El violento temporal que ha golpeado Cataluña durante los últimos días puede ser una señal de los fenómenos meteorológicos a los que el Mediterráneo tendrá que enfrentarse en las próximas décadas. Juan Jesús González Alemán, investigador de la Aemet especializado en ciclones, advierte de que algunas de las condiciones propias de las regiones tropicales están comenzando a aparecer también en esta parte del planeta y que el calentamiento del mar puede proporcionar cada vez más energía a las tormentas.
«Todavía nos quedan unos 20 o 30 años en los que esto seguirá yendo a más», ha explicado González Alemán en una entrevista en El Meollo, de la Cadena SER. El investigador de la Aemet vincula esa evolución con la propia inercia del sistema climático y sostiene que el principal reto pasa ya por adaptar infraestructuras, protocolos y modelos de predicción a fenómenos para los que España no estaba acostumbrada a prepararse.
La advertencia llega después de un episodio excepcional en Cataluña que ha dejado tres fallecidos, personas desaparecidas y graves daños materiales. Las lluvias superaron los 200 litros por metro cuadrado en algunos puntos y llegaron acompañadas de una estructura atmosférica que despertó especialmente el interés de los meteorólogos por sus similitudes con los sistemas tropicales.
La Aemet observa condiciones propias de regiones tropicales
González Alemán explica que lo ocurrido no puede entenderse únicamente como una tormenta tropical desplazada desde otras latitudes. El cambio está en que las propias condiciones del Mediterráneo comienzan a favorecer procesos que hasta ahora resultaban extraordinarios. «Las condiciones favorables que se dan en las regiones tropicales están cada vez más presentes en el Mediterráneo», señala el investigador de la Aemet.
El episodio registrado en Cataluña llegó a mostrar indicios compatibles con un intento de ciclogénesis tropical, un comportamiento extraordinariamente poco habitual en esta zona. El experto pide cautela antes de extraer conclusiones definitivas sobre un acontecimiento concreto, pero considera que hay un elemento que merece especial atención: la enorme cantidad de energía disponible en un Mediterráneo excepcionalmente cálido.
«Si tenemos en cuenta que el mar Mediterráneo ha estado en niveles extremos de calentamiento este verano, las tormentas, siempre que tenemos un mar tan cálido, se alimentan de esta energía», explica González Alemán. El investigador de la Aemet insiste, no obstante, en que sería necesario realizar estudios específicos para determinar exactamente qué papel desempeñó el cambio climático en este episodio.
Un Mediterráneo más cálido alimenta tormentas más violentas
El mecanismo que describe la Aemet parte de una relación relativamente sencilla: cuanto más caliente está el agua, mayor evaporación se produce y mayor cantidad de energía y humedad puede recibir la atmósfera. En determinadas circunstancias, esa combinación favorece precipitaciones mucho más intensas y estructuras tormentosas especialmente organizadas.
«Cuanto mayor es el calentamiento, mayor es la evaporación, el calor y la energía, lo que potencia que se den tormentas más virulentas», explica González Alemán. Esa energía adicional puede favorecer incluso la aparición de rotación y circulación dentro del sistema, dos elementos fundamentales para que una tormenta llegue a adquirir características tropicales.
El investigador de la Aemet sitúa esta evolución dentro de un fenómeno más amplio de «tropicalización» del Mediterráneo. No significa que Cataluña vaya a convertirse climáticamente en una región tropical, sino que determinadas condiciones atmosféricas y marítimas que tradicionalmente eran más propias de otras latitudes pueden aparecer aquí con mayor facilidad a medida que aumenta la temperatura.
La dificultad añadida es la predicción. Los modelos meteorológicos se construyen y perfeccionan a partir del conocimiento acumulado sobre el comportamiento de la atmósfera. Cuando aparecen situaciones excepcionales o configuraciones muy poco habituales, el margen de incertidumbre puede aumentar. «Si empezamos a sufrir fenómenos a los que no estamos acostumbrados, los modelos van a tener más dificultades para predecirlos», advierte el especialista de la Aemet.
La adaptación será tan importante como la predicción
Para González Alemán, la respuesta no consiste en intentar impedir estos episodios, porque «no se pueden parar». La prioridad debería pasar por mejorar la anticipación y revisar los planes de adaptación ante situaciones meteorológicas que pueden comportarse de manera diferente a las conocidas hasta ahora.
El investigador de la Aemet reclama por ello preparar protocolos tomando como referencia incluso experiencias de regiones donde este tipo de fenómenos son más habituales. «Tenemos que adaptarnos a esos planes y prepararnos», resume.
El temporal catalán ha mostrado la magnitud del desafío. El río Besòs llegó a registrar cerca de 937 metros cúbicos por segundo durante la madrugada del domingo, su nivel máximo en aproximadamente veinte años, mientras numerosos municipios sufrieron inundaciones, daños en viviendas e importantes alteraciones en las comunicaciones.
La conclusión de la Aemet no es que cada tormenta futura vaya a convertirse en un ciclón tropical, sino que el escenario sobre el que se forman está cambiando. Un Mediterráneo más cálido significa más energía disponible y obliga a meteorólogos y administraciones a prepararse para situaciones que hasta hace pocos años parecían excepcionales. Y, según González Alemán, esa adaptación tendrá que acelerarse porque durante las próximas décadas «esto seguirá yendo a más».

