Blanca será uno de los doce municipios que competirán este verano en Grand Prix 2026, pero su nombre ya encierra una historia suficientemente llamativa como para protagonizar un programa propio. Mucho antes de convertirse en representante de la Región de Murcia en el concurso de RTVE, esta localidad del Valle de Ricote era conocida como Negra, una denominación vinculada a la peña oscura sobre la que todavía se levantan los restos de su antiguo castillo.
El contraste parece concebido para despertar curiosidad: un pueblo llamado Blanca que durante la Edad Media se llamó Negra. Sin embargo, detrás de esa paradoja existe una historia marcada por la presencia musulmana, la conquista castellana, la Orden de Santiago y una población morisca que convirtió el Valle de Ricote en uno de los territorios culturalmente más singulares del sureste de España.
La participación en Grand Prix 2026 permitirá ahora que millones de espectadores descubran esta localidad murciana situada junto al río Segura, encajada entre montañas y rodeada por huertas. Blanca fue seleccionada después de un proceso en el que RTVE invitó a más de un millar de municipios y dejó únicamente 83 candidatos en la fase final. De todos ellos, solo doce consiguieron entrar en la nueva edición.
El pueblo que se llamó Negra antes de convertirse en Blanca
Los primeros documentos medievales se refieren a la localidad con el nombre de Negra. La explicación tradicional se encuentra en la Peña Negra, la elevación rocosa que domina el municipio y sobre la que se construyó una fortaleza destinada a controlar la zona norte del Valle de Ricote.
Durante la etapa andalusí, el castillo ocupó una posición estratégica. Desde aquella altura podía vigilarse el curso del río, las tierras de cultivo y las comunicaciones que atravesaban el valle. A sus pies fue creciendo un entramado de calles estrechas y sinuosas que todavía permite reconocer la estructura del antiguo barrio musulmán.
En el siglo XIII, el territorio pasó a manos castellanas después de las sucesivas disputas por el control del Reino de Murcia. En 1285, Sancho IV entregó el Valle de Ricote a la Orden de Santiago. Fue durante las décadas posteriores cuando la antigua denominación de Negra comenzó a ser sustituida por la de Blanca.
No existe una única explicación completamente cerrada sobre el cambio. Algunas interpretaciones lo relacionan con una transformación política o simbólica después de la conquista cristiana. Otras apuntan a la influencia de una noble vinculada al territorio. Lo que sí está documentado es que, con el paso del tiempo, Blanca acabó imponiéndose como el nombre definitivo del municipio.
El Ayuntamiento ha recuperado esta historia mediante la ruta patrimonial “De Blanca a Negra”, un recorrido por el barrio morisco, la Peña Negra, el castillo y algunas de las calles que conservan el trazado heredado de la Edad Media.
Un castillo sobre el río Segura y el corazón del Valle de Ricote

La imagen de Blanca está estrechamente ligada a su fortaleza. Aunque actualmente solo se conservan parte de las estructuras, el castillo continúa dominando el casco urbano desde lo alto de la montaña. Su origen se sitúa en época islámica y su función principal fue la vigilancia de un territorio fértil y estratégico.
Desde sus inmediaciones puede contemplarse la relación que ha definido históricamente al pueblo: la convivencia entre la roca, el agua y la huerta. El río Segura atraviesa el término municipal y dibuja uno de los paisajes más reconocibles del Valle de Ricote, un espacio donde las montañas áridas contrastan con las zonas verdes cultivadas durante siglos.
La agricultura fue durante generaciones la principal actividad económica de sus habitantes. El aprovechamiento del agua mediante acequias, norias y sistemas de riego permitió desarrollar huertos y frutales en un entorno que, visto desde la distancia, podría parecer poco favorable para el cultivo.
Ese conocimiento hidráulico procede en buena medida de la etapa andalusí y sobrevivió durante el periodo morisco. El Valle de Ricote mantuvo una numerosa población de origen musulmán incluso después de la conquista cristiana y se convirtió en uno de los últimos grandes territorios moriscos de la península.
El legado morisco que sobrevivió al cambio de nombre
La historia de Blanca no terminó cuando Negra cambió de nombre. Durante los siglos siguientes, la población musulmana permaneció en el valle bajo distintas condiciones políticas y religiosas. Tras las conversiones forzosas, aquellos habitantes pasaron a ser considerados moriscos, aunque conservaron durante mucho tiempo parte de sus costumbres, su organización comunitaria y sus conocimientos agrícolas.
La expulsión decretada a comienzos del siglo XVII afectó profundamente al Valle de Ricote. Los moriscos murcianos estuvieron entre los últimos obligados a abandonar sus hogares, después de años de resistencia política, peticiones y excepciones. Su marcha provocó una ruptura demográfica y económica cuyas consecuencias se dejaron sentir durante décadas.
Ese pasado sigue presente en el urbanismo, en los sistemas de riego y en la propia identidad cultural de Blanca. El municipio no se limita a conservar monumentos aislados: mantiene un paisaje construido mediante siglos de convivencia, conflictos y transformaciones.
Blanca también mira al arte contemporáneo

Frente al peso de la Edad Media, Blanca ha construido también una identidad cultural contemporánea alrededor de la figura de Pedro Cano. El pintor nació en el municipio en 1944 y ha desarrollado una extensa trayectoria artística vinculada a los viajes, los paisajes y la memoria.
La Fundación Pedro Cano, situada junto al río Segura, reúne una selección de sus obras y una colección formada por miles de dibujos, acuarelas y materiales relacionados con su proceso creativo. El espacio cuenta además con salas para exposiciones temporales, talleres, biblioteca y auditorio.
Esta combinación entre patrimonio medieval, paisaje natural y arte contemporáneo ofrece a Blanca una carta de presentación muy diferente a la de otros participantes de Grand Prix 2026. El concurso mostrará su capacidad para superar pruebas y competir contra otro municipio, pero detrás del equipo habrá una localidad con muchos siglos de historia.
Grand Prix 2026 convierte a Blanca en representante de toda Murcia
La presencia de Blanca en Grand Prix 2026 tendrá un fuerte componente colectivo. Como ocurre cada verano, vecinos, asociaciones, familiares y seguidores acompañarán a los concursantes y convertirán la participación en una celebración municipal.
Para la Región de Murcia, Blanca será además el único representante en esta edición. Su aparición permitirá proyectar una imagen alejada de los grandes destinos costeros: la de un pueblo del interior rodeado de montañas, atravesado por el Segura y marcado por uno de los legados moriscos más importantes de su territorio.
Blanca llegará a Grand Prix 2026 con un nombre que resume su propia transformación histórica. Antes fue Negra, después cambió bajo el dominio cristiano y ahora se prepara para que toda España vuelva a pronunciar su nombre. El programa decidirá si consigue avanzar en la competición. Su pasado ya le garantiza, al menos, una de las historias más singulares de esta edición.

