Cuando León XIV llegue a Barcelona el próximo 10 de junio, su agenda incluirá dos paradas obligadas para entender Cataluña: la abadía de Montserrat y la Sagrada Familia. Y ambas están unidas por el mismo hombre: Antonio Gaudí. Y es que el arquitecto de la Sagrada Familia trabajó siendo estudiante en la restauración del monasterio de Montserrat. “Es una coincidencia muy significativa”, explica la experta gaudiniana Chiara Curti. “Gaudí trabajó en Montserrat para Francisco de Paula del Villar, que fue precisamente el arquitecto al que más tarde sustituyó al frente de las obras de la Sagrada Familia”, explica.
Aquella relación no terminó con sus años de formación, ya que Montserrat dejó una huella permanente en el universo creativo de Gaudí. La montaña aparece representada en distintos rincones de la Sagrada Familia, desde la peña que corona el Portal de la Esperanza en la fachada del Nacimiento hasta la capilla dedicada a la Virgen de Montserrat en la cripta del templo.
Ahora, la visita del Papa coincide además con un momento especialmente simbólico para ambos lugares. “Por un lado, Montserrat celebra el milenario de su fundación”, apunta Curti, “mientras que la Sagrada Familia vive una de las transformaciones más importantes de su historia reciente: la culminación de la Torre de Jesús, que ha modificado definitivamente el skyline de Barcelona”. “Lo extraordinario es que la ciudad cambia su manera de presentarse al mundo”, continúa Curti. “A partir de ahora, cualquier imagen de Barcelona tendrá que contar con esa gran cruz de cuatro brazos que corona la torre”.
Además, la experta considera que este cambio va mucho más allá de la arquitectura. Y es que, durante décadas, la imagen internacional de Barcelona ha estado asociada al modernismo, a los Juegos Olímpicos de 1992 o a determinados iconos urbanos. Sin embargo, desde ahora, la silueta de la Sagrada Familia se convertirá en el nuevo punto de referencia de la ciudad.
Un Papa que llega a una obra inacabada
“La Sagrada Familia no está terminada. No sabemos exactamente cuándo se terminará ni cómo será su final”, continúa Curti. Por ello, “el Papa no viene a inaugurar una obra acabada. Viene a bendecir un proyecto que continúa creciendo”. “Hay una idea de camino, de proceso, de construcción permanente que me parece muy significativa”, añade.

En cierto modo, esa imagen encaja con la experiencia que viven millones de visitantes cada año. “Los que estamos cerca de la Sagrada Familia vemos muchas veces cómo la gente entra como turista y sale como peregrino“, afirma. “La basílica sigue teniendo la capacidad de provocar asombro”.
La relación entre el Vaticano y la obra de Gaudí tampoco es nueva. “Juan Pablo II visitó la Sagrada Familia durante uno de sus viajes a España y Benedicto XVI protagonizó uno de los momentos más importantes de la historia del templo cuando la consagró como basílica en 2010”, explica Curti, para quien cada una de estas visitas ha ayudado a reforzar una dimensión diferente del proyecto.
“Juan Pablo II insistió en que la Iglesia se construye con piedras vivas, con personas. Benedicto XVI dejó claro que la Sagrada Familia no es un monumento turístico, sino una iglesia. Y ahora León XIV parece subrayar otra idea: que este templo pertenece también a la ciudad”, afirma. “Es como un camino que se ha ido construyendo de la mano de distintos Papas”.
Además, la visita de León XIV llega además en un momento en el que la figura de Antoni Gaudí vuelve a ocupar un lugar destacado dentro y fuera de la Iglesia. “Se puede estudiar, analizar o admirar a Gaudí desde muchos puntos de vista, pero siempre quedará algo sin entender si se separa de su fe”, sostiene Curti. “Hay una dimensión de Gaudí que resulta incomprensible si no se tiene en cuenta cuál era su visión del mundo”, añade.
Aunque Robert Francis Prevost ya visitó Barcelona cuando era prior de la Orden de San Agustín, no está claro si alguna vez fue a la Sagrada Familia o a la basílica de Montserrat. Sea su primera vez en el templos o no, Curti cree que esta experiencia será especial. “No es lo mismo entrar en un edificio como visitante que hacerlo sabiendo que vas a presidir uno de los momentos más importantes de su historia reciente“, explica.
Además, la experta recuerda una anécdota ocurrida hace apenas unos días, cuando los organizadores del viaje le entregaron una acreditación personalizada para la visita, ante la que el Pontífice reaccionó con entusiasmo. “Les dijo: ‘Me alegro mucho de que me hayáis traído esta acreditación porque no me lo quiero perder‘”, dice Curti. “Y, francamente, yo no veo la hora de que venga”, añade.

