Las mujeres han avanzado de forma significativa en el mercado laboral y, más específicamente, en los órganos de administración de las empresas españolas durante las últimas décadas. Sin embargo, la igualdad sigue encontrando un techo cuando se analiza quién ejerce realmente el poder ejecutivo dentro de las organizaciones. Aunque la presencia femenina en los consejos de administración ha mejorado impulsada por las nuevas exigencias regulatorias y por la Ley de Paridad, el acceso a las vocalías ejecutivas en estos órganos y a la alta dirección continúa siendo la gran asignatura pendiente.
Esta fue una de las principales conclusiones de la Jornada sobre Gobernanza corporativa y equilibrio de género: desafíos regulatorios y nuevas perspectivas, organizada por la Cátedra de Derecho de los Mercados Financieros de la Facultad de Derecho de la Universidad CEU San Pablo, el Colegio de Registradores de España y la Asociación Multisectorial de Mujeres Directivas y Empresarias (AMMDE).
En la sesión se presentó la tercera edición del informe “El rol de la mujer en la empresa española”, a partir de los datos de la información registral, para posteriormente analizar la participación de la mujer en los órganos de administración de las sociedades desde la gran empresa cotizada, la empresa en general y la administración pública, en una mesa redonda moderada por Alfonso Martínez-Echevarría, decano de la Facultad de Derecho del CEU San Pablo y embajador de AMMDE.
¿Cómo está la mujer en la empresa española?
La directora de Responsabilidad Social Corporativa del Colegio de Registradores, Marta Gómez Llorens, explicó que el estudio permite analizar la evolución de la participación femenina a partir de los datos reales que aportan las cuentas anuales depositadas por las empresas. El trabajo examina 1,025 millones de cuentas anuales correspondientes al ejercicio 2024, lo que ofrece una radiografía muy amplia del tejido empresarial español.

La evolución histórica refleja un cambio profundo. En 1980, la participación de las mujeres en la empresa apenas alcanzaba el 27,8%. Veinte años después había aumentado hasta el 40,7%, impulsada por una mayor incorporación femenina al mercado laboral y por las políticas públicas de igualdad. En 2009 superó por primera vez el 50% y una década después alcanzó el 53,2%. No obstante, los avances en presencia laboral no se han trasladado con la misma intensidad a los puestos de dirección y gobierno corporativo. El informe identifica obstáculos que siguen presentes, como la brecha salarial, las dificultades de conciliación y las barreras de acceso a los niveles directivos.
Un 20% en los órganos de administración
El estudio constata la escasa representación femenina en los órganos de administración de las sociedades mercantiles. Esta alcanza el 26,8% en las microempresas, el 21,3% en las pequeñas empresas, el 20,1% en las medianas empresas y el 21,6% en las grandes empresas, lo que refleja una presencia aún limitada en los niveles de decisión empresarial y muy lejos todavía del objetivo del 40% establecido por la normativa europea y española.
La situación resulta especialmente llamativa en las sociedades anónimas. Aunque este tipo de empresas apenas representa el 4,5% del total, el 58% carece por completo de mujeres en sus órganos de administración. Para Gómez Llorens, estos datos evidencian que la representación femenina en los órganos de gobierno continúa siendo “muy lejana” respecto a los objetivos de equilibrio y que persiste un elevado número de empresas claramente masculinizadas en sus estructuras de decisión.
Las cotizadas cumplen, pero la influencia sigue siendo desigual
Si se observa exclusivamente el ámbito de las sociedades cotizadas, el panorama es distinto. La presión regulatoria y el seguimiento de los supervisores han acelerado el cumplimiento de los objetivos de diversidad. Durante la mesa redonda moderada, Almudena Delgado Sánchez, directora de la Oficina Técnica de Secretaría General de Banco Santander, recordó que las mujeres ya representan el 42,2% de los miembros de los consejos del Ibex 35 y el 37,5% del conjunto de las sociedades cotizadas.
