Crisis educativa

Protestas en Francia: “Hay que tener miles de centros educativos bloqueados para que el Gobierno haga algo”

La falta de profesores, el deterioro de los institutos y la desigualdad educativa han desencadenado una ola de protestas juveniles que desafía al Gobierno

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Una manifestante sostiene una pancarta en la que se lee «La educación es un derecho, no un privilegio» en la plaza de la Bastilla
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Las barricadas siguen bloqueando las puertas de centros educativos franceses. Desde finales de septiembre, miles de estudiantes han salido a la calle para denunciar la degradación de la educación pública, en unas movilizaciones que se han extendido desde la periferia de París a ciudades como Lyon, Marsella, Nantes y Rennes. Las protestas, que comenzaron con reivindicaciones sobre las condiciones escolares, han derivado en enfrentamientos con la Policía, contenedores incendiados y cientos de heridos.

La crisis ha colocado al Gobierno francés en aprietos. Se calcula como gestionar unas demandas ampliamente respaldadas por la sociedad sin agravar la violencia ni comprometer unas cuentas públicas bajo presión. “Hay una desigualdad muy concreta: edificios degradados, aulas masificadas y profesores que faltan sin ser sustituidos. Y esto ocurre, sobre todo, en los barrios populares”, explica a Artículo14 Léa Gasser, estudiante de 23 años, graduada en Ciencias Políticas e investigadora por Sciences Po y residente en París.

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Lea Gasser, investigadora de la Sciences Po y residente en París, contesta a las preguntas de Artículo14

Las quejas van desde la falta de docentes hasta las instalaciones deterioradas, las jornadas escolares prolongadas y la presión del sistema de acceso a la universidad, Parcoursup, cuya opacidad genera frustración entre los jóvenes. Algunos alumnos denuncian que pasan semanas sin profesores sustitutos y que las aulas alcanzan temperaturas insoportables durante las olas de calor. La movilización también refleja la preocupación por las posibilidades de acceder a los estudios superiores deseados y por un futuro que muchos perciben cada vez más incierto.

La BBC señala que Francia gasta más por alumno de secundaria superior que la media de la Unión Europea y que la escasez de docentes, aunque real, no es necesariamente más grave que en otros países. La cuestión no es únicamente cuánto invierte el Estado, sino cómo se distribuyen los recursos, qué condiciones encuentran los estudiantes en sus centros y las oportunidades de futuro que tienen los jóvenes, más allá de su clase social. En ciertos barrios, las carencias se perciben como símbolos de profunda desigualdad.

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Manifestantes en la plaza de la Bastilla durante una manifestación por las condiciones escolares en París, Francia
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La intensidad de las protestas también se explica por la tradición francesa de movilización. Desde Mayo del 68 hasta las manifestaciones de 2006 contra el contrato de primer empleo, la historia reciente del país ofrece numerosos ejemplos de movimientos callejeros que han conseguido frenar reformas o arrancar concesiones al poder. Una encuesta del canal BFMTV refleja un amplio respaldo social a las reivindicaciones estudiantiles, aunque el apoyo a la continuidad de las protestas es menor.

Gasser considera que la falta de mecanismos de participación ha contribuido a agravar el conflicto. “Si los canales habituales funcionaran, si existiera una plataforma participativa que incluyera a los jóvenes en las decisiones, probablemente no habría tantos institutos bloqueados”, sostiene. A su juicio, el hecho de que el Gobierno haya abierto consultas después de semanas de movilizaciones evidencia el problema: “Hay que tener miles de centros bloqueados para que el Gobierno haga algo”.

Las llamas de la violencia es lo que captan los focos. Algunos manifestantes han lanzado objetos contra los agentes y han protagonizado actos vandálicos. La Policía ha respondido con cargas, gases lacrimógenos y proyectiles antidisturbios. Según cifras recogidas por The Guardian el 8 de octubre, desde el comienzo de las protestas han resultado heridos al menos 215 adolescentes, 89 trabajadores de centros educativos y 761 policías.

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La eurodiputada Manon Aubry interviene mientras se producen enfrentamientos entre manifestantes y la Policía antidisturbios en la plaza de la Bastilla
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El Gobierno francés suspendió el miércoles el uso de granadas aturdidoras después de que un adolescente perdiera una mano durante los disturbios. La decisión no ha conseguido calmar el movimiento, que denuncia una respuesta policial desproporcionada. El Ejecutivo, por su parte, rechaza que los agentes tengan órdenes de enfrentarse a los estudiantes y defiende la necesidad de mantener el orden público.

Para Gasser, el problema es que “hay dos violencias que se disputan en el relato”, la ejercida por algunos manifestantes y la que denuncian los estudiantes y distintas organizaciones en la actuación policial. “La discusión sobre la violencia, sea de quien sea, acapara el debate”, advierte.

Ante la persistencia de las protestas, el ejecutivo de Emmanuel Macron ha comenzado a anunciar medidas para responder a las demandas educativas. El ministro de Educación, Édouard Geffray, prometió el jueves desplegar 3.000 profesores sustitutos en alrededor de un centenar de institutos especialmente afectados por la falta de personal, además de autorizar la contratación de varios cientos de docentes adicionales. También se prometió más gasto en el sistema escolar.

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Protesta de los estudiantes frente al instituto Hélène-Boucher de París, Francia
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Los estudiantes movilizados lo consideran insuficiente. Sus representantes reclaman inversiones mucho mayores, y algunos sitúan en 10.000 millones de euros la cantidad necesaria para abordar las carencias del sistema. Pero la capacidad de respuesta del Gobierno está limitada por el contexto económico. Francia afronta un elevado déficit, una deuda pública creciente y dificultades para aprobar un presupuesto en un Parlamento fragmentado.

La proximidad de las elecciones presidenciales, previstas para la primavera de 2027, añade leña al fuego. La extrema derecha de Marine Le Pen insiste en los daños provocados en los centros escolares y en la necesidad de proteger a profesores y policías. La izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon, por su parte, denuncia la actuación policial y respalda las reivindicaciones de los jóvenes. La protesta se ha convertido así en un terreno de disputa política, en el que cada bloque trata de imponer su relato

Gasser observa con preocupación esta instrumentalización. “Cada actor político intenta leer este movimiento a su favor”, señala. Mientras unos presentan las movilizaciones como una prueba del fracaso del Estado y de la presidencia de Macron, otros ponen el acento en los ataques a la Policía y al profesorado. “En todas estas discusiones no van a hablar del problema de fondo, que es la falta de recursos para las escuelas”, lamenta.

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La Policía antidisturbios se enfrenta a los manifestantes en la plaza de la Bastilla durante una manifestación por las condiciones escolares en París, Francia
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La investigadora insiste en que reducir las protestas a una maniobra partidista supone ignorar a quienes las protagonizan. “Los alumnos movilizados hablan de su instituto, no de las elecciones”, afirma. Las promesas gubernamentales no han convencido a los estudiantes, que se preparan para continuar las movilizaciones, mientras los sindicatos han convocado nuevas jornadas de acción.

Gasser no espera cambios inmediatos. Recuerda que Francia ha vivido otras grandes movilizaciones estudiantiles, sin que hayan desaparecido los problemas estructurales de la educación. Además, considera que las prioridades económicas del Gobierno pueden relegar las demandas juveniles. Pero no cree que el movimiento vaya a desaparecer fácilmente. “La juventud de ahora está muy politizada y es muy reivindicativa, y eso está muy bien. Por eso creo que las manifestaciones van a durar”, concluye.

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