En los últimos años, el presidente del Gobierno ha presentado las cifras de la economía española con la analogía del cohete. Todo iba hacia arriba. Crecía el PIB, crecía el empleo y crecía el consumo.
Cualquiera que haya estudiado economía sabe que lo importante no son los datos, sino interpretarlos.
Sin duda, la economía española ha crecido en los últimos cinco años e incluso más que la media europea. Avanzó el 2,8% en 2025 y se prevé un 2,4% para 2026.
Los cuatro motivos
¿Cuál ha sido la razón? La principal ha sido la entrada neta de cuatro millones de migrantes en pocos años, sobre todo en los últimos tres años. Estos inmigrantes son trabajadores que producen y pagan impuestos, pero también consumidores de productos y servicios, lo cual ha sido el principal combustible de la economía.
La segunda razón que explica ese crecimiento es el aumento de turistas. España es uno de los países más turísticos del planeta. Este año se va a batir un récord histórico, pues entrarán más de cien millones de turistas. Eso moviliza puestos de trabajo en hoteles, restaurantes y servicios en general.

La tercera razón son los fondos europeos Next Generation, movilizados para mitigar los desastrosos efectos del COVID desde 2020. España ha recibido más de 77.000 millones de euros en mejores condiciones que en 2012, con el Gobierno de Mariano Rajoy.
La cuarta razón es la suma de la inversión extranjera más las exportaciones españolas a Europa y América Latina, sobre todo en servicios de alto valor como informática, ingeniería, consultoría legal, arquitectura y finanzas.
El resultado ha sido que el empleo ha crecido, las afiliaciones a la Seguridad Social también y, en apariencia, el país es más rico.
Las cifras que se ocultan
Pero mientras el presidente del Gobierno anunciaba sus cifras en público, ocultaba otras que iban hacia abajo.
Si se divide la renta nacional por número de habitantes, se tiene que a pesar de que ha crecido el empleo, la renta per cápita ha bajado. Dicho de forma muy simple: España ha hecho una tarta (PIB) más grande. El problema es que ha aumentado aún más deprisa el número de personas que se sientan a la mesa y hay que reducir las porciones. La entrada de inmigrantes ha reducido la renta per cápita del país.
La población extranjera ha sido el combustible de la economía, pero también ha modificado el precio de la vivienda. El ritmo de entrada de inmigrantes ha sido más rápido que la capacidad del país para construir viviendas. Solo en los últimos cinco años, de 2022 a 2026, según el INE, hay 3,1 millones de personas más nacidas en el extranjero.
En esas mismas fechas se ha ido cebando la bomba del precio de la vivienda: el precio medio ha subido un 30% a escala nacional, y más de un 50% en las grandes capitales. El hecho de que haya más personas pujando por alquilar o comprar viviendas, mientras estas no se han construido al mismo ritmo, ha disparado sus precios.
Los bajos salarios
Al mismo tiempo, muchos jóvenes españoles, al terminar sus estudios, no encuentran empleo a su altura porque la sociedad no necesita esa clase de conocimientos universitarios. De modo que intentan encontrar empleo en trabajos que están por debajo de su cualificación y peor pagados de lo que merecen.
Si se juntan los jóvenes españoles con bajos salarios y los extranjeros que ocupan empleos de baja cualificación, se tiene ya el detonante de la bomba: hay más personas pujando por la vivienda, pero con bajos salarios. Por decirlo de otra manera: el alquiler se va comiendo una parte cada vez mayor de sus salarios.
Puesto que durante el mandato de Pedro Sánchez no se han construido viviendas para todos al mismo ritmo que ha crecido la demanda, los precios se han disparado en los últimos años. El cohete en realidad era una bomba.
La inflación
Al mismo tiempo, uno de los peores indicadores que ha explotado en los últimos meses ha sido la inflación. En septiembre pasado fue el 4,9%, el más alto en tres años. Según el INE, las causas han sido los precios de los carburantes (conflicto del estrecho de Ormuz), el consumo de los turistas extranjeros en un año de récords de pernoctaciones y, por último, el alquiler de la vivienda y otros gastos corrientes.