Sin embargo, advirtió de que el verdadero debate ya no se encuentra en cuántas mujeres se sientan en los consejos, sino en qué posiciones ocupan y cuál es su capacidad efectiva de influencia. “La nueva frontera” está en los puestos ejecutivos y en los itinerarios de carrera que conducen a ellos. Mientras las mujeres han ganado participación entre los consejeros independientes -que representan más de la mitad de los miembros de los consejos-, su presencia en los cargos ejecutivos sigue siendo muy reducida. Apenas alcanzan el 9,87% de los consejeros ejecutivos en el conjunto de las cotizadas y el 7,6% en las compañías del Ibex 35.
La situación mejora ligeramente en la alta dirección, donde las mujeres representan el 25,18% en las cotizadas y el 27,71% en las empresas del Ibex, aunque siguen lejos de la paridad establecida por ley. Por ello, Delgado defendió que el reto consiste en garantizar que el talento femenino llegue a los espacios donde se configura “el poder real” de las compañías y donde se toman las decisiones estratégicas que afectan a la cuenta de resultados y al futuro del negocio.
El reto de los perfiles técnicos
La cuestión adquiere una dimensión especial en un país donde las pequeñas y medianas empresas constituyen la inmensa mayoría del tejido productivo. Almudena Semur Correa, economista, secretaria general y directora sectorial de Economía y Finanzas de AMMDE, recordó que las pymes representan el 99,6% de las empresas españolas y concentran dos tercios del empleo.
Según explicó, todavía persisten inercias culturales que dificultan el acceso de las mujeres a determinados ámbitos de decisión, especialmente en las empresas familiares y en sectores tradicionalmente masculinizados. “Las mujeres tienen que perder el miedo a las carreras técnicas para lograr el verdadero cambio en los estereotipos”, avisó.
Desde la perspectiva de la administración pública, la consejera presidenta de la Sección de Enjuiciamiento del Tribunal de Cuentas, Rebeca Laliga, recalcó la importancia de la fiscalización del principio de igualdad, pues la verificación de las obligaciones legales en materia de igualdad debe traducirse en resultados tangibles. Recordó que el organismo aprobó el 28 de abril de 2025 una guía específica para fiscalizar el cumplimiento del principio de igualdad y evaluar la presencia equilibrada de mujeres y hombres en las entidades públicas.
En paralelo se aprobó un programa de trabajo para verificar que se cumple la normativa y facilitar que el Tribunal de Cuentas pueda realizar una fiscalización efectiva. En 2025, se realizaron las primeras correspondientes a cinco empresas, como SEPES, Enusa o Puertos del Estado, y en todas menos en una se alcanzaron los criterios establecidos.
Pymes
Durante la clausura, la presidenta de Cepyme, Ángela de Miguel, subrayó que el debate ya no debe centrarse únicamente en la presencia femenina en los consejos de administración. A su juicio, los siguientes retos son consolidar el liderazgo ejecutivo, impulsar el relevo generacional en las empresas y garantizar que ninguna mujer tenga que demostrar dos veces su capacidad para acceder a posiciones de responsabilidad. De Miguel recordó que en las pymes el ascenso de las mujeres es más lento por la estabilidad de sus relaciones laborales, con una menor rotación.
Aunque aún quedan desafíos pendientes, la presidenta de las pymes aseguró que las empresas españolas tienen un importante compromiso con la igualdad como confirma su posición de liderazgo en los estudios europeos. Como ejemplo, señaló que en la patronal europea de las pymes, solo participan dos mujeres y ambas son españolas: ella misma y Celia Ferrero, vicepresidenta de la Federación Nacional de Organizaciones de Trabajadores Autónomos ATA.
Con esta realidad, la igualdad empresarial afronta una nueva fase: el desafío ya no es participar en los órganos de administración, sino ocupar los puestos desde los que realmente se dirige el poder ejecutivo de las organizaciones.

