Muros será uno de los doce municipios que competirán este verano en Grand Prix 2026, pero su carta de presentación va mucho más allá del concurso de RTVE. Esta villa de A Coruña, situada frente a la ría que lleva su nombre, conserva uno de los cascos históricos marineros más reconocibles de Galicia y fue declarada Conjunto Histórico en 1970 por el valor de su trazado urbano, sus soportales, sus casas de piedra y su relación secular con el mar.
Su participación permitirá que muchos espectadores descubran una localidad que no necesita grandes artificios para imponerse en la memoria. En Muros, el puerto, las calles estrechas, las plazas, las galerías y las viviendas tradicionales forman parte de una misma escena. La arquitectura no funciona como decorado turístico, sino como huella de una forma de vida marinera que ha marcado durante siglos la economía, el paisaje y la identidad del municipio.
RTVE incluyó a Muros entre los pueblos seleccionados para Grand Prix 2026, una edición que reunirá a doce localidades de toda España en nueve entregas. La villa gallega competirá junto a municipios como Altura, Balanegra, Blanca, Cantalejo, Polinyà, Pravia, Quintanar del Rey, Serranillos del Valle, San Juan de la Rambla, Pradejón y Zumarraga.
Una villa gallega construida frente a la ría
La historia de Muros está unida al Atlántico. Su emplazamiento, protegido dentro de la ría, favoreció desde la Edad Media el desarrollo de una villa vinculada a la pesca, al comercio marítimo y a las actividades portuarias. El casco antiguo conserva todavía esa relación directa con el agua: las casas se agrupan cerca del puerto, las calles descienden hacia la fachada marítima y los soportales recuerdan un tiempo en el que la vida cotidiana se organizaba alrededor de los oficios del mar.
Uno de los rasgos más característicos del municipio son precisamente esos soportales de granito que aparecen bajo muchas viviendas. No eran un simple recurso estético. Servían para resguardarse de la lluvia, trabajar con los aparejos, vender pescado o proteger mercancías. La belleza de Muros nace de una arquitectura pensada para ser útil, y quizá por eso mantiene una autenticidad difícil de fabricar.
En 1970, la villa fue declarada Conjunto Histórico. La protección reconocía el valor de un entramado urbano que conserva plazas, callejuelas, casas marineras, escudos, arcos y edificios religiosos. Ese reconocimiento explica por qué Muros aparece hoy en numerosas rutas culturales de Galicia: no solo por su ubicación, sino por la coherencia de un paisaje urbano que ha resistido al paso del tiempo.
El casco antiguo donde la piedra mira al puerto

Pasear por Muros permite entender por qué el municipio conserva un lugar tan especial dentro del litoral gallego. A diferencia de otros enclaves costeros transformados por el turismo masivo, la villa mantiene una escala reconocible, casi doméstica. El puerto sigue siendo un punto de referencia, pero también lo son sus calles interiores, sus balcones, sus soportales y las plazas en las que la piedra parece haber absorbido siglos de salitre.
La iglesia de San Pedro, las antiguas casas nobiliarias, el mercado, los soportales de la fachada marítima y la trama medieval del casco histórico forman un conjunto compacto. No se trata de monumentos aislados, sino de una continuidad urbana que permite leer la historia del municipio casi sin necesidad de carteles.
El valor patrimonial de Muros está en la suma de pequeñas piezas: una calle que se estrecha, un arco que protege el paso, una casa con galería, una plaza abierta al movimiento del puerto, una fachada que conserva la memoria de quienes vivieron mirando a la ría. Esa acumulación de detalles convierte a la villa en uno de los escenarios más fotogénicos de la costa coruñesa.
El molino que aprovechaba la fuerza de la marea
Además del casco histórico, Muros conserva otro elemento singular: el molino de mareas del Pozo do Cachón, situado en la parroquia de Serres. Esta construcción del siglo XIX aprovechaba el movimiento del agua para poner en marcha sus mecanismos de molienda. Cuando subía la marea, el agua quedaba retenida; al bajar, la diferencia de nivel permitía mover las piedras del molino.
El Pozo do Cachón resume muy bien la relación histórica entre la villa y su entorno. Muros no solo vivió junto al mar, también aprendió a utilizar su fuerza. En un territorio donde el océano condicionaba los trabajos, los desplazamientos y la alimentación, la marea se convirtió también en energía.
Este molino es uno de los grandes reclamos patrimoniales del municipio porque aporta una rareza concreta, fácil de explicar y muy visual. Frente a la imagen clásica de los molinos de río o de viento, el Pozo do Cachón recuerda que en la costa gallega existieron ingenios capaces de transformar el movimiento de las mareas en actividad productiva.
Grand Prix 2026 convierte a Muros en escaparate de Galicia

La llegada de Muros a Grand Prix 2026 tendrá un fuerte componente simbólico. La villa será la representante gallega en una edición que volverá a combinar pruebas físicas, humor, rivalidad entre pueblos y ese tono familiar que ha convertido el programa en una cita reconocible del verano.
Para el municipio, la participación supone una oportunidad de proyectar su nombre más allá de Galicia. En el plató estarán los concursantes, los padrinos y los vecinos que acompañen al equipo, pero detrás aparecerá una historia mucho más larga: la de una villa marinera que ha conservado su identidad entre el puerto, la piedra y la ría.
La televisión puede convertir a Muros en protagonista de una noche, pero su atractivo no depende únicamente del concurso. Cuando terminen las pruebas y se apaguen los focos, seguirán allí los soportales, las casas de granito, el casco histórico declarado en 1970 y el viejo molino que utilizaba la fuerza del mar.
Ese es el verdadero valor de su presencia en Grand Prix 2026. Muros no llega al programa como una simple localidad costera, sino como una villa con memoria propia. Una Galicia hecha de puerto, mareas y piedra que ahora tendrá la oportunidad de presentarse ante toda España.

