Las criptomonedas se han convertido en una de las puertas de entrada a la inversión para una parte de los jóvenes españoles, pero el fenómeno empieza a preocupar a los supervisores financieros por la facilidad con la que puede confundirse inversión, entretenimiento y especulación. El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Carlos San Basilio, ha llegado a comparar su atractivo entre las nuevas generaciones con el «gaming» y las apuestas deportivas.
En una entrevista concedida a El País, San Basilio definió el éxito de las criptomonedas como un fenómeno «casi más sociológico que financiero». A su juicio, «el público más joven ha encontrado un instrumento que se acerca al gaming, a las apuestas deportivas». La preocupación aumenta cuando lo que comienza como una pequeña cantidad termina comprometiendo una parte significativa del ahorro familiar.
El 23% de los hombres jóvenes ha tenido criptomonedas
Los últimos datos publicados por Funcas ayudan a comprender la dimensión del fenómeno. Su Encuesta 2026 sobre la cultura y las conductas financieras de los jóvenes españoles revela que el 23% de los hombres de entre 16 y 35 años tiene o ha tenido criptomonedas. Entre las mujeres de la misma edad, el porcentaje desciende al 8%.
La encuesta fue realizada en septiembre entre 700 internautas españoles de 16 a 35 años y muestra una importante brecha entre el creciente interés por la inversión y los conocimientos que los propios jóvenes reconocen tener. Solo el 13% de los hombres considera altos o muy altos sus conocimientos financieros. Entre las mujeres, apenas el 6% realiza esa valoración.
En el extremo contrario, el 46% de los hombres y el 56% de las mujeres reconocen tener conocimientos bajos o muy bajos. Elisa Chuliá, investigadora de Funcas, advierte de que este mayor «ánimo inversor» puede incrementar el riesgo de apostar por productos con rentabilidades potencialmente elevadas, pero también con una gran volatilidad.
Las cantidades invertidas en criptomonedas tampoco suelen ser enormes entre los más jóvenes. Siete de cada diez hombres de 16 a 25 años que han comprado estos activos han destinado como máximo 1.000 euros. Esa inversión limitada ayuda a entender la reflexión de San Basilio: cuando la cantidad parece asumible, el riesgo puede percibirse más como una experiencia o una apuesta que como una decisión patrimonial a largo plazo.
Cuando invertir empieza a parecerse a jugar

La propia CNMV lleva meses estudiando cómo las plataformas digitales pueden modificar la manera de invertir. En su guía «Persuasión digital para inversores», el supervisor analiza las denominadas técnicas de captación digital: herramientas procedentes de las ciencias del comportamiento que buscan llamar la atención del usuario e influir en sus decisiones.
Entre ellas aparecen la gamificación, las notificaciones constantes, determinados diseños de interfaz y las herramientas sociales. La CNMV advierte de que estas técnicas pueden utilizarse para retener al inversor, empujarle hacia determinadas decisiones o fomentar que realice un mayor número de operaciones.
La frontera resulta especialmente interesante en las criptomonedas. Frente al proceso tradicional de contratar un producto financiero, muchas plataformas permiten registrarse, consultar cotizaciones permanentemente y comprar o vender desde un teléfono en cuestión de segundos. La experiencia puede parecerse cada vez menos a visitar una sucursal bancaria y cada vez más a otras aplicaciones diseñadas para generar interacción constante.
Eso no significa que invertir en criptomonedas sea equivalente a realizar una apuesta deportiva. Son actividades diferentes y están sometidas a marcos regulatorios distintos. La comparación de la CNMV se refiere fundamentalmente al componente sociológico, la accesibilidad y determinadas dinámicas de comportamiento que pueden aparecer alrededor de estos activos.
Finfluencers, redes sociales y apuestas conviven en el mismo entorno
Funcas detecta además que alrededor de una quinta parte de los jóvenes consulta frecuentemente contenidos financieros o sigue a los denominados finfluencers. Al mismo tiempo, entre quienes tienen entre 26 y 35 años, el 18% de los hombres y el 15% de las mujeres reconoce participar en apuestas online varias veces al mes.
Los datos no permiten concluir que quien compra criptomonedas también apueste, pero sí reflejan cómo inversión, entretenimiento digital y contenidos financieros compiten por la atención de una generación acostumbrada a gestionar buena parte de su vida desde el móvil.
La CNMV ha comenzado también a vigilar con mayor intensidad el papel de los finfluencers. En abril examinó la actividad de cerca de 100 perfiles y detectó que alrededor del 10% incumplía las normas sobre recomendaciones de inversión o podía estar ofreciendo asesoramiento personalizado sin la autorización necesaria.
Poco después, el supervisor publicó la guía «Del like a la inversión», en la que recuerda que el número de seguidores, estrellas o «me gusta» de un creador de contenido no constituye una garantía de que sus recomendaciones sean fiables.
Las criptomonedas están más reguladas, pero el riesgo permanece

El escenario regulatorio ha cambiado significativamente durante 2026. Desde el 1 de julio terminó en España el periodo transitorio del reglamento europeo MiCA. Desde entonces, los proveedores de servicios de criptomonedas deben contar con la correspondiente autorización de la CNMV o de otro supervisor competente de la Unión Europea para prestar legalmente estos servicios.
La regulación ofrece mayores garantías que hace unos años, pero no convierte las criptomonedas en productos sin riesgo. La CNMV continúa recordando su elevada volatilidad, la posibilidad de sufrir pérdidas importantes y la existencia de riesgos relacionados con fraudes, ciberataques o proveedores no autorizados.
San Basilio resume el reto en una cuestión de educación financiera. La tecnología ha conseguido que invertir sea más sencillo y accesible que nunca, pero facilidad de acceso no significa facilidad para comprender el riesgo. Con casi uno de cada cuatro hombres jóvenes habiendo pasado ya por las criptomonedas y unos niveles de conocimiento financiero que ellos mismos reconocen como limitados, la preocupación de la CNMV va mucho más allá del precio de Bitcoin: el verdadero desafío es conseguir que una inversión que cabe en la pantalla de un móvil no termine tratándose como si fuera simplemente otra partida.

