Cuando el general Roberto Vannacci, famoso en Italia por la publicación en 2023 de un libro lleno de referencias homófobas y xenófobas, decidió abandonar el pasado mes de febrero el partido de Matteo Salvini, la Liga, y fundar su propia formación política, Italia ya intuía que algo podría pasar. Aunque seguramente ni la propia Giorgia Meloni, tras casi cuatro años intocable, esperaba tener un verano tan poco apacible como este. La líder italiana engancha desde hace meses un fracaso tras otro: primero el naufragio de su famoso referéndum sobre la reforma de la justicia, luego su ruptura con Trump y, hace poco, también las dificultades para obtener consenso en su Gobierno para aprobar una nueva ley electoral. Aunque su mayor dolor de cabeza es ahora un fenómeno del que pueden hacerse pocas previsiones, pero que ya está destinado a cambiar las cartas de la próxima partida política: las generales que se celebrarán en 2027.
En el arco de formaciones políticas, a la derecha de todos, mucho más a la derecha de Meloni y hasta de Salvini, Vannacci ha llegado para ser el rey de una fiesta a la que no lo habían invitado. Por un lado están los datos de los sondeos que desde hace semanas van dándole más y más intención de voto. Según la encuesta de Swg para la televisión italiana La7 esta semana Futuro Nazionale, el partido de Vannacci, ha subido otro 0,2% llegando al 6,9% en la estimación, superando a su anterior partido, la Liga, ahora competidor, y acercándose también a la otra pata del Gobierno Meloni, Forza Italia. Por otro está su presencia en el debate público, por sus declaraciones a la prensa italiana y por lo que da que hablar en sus redes sociales donde ha empezado a generar vídeos con IA vestido de emperador romano burlándose de Ursula von der Leyen o jugando a condenar a muerte a los líderes de la oposición.
Quién es el general Vannacci
Daniele Albertazzi, profesor de Ciencias Políticas y experto en extrema derecha de la Universidad de Surrey en Reino Unido, lleva semanas recibiendo llamadas de la prensa internacional. “Más de 20, todos quieren saber quién es Vannacci”, explica al teléfono para Artículo14. Lo cierto es que su ascenso meteórico, una característica de la política italiana y sus protagonistas, está generando curiosidad a medio mundo. “El riesgo no es que tenga muchos votos y se acerque al 30% como el partido de Meloni, sino que con su 5,6 o 7% cambie completamente el escenario de la coalición de derecha”, añade. La novedad es que el general Vannacci y su partido, Futuro Nazionale, que acaba de nacer y es minoritario, puedan tener un poder de decisión decisivo a pesar de no obtener muchos votos.

El experto prueba a hipnotizar dos escenarios: por un lado que Meloni quiera mantener la coherencia que ha intentado convertir en su marca política y que, necesitando a Vannacci para gobernar, prefiera irse a la oposición. La otra es que ceda espacio al general, lo incluya en su coalición -algo que por ahora ninguno de los dos descarta por precaución- y construya un gobierno que inevitablemente será más radical y que rompe además con la estrategia que ha intentado desarrollar durante estos cuatro años en los que ha ido alejándose de su pasado como militante postfascista y se ha ido convirtiendo, especialmente en política exterior, en una líder conservadora tradicional.
Por ahora Vannacci no ha hecho público un programa electoral, pero ya ha conseguido algunos diputados que han salido de sus formaciones derechistas: cinco han abandonado la Liga de Salvini, dos las filas de Forza Italia y uno las de Hermanos de Italia de Meloni. Tiene, además, poco menos de 100.000 inscritos en el partido, un millón de seguidores en Instagram y, por último, y este es su mejor dato, miles y miles de copias de su libro, ‘Il mondo al contrario’, que en los primeros días tras su publicación, hace tres años, vendió casi 100.000 copias en un abrir y cerrar de ojos.
¿Cuál es la estrategia real de Vannacci? ¿Por qué llama la atención a los italianos?
Albertazzi explica que, a diferencia de la Liga, que a pesar de tener un líder que hace mucho ruido, Salvini, tiene una base bastante propensa al consenso y menos al radicalismo que puede aparentar, el general Vannacci encuentra precisamente su lugar en el abanico político porque pretende representar “la verdadera derecha”. Algunas de sus declaraciones más polémicas están relacionadas con una revisión propia de la dictadura fascista italiana. Por ejemplo sobre la Marcha sobre Roma -que marca el inicio de la dictadura de Mussolini- el general se ha atrevido a asegurar que no era un “golpe de Estado”, sino poco más que “una manifestación de plaza” . El experto define su formación política como un “purifing party” que nace solo por antagonismo, vendiendo que él sí llevará sus ideas hasta el final. Diferenciándose, sobre todo, de los otros líderes de la extrema derecha, que ya se han desgastado en el poder, como Meloni o Salvini, y que en muchas ocasiones han tenido que matizar o desdibujar las ideas de su campaña electoral para llevarlas a la práctica.
Es difícil saber qué le deparará a Meloni, aunque no parece que pasado el tórrido agosto italiano, la líder tenga un otoño fácil. La irrupción de Roberto Vannacci ha conseguido no solo deshacer las previsiones sobre las posibilidades de una renovada mayoría, sino romper el hechizo que rodeaba la figura de Meloni y contaminar el ambiente con esa vieja sensación de la política italiana: antes de que se termine la legislatura, en este caso en octubre de 2027, podría suceder de todo. De hecho, las previsiones son que los italianos e italianas voten mucho antes (coincidiendo con las citas electorales de España y Francia), posiblemente en primavera. Por ahora Meloni no parece que vaya a tomar decisiones precipitadas. El objetivo, por el momento, es que la líder cumpla este mes de septiembre uno de sus anhelos: convertirse en el Gobierno más largo de la República italiana. El siguiente paso es aprobar los presupuestos para cerrar el año lo más tranquilo posible antes del huracán que podría acercarse en 2027. Pero hacer previsiones sobre esto último es ya ir demasiado lejos para la cambiante política italiana.

