En Occidente, las consecuencias del conflicto no resuelto en Oriente Medio se traducen en un aumento meteórico de los precios del combustible, un encarecimiento que parece haber llegado para quedarse. Pero para 11,7 millones de mujeres y niñas, el bloqueo que sigue imponiendo Irán sobre el Estrecho de Ormuz podría comportar una inseguridad alimentaria todavía mayor si el conflicto regional sigue escalando.
En un nuevo informe publicado por la agencia de ONU Mujeres, se alerta que el encarecimiento de los precios de los alimentos derivado del continuado bloqueo de petroleros en el estratégico corredor marítimo del Golfo Pérsico complicará el sustento de millones de familias. Acorde al estudio de la ONU, el 53% de los 22 millones de personas que se podrían sumar a quienes ya sufren seguridad alimentaria son mujeres y niñas, repartidas en 28 países.

De hecho, se calcula que ya hay 208 millones de ellas que sufren malnutrición. En los últimos años, las imágenes que más han sacudido al mundo fueron las de civiles implorando ayuda humanitaria en Gaza durante la guerra. Pero en otros países, como Yemen, Líbano, Siria, Irán, Afganistán o Irak, las dificultades para obtener comida derivadas de conflictos bélicos, la pobreza y los desplazamientos forzados han sido una constante en los últimos tiempos.
“Sabemos que cuando los alimentos escasean, las mujeres comen menos y son las últimas en hacerlo. A menudo recurren a dietas menos nutritivas o se saltan comidas por completo para priorizar las necesidades de los demás. Las desigualdades de género determinan quién tiene acceso a los alimentos y a los recursos para obtenerlos. Por ello, invertir en mujeres y niñas es una forma segura de garantizar el bienestar de las familias y las comunidades”, afirmó Nyaradzayi Gumbonzvanda, directora ejecutiva adjunta de ONU Mujeres.

El bloqueo en el Estrecho de Ormuz no solo afecta a individuos y empresas de todo el mundo por el encarecimiento del petróleo, sino que también encarecen el precio de fertilizantes o los costes de transporte, lo que eleva el precio final de productos alimentarios. En países donde de por si los ingresos estables son difíciles de asegurar, se traduce en una dificultad todavía mayor por llenar neveras y despensas.
Para mujeres y niñas, que en muchos de estos países afrontan una desigualdad de género estructural que limita su libertad de trabajar o manejar sus finanzas independientemente, asegurar el pan es un reto todavía mayor. En países de poblaciones más grandes se acumulan más casos de mujeres y niñas en riesgo, pero en escenarios como Sudán, Haití, Yemen o Palestina “afrontan riesgos más concentrados, dado que se superponen múltiples frentes de vulnerabilidad”.

Para afrontar el pronóstico de la agencia de la ONU, se recomienda una respuesta integrada que combine ayuda alimentaria y efectiva con nutrición, protección, medios de vida y apoyo agrícola; que se garantice el acceso de las mujeres a tierra, crédito, servicios y activos productivos; y que los recursos lleguen antes de las campañas agrícolas. También se reclama mejores datos para saber quién come menos dentro del hogar, quién pierde ingresos, quién asume más trabajo de cuidados no remunerado y quién afronta riesgos nutricionales o de protección.
El informe presenta cifras alarmantes. Sudán del Sur, donde la guerra persiste pese al silencio mediático global, se lleva el peor pronóstico. Se estima que el 14% de las mujeres y niñas -una de cada siete- podría sufrir inseguridad alimentaria. El segundo es Líbano, que tras verse involucrado en una guerra devastadora entre la milicia Hizbulá e Israel, ha dejado al 4% de su población femenina en riesgo.

El desempleo contribuye drásticamente a este fenómeno. La ONU estima que en países como Egipto, Irak, Palestina, Sudán o Siria el 80% de mujeres está fuera del mercado laboral. En Yemen o Afganistán, la cifra borda el 95%. El informe reclama mayor acceso a servicios financieros, del que la mayoría de las mujeres carecen por ser víctimas de un sistema patriarcal. En muchos de estos países, menos del 20% no tienen ni teléfono móvil ni cuenta bancaria.
“Esto puede limitar su capacidad para ahorrar, recibir remesas o asistencia en efectivo, o acceder a préstamos de manera segura cuando los precios suben o los ingresos disminuyen, lo que aumenta la dependencia de prestamistas informales, familiares u otros miembros del hogar y puede poner en riesgo su seguridad y protección”, advierte la ONU. Para evitar este escenario, el departamento de mujeres de la ONU exige la desescalada del conflicto y el respeto de la legalidad internacional para “avanzar la paz y la seguridad regional”.

