suerte.

“Lo más duro que he vivido como madre ha sido la lesión de años de Marc, no sabía como ayudarle”

En el año 2020 el circuito de Jerez asistió a una de las caídas más espeluznantes de los últimos años. El accidente que Marquez sufrió, le mantuvo dos años de quirófano en quirófano, tratando de recomponer su brazo derecho. “Eso ha sido lo más duro que he vivido como madre, es que no fue que se rompiese el húmero y ya está… fue mucho tiempo, y yo sentía que no podía hacer nada por él, que no podía ayudarle, y tampoco sabíamos si tenía solución”. Afortunadamente y tal y como se descubre en su propio documental, esa historia tiene final feliz.

Despedidas desde los ojos de una madre

Tampoco es amiga Roser de los cambios, y cuando tus hijos se ganan la vida de la forma que lo hacen, los vaivenes llegan solos. Como el día que decidieron cambiar de mánager tras 18 años. “El día que me sentaron a decirme que tenían que contarme una cosa pensé que había pasado algo grave, hasta se me pasó por la cabeza que alguno me iba a hacer abuela” dice entre bromas. “Pero cuando me contaron lo de Emilio (Alzamora) me dio mucha pena, como cuando Marc dejó Honda, también me hinché a llorar, es que soy de lágrima fácil”, reconoce.

Roser Alentá celebra su cumpleaños junto a sus hijos

Alguna se escapó también cuando hace dos años Alex y Marc se mudaron a vivir a Madrid. “Pero el hecho de saber que están juntos a mí me da mucha tranquilidad. No pueden estar el uno sin el otro. Están unidos como por un cordón umbilical. Tienen uno 31 años y otro 28 y no los he visto pelearse jamás” Por ello, para Roser fue una gran noticia que este año fuesen compañeros de equipo. “¡Y eso que me enteré por Twitter! Tenían bien guardado el secreto. Pero para mí fue una alegría enorme. Son competencia, pero de forma muy sana”. “Álex a veces me dice: ¡Mamá hoy he quedado por delante del enano!, refiriéndose a Marc, pero son todo bromas”.

10 mundiales en la misma familia

Las muchas alegrías que ambos han vivido en forma de mundiales también han podido compartirlas. Como en 2014 y en 2019 cuando los dos hermanos Márquez se coronaron en su categoría como los primeros. “Esos han sido los mejores recuerdos, los de celebración”, y alguno muy reciente. Porque el pasado domingo en Jerez, Marc volvió a subir al podio 558 días después. No verían a su madre en ningún plano de televisión, pero estaba allí. Se había cruzado España sabiendo que no iba a ser capaz de ver la carrera en directo de sus hijos. “Pero ni en el circuito ni en casa. Es que no puedo. Me pongo muy tensa, de hecho, cuando hay carrera y ellos están en otro país, yo no dejo que nadie venga a verlo conmigo a casa. Cuando ya acaba todo, si ha ido bien, entonces ya hago planes”.

Y es que Roser Alentá vive bajo dos premisas. La primera consigo misma, no interferir o distraer cuando está en circuito, “ellos están en su trabajo, yo no quiero estar por allí en medio”. La segunda, que la felicidad de ellos está por encima de todo. “Nunca les doy consejos, solo que disfruten, que se lo pasen bien, y que, si no están bien, que cambien”. “He visto ejemplos de muchos padres de pilotos que les metían mucha presión cuando perdían, les gritaban y a mí eso no me gustaba. Nunca lo he compartido”.

Cuando le preguntamos si espera algún regalito este domingo para celebrar su día nos comenta que para ella el mejor de todos sería tenerles en su casa a comer. Dicho y hecho. Felicidades Roser.

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