Una inflación alta es un índice que actúa como un látigo sobre todos los demás índices: subida automática de hipotecas, de alquileres y de gasto en pensiones. Pero también sobre algo muy importante: la deuda. España necesita atraer inversiones para financiar el gasto público y pagar los intereses de la deuda pública. ¿Seguirá siendo un país seguro donde los inversores internacionales quieran comprar deuda pública?
El caso de Francia
Miremos lo que ha pasado en Francia. La inestabilidad económica, política y social (los incendios y manifestaciones callejeras) ha llevado a grandes inversores a retirar su confianza en ese país: hoy al Gobierno francés le resulta más caro colocar su deuda que al español porque algunos inversores están cambiando de país.
Estudiando todos esos indicadores, el servicio de estudios de La Moncloa funciona desde hace tiempo a toda máquina para pronosticar los escenarios y ayudar al presidente del Gobierno a tomar su decisión más importante: cuándo convocar elecciones.
No hace falta consultar la bola de cristal para saber cuál es el peor escenario económico: alta inflación, más problemas de vivienda, dudas de la inversión extranjera, altos precios del carburante y, en consecuencia, un malestar ciudadano que puede estallar de mil formas.
A eso se unen otros escenarios políticos que siguen deteriorando día a día la imagen del Gobierno en las encuestas, como no haber solucionado el problema de la invasión en Ceuta, el juicio a la mujer del presidente, el caso abierto al expresidente Rodríguez Zapatero y su patrimonio en joyas… En total, hay una decena de casos graves de corrupción pendientes en los tribunales.
La pregunta que se hacen en La Moncloa es: ¿todo eso irá a peor o a mejor en los próximos meses? El desahucio de Maricarmen ejecutado hace pocas semanas provocó unas protestas públicas que funcionaron como una ventana abierta en los planes del Gobierno.
Una oportunidad política
Pedro Sánchez improvisó en días dos reales decretos que, según él, protegían a los inquilinos como Maricarmen frente a los especuladores. El rechazo de los decretos ofreció a Sánchez una oportunidad política: presentar a la oposición como responsable de haber impedido una mayor protección de los inquilinos. Era una oportunidad abierta para movilizar a los votantes de izquierda, desanimados por los casos de corrupción, y convocar elecciones. Sus filas le gritan: “¡Ahora es el momento!”.
La verdad es que, para los que hayan conocido la movilización del 15M hace quince años, esta acampada en la Puerta del Sol de Madrid es más mediática que numerosa. Pero, poco a poco, ha ido contagiando a otras ciudades donde se han convocado manifestaciones y acampadas en las que se señalan como culpables a los especuladores.

Esas movilizaciones pueden contagiar al votante medio y lograr que Sánchez obtenga mejores resultados electorales si cala la idea de que el culpable no ha sido él, sino la derecha y los especuladores. Las encuestas flash que, en teoría, se han realizado en las últimas horas en La Moncloa con institutos de opinión a golpe de entrevistas telefónicas, podrían inclinar la decisión final.
Pero, alto, si las movilizaciones y la posible huelga general se convierten en una copia de la violencia que estos días ha sufrido Francia, los votos irán para la derecha y la extrema derecha. En Francia, la extrema izquierda ha apoyado la violencia contra los colegios e institutos, en especial, ha sido Jean-Luc Mélenchon, el líder de La France Insumise (el equivalente a Sumar e Izquierda Unida de Francia).
El PP se haya quedado cruzado de brazos ante la ocasión en España. En materia económica, el PP tiene una baza muy fuerte que no necesita muchas explicaciones: el problema de la vivienda es culpa de Sánchez, ya que no ha hecho nada relevante en sus ocho años de mandato. El PP solo tiene que convencer de esta idea a los electores. Ya ha empezado a presentar sus argumentos para solucionarlo: promover la construcción de un millón de viviendas en cuatro años y crear 600.000 puestos de trabajo.
PP y Vox van por delante en las encuestas. Pero es muy arriesgado basarse en las encuestas cuando los ánimos están tan exaltados. En momentos de alta tensión, los electores no se dejan llevar por la razón, sino por quién les cuenta mejor el relato entre el Bien y el Mal: si Sánchez o Feijóo.

