Hay pueblos cuyo tamaño actual parece incompatible con su pasado. Roda de Isábena apenas reúne hoy a 46 vecinos, pero durante la Edad Media fue uno de los grandes centros políticos y religiosos del Pirineo. En lo alto de esta pequeña localidad de Huesca se levanta una catedral románica, descansan los restos de un obispo convertido en santo y se conserva parcialmente una pieza de madera que durante siglos fue considerada única.
La historia de Roda de Isábena, sin embargo, también tiene una herida que nunca terminó de cerrarse. En 1979, uno de los ladrones de arte más conocidos de Europa entró en su catedral, se llevó decenas de obras religiosas y destrozó la célebre silla de San Ramón para vender sus fragmentos por separado. Algunas partes regresaron. Otras continúan desaparecidas.
El pueblo diminuto que llegó a ser una sede episcopal
Situada en la comarca oscense de La Ribagorza, Roda de Isábena conserva calles estrechas, casas de piedra, pasadizos y rincones que recuerdan la importancia alcanzada hace más de mil años. El núcleo fue uno de los centros del antiguo condado de Ribagorza y se convirtió en sede episcopal durante el siglo X, cuando buena parte de la zona pirenaica era todavía un territorio fronterizo sometido a continuos cambios políticos y militares.
El obispado de Roda quedó establecido en el año 956, después de que el conde Ramón II impulsara la creación de una sede religiosa independiente. Aquella decisión convirtió a un pequeño asentamiento de montaña en un foco de poder desde el que se administraban territorios, monasterios y comunidades cristianas.
La primera catedral sufrió la violencia de aquella época. En el año 1006 fue destruida durante una incursión dirigida por Abd al-Málik, hijo de Almanzor. El templo tuvo que ser reconstruido y la nueva iglesia fue consagrada en 1030. Décadas después se levantaron y ampliaron buena parte de los elementos románicos que todavía pueden contemplarse.
La sede episcopal permaneció en Roda de Isábena hasta el siglo XII. Tras la conquista de Lérida en 1149, el obispado se trasladó progresivamente a la ciudad catalana. El pueblo perdió así su función institucional, aunque conservó el edificio que mejor recuerda aquel periodo de esplendor.
La catedral más antigua de Aragón y la más pequeña de España
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La antigua catedral de San Vicente y San Valero está considerada por Turismo de Aragón como la catedral más antigua de la comunidad y la más pequeña de España. Aunque actualmente ya no alberga una sede episcopal y funciona como iglesia parroquial, conserva el título histórico con el que ha sido conocida durante siglos.
El edificio comenzó a tomar su forma actual en el siglo XI y constituye uno de los conjuntos románicos más importantes de Aragón. El templo presenta tres naves, tres ábsides y varias criptas. También conserva un pequeño claustro románico de planta irregular, rodeado por galerías en las que aparecen numerosas inscripciones funerarias medievales.
El contraste es difícil de encontrar en otro lugar. Roda de Isábena tiene menos habitantes que muchos edificios de viviendas, pero conserva una catedral que durante siglos estuvo en el centro de la organización religiosa del Pirineo. Alrededor del templo se desarrolló una localidad que aún mantiene parte de su trazado medieval y algunos restos de sus antiguas defensas.
Uno de los espacios más destacados se encuentra bajo el altar mayor. En la cripta central descansa el sarcófago de San Ramón, obispo de Roda entre 1104 y 1126. Su sepulcro, decorado con relieves románicos, es una de las principales obras escultóricas conservadas en el conjunto.
La silla de San Ramón, una pieza única hecha pedazos
La gran joya del patrimonio mueble de Roda de Isábena era la silla de San Ramón. Se trataba de un asiento plegable o de tijera, tallado en madera y tradicionalmente relacionado con el antiguo obispo. La pieza ha sido descrita en numerosas ocasiones como el mueble de madera más antiguo conservado en la península ibérica.
Su datación no está completamente cerrada. Algunas fuentes sitúan su origen en el siglo IX, mientras que otras catalogaciones la vinculan al siglo XII y al periodo de San Ramón. En cualquier caso, su antigüedad, su valor artístico y su relación con la historia de la catedral la convirtieron durante siglos en uno de los mayores tesoros del templo.
Todo cambió en la madrugada del 7 de diciembre de 1979. René Alphonse van den Berghe, conocido como Erik el Belga, dirigió un asalto contra el museo de la catedral. El ladrón y su banda se llevaron numerosas piezas de arte sacro, entre ellas la silla de San Ramón.
Erik el Belga fue uno de los delincuentes especializados en patrimonio religioso más famosos de Europa. Durante años recorrió iglesias, monasterios y pequeñas parroquias en busca de obras poco protegidas que después introducía en el mercado internacional de antigüedades.
La silla fue desmontada y cortada en varios fragmentos para facilitar su venta y evitar que pudiera ser reconocida como una única obra. Algunas piezas fueron recuperadas posteriormente y permitieron reconstruir parte del asiento, que volvió a exponerse en la catedral. Sin embargo, otros fragmentos nunca aparecieron y su paradero sigue siendo desconocido.
Erik el Belga murió en 2020 sin aclarar dónde habían terminado todas las partes desaparecidas. El robo, por tanto, no permanece completamente sin resolver: se conoce al responsable y una parte del patrimonio pudo regresar. Pero el destino final de varias piezas continúa siendo uno de los grandes misterios de Roda de Isábena.
Un pasado demasiado grande para un pueblo tan pequeño

La localidad forma hoy parte de la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España y conserva, además de la catedral, antiguas casas de piedra, restos de muralla, el Palacio del Prior y un puente medieval sobre el río Isábena. Su patrimonio permite recorrer en pocos metros casi mil años de historia.
Pero su mayor atractivo sigue siendo la desproporción. En un pueblo habitado por apenas 46 personas se conserva una de las catedrales románicas más singulares de España, el sepulcro de un santo y los restos de un mueble medieval que un ladrón internacional trató de borrar de la historia.
Roda de Isábena dejó de ser sede de obispos hace siglos y perdió buena parte del poder que tuvo en la Edad Media. Lo que no perdió fue la memoria. Cada piedra de su catedral recuerda que, durante un tiempo, aquel rincón de la Ribagorza fue mucho más importante de lo que su tamaño actual permite imaginar.

