Zumarraga será uno de los doce municipios que competirán este verano en Grand Prix 2026, pero su gran carta de presentación se encuentra lejos del ruido del plató. En lo alto del municipio guipuzcoano se levanta Santa María de Zumarraga, más conocida como La Antigua, una ermita medieval que Turismo de Euskadi define como la “catedral de las ermitas vascas” y que sorprende por un interior de madera capaz de convertir un edificio aparentemente sobrio en una de las joyas patrimoniales del País Vasco.
Su presencia en el concurso de RTVE permitirá que muchos espectadores descubran una localidad marcada por la industria, el paisaje del Alto Urola, la memoria religiosa y una pieza arquitectónica que no necesita grandes dimensiones para imponerse. La Antigua resume como pocos lugares la fuerza discreta del patrimonio vasco: piedra por fuera, madera por dentro y una historia que mezcla documentos medievales, tradición popular y leyendas nacidas al abrigo de las montañas.
RTVE incluyó a Zumarraga en la lista de municipios seleccionados para Grand Prix 2026, junto a Altura, Balanegra, Blanca, Cantalejo, Muros, Polinyà, Pradejón, Pravia, Quintanar del Rey, San Juan de la Rambla y Serranillos del Valle. La edición cuenta con doce pueblos de distintas comunidades autónomas y mantiene el espíritu competitivo, familiar y festivo que ha convertido al programa en una cita reconocible del verano.
La Antigua, una ermita que parece pequeña hasta que se mira por dentro
La ermita de La Antigua se alza en un enclave elevado, con vistas sobre Zumarraga y el entorno del valle. Desde fuera, su imagen responde a una arquitectura sobria, muy ligada al paisaje. No busca deslumbrar con grandes torres ni con una ornamentación excesiva. Su verdadero impacto aparece al cruzar la puerta.
El interior del templo está dominado por una estructura de madera que envuelve el espacio con una calidez difícil de olvidar. Vigas, entramados, cubierta y elementos constructivos forman un conjunto de enorme personalidad. El techo de madera de La Antigua es el gran golpe visual del edificio, el elemento que explica por qué esta ermita ha alcanzado una fama muy superior a la que podría sugerir su tamaño.
La Antigua no es una catedral en sentido estricto, pero sí posee una dignidad arquitectónica y simbólica que la distingue dentro del patrimonio religioso vasco. Su interior transmite una sensación de recogimiento, antigüedad y oficio, como si la madera conservara todavía la memoria de quienes levantaron y mantuvieron el templo durante siglos.
Ese valor convierte a Zumarraga en uno de los participantes de Grand Prix 2026 con un reclamo patrimonial más reconocible. Otros pueblos llegan al concurso con playas, viñedos, cascos históricos o castillos. Zumarraga lo hace con una ermita que parece humilde desde fuera y se transforma por completo bajo su cubierta de madera.
La primera parroquia de Zumarraga y una historia documentada desde 1366

La Antigua fue la primera iglesia parroquial de Zumarraga. Los primeros documentos conservados sobre el templo se remontan a 1366, aunque la tradición local plantea la posibilidad de un origen anterior. Esa antigüedad ayuda a entender su importancia dentro del municipio: antes de convertirse en un símbolo turístico y cultural, fue un centro religioso esencial para la comunidad.
Durante siglos, la ermita actuó como referencia espiritual y territorial. Su posición elevada reforzaba esa función. Desde allí, el edificio no solo servía a los vecinos como lugar de culto, sino que también organizaba visualmente el paisaje. La Antigua no se entiende como una pieza aislada, sino como parte de la memoria profunda de Zumarraga.
El templo está ligado además a relatos populares que han pasado de generación en generación. Una de las leyendas más conocidas habla de los gentiles, figuras míticas de la tradición vasca, que habrían intentado impedir la construcción de la iglesia lanzando rocas desde el monte Aizkorri. Según esa narración, los cristianos terminaron aprovechando aquellas piedras para levantar el templo.
La historia pertenece al terreno de la leyenda, pero cumple una función importante: muestra cómo La Antigua ha sido incorporada al imaginario colectivo del territorio. No es solo una ermita antigua; es un lugar alrededor del cual se han construido relatos, explicaciones simbólicas y vínculos emocionales con el paisaje.
Un municipio del Alto Urola entre industria, monte y memoria vasca
Zumarraga se sitúa en Gipuzkoa, dentro del entorno del Alto Urola, un territorio donde la historia industrial y la geografía montañosa conviven de manera muy estrecha. La localidad ha crecido vinculada a las comunicaciones, al trabajo, a la actividad económica y a una identidad vasca marcada por la relación entre el valle y las alturas que lo rodean.
Esa mezcla resulta especialmente interesante dentro de Grand Prix 2026. Zumarraga no llega al concurso como una postal detenida en el tiempo, sino como un municipio vivo, con una trayectoria industrial y urbana, pero capaz de conservar un símbolo medieval de enorme potencia cultural.
El atractivo de Zumarraga está en esa convivencia entre modernidad y raíz. La Antigua recuerda el pasado religioso y legendario del municipio, mientras la vida cotidiana actual habla de otra realidad: la de una localidad guipuzcoana conectada, trabajadora y plenamente integrada en el presente.
Ese contraste puede funcionar muy bien en televisión. El concurso mostrará a los vecinos compitiendo en pruebas físicas, animando desde las gradas y defendiendo el nombre del pueblo. Detrás de esa imagen festiva aparecerá también una historia más profunda: la de un municipio que guarda en lo alto una de las ermitas más queridas y singulares del País Vasco.
Grand Prix 2026 coloca a Zumarraga ante toda España

La participación de Zumarraga en Grand Prix 2026 tendrá el componente habitual de orgullo local. Como ocurre con cada pueblo seleccionado, el programa no solo moviliza a quienes compiten, sino también a quienes sienten que su municipio aparece por fin en un escaparate nacional. En ese tipo de formatos, cada prueba tiene algo de juego, pero también algo de representación colectiva.
Para Zumarraga, esa representación llega con un símbolo muy claro. La Antigua puede convertirse en la imagen que muchos espectadores asocien al pueblo: una ermita medieval, un techo de madera único, una leyenda de piedras lanzadas desde el Aizkorri y una denominación poderosa que la sitúa entre los grandes enclaves patrimoniales vascos.
Cuando termine su paso por Grand Prix 2026, La Antigua seguirá dominando el paisaje desde las alturas. Seguirá allí su madera, su piedra, su silencio y esa mezcla de arquitectura y leyenda que explica por qué Zumarraga no llega al programa como un nombre más de la lista, sino como uno de los pueblos con una carta de presentación más poderosa de esta edición.

