Vale más un suceso real que mil campañas de publicidad. Para muestra, lo que se vivió esta semana en la presentación del Foro Económico de Galicia. La escena les resultará familiar: foro profesional de voces expertas, mesa redonda repleta de hombres con traje, debate sobre el futuro de la ciudadanía con respecto a un tema y foto de familia donde predominan el color azul y la línea recta.
En mitad de este paisaje, que de repetitivo resulta clamoroso, toma la palabra la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey y haciendo un ejercicio de paciencia y firmeza, señala el elefante en la habitación: entre todas las mentes convocadas para escribir el informe sobre el futuro de la economía gallega, solo hay una mujer: Rosa Crujeiras. Las caras de sus compañeros de mesa eran un poema.
Pero el elefante encorbatado no estaba solo: por una parte, Rey señalaba la exclusión de las mujeres en la elaboración del informe y por otra, su ausencia como expertas en la propia la mesa, ya que ella estaba allí para dar la bienvenida institucional como alcaldesa.
Tan habitual como la celebración de “manels” (acrónimo inglés de man y panel), es la reacción ante las críticas que despiertan. Santiago Lago, uno de los directores del foro, espetó a la alcaldesa en tono contrariado que tenía que haber preguntado a cuántas mujeres se había invitado y habían dicho que no.
Parece que a algunos ya han olvidado aquel famoso gesto de la economista y ex vicepresidenta Nadia Calviño, cuando rechazaba hacerse fotos donde ella era la única mujer. También se les han pasado por alto todos los informes y estudios que explican por qué muchas expertas rechazan las invitaciones a este tipo de eventos: no por falta de ganas, sino porque están hartas de ser la “cuota florero” y lavar la imagen de instituciones que jamás cuentan con ellas para realizar ningún proyecto. Están cansadas de desgastarse en espacios pensados por y para hombres. Y se sienten asfixiadas por hacer malabarismos para encajar ponencias gratuitas dentro de una agenda desbordada por los cuidados.
El elefante mayor es que el caso del Foro Económico de Galicia no es una excepción, es el pan de cada día en los eventos financieros y profesionales de todo el mundo. Como a los economistas les encantan los datos, podrían completar su informe incluyendo que la brecha de género en los comités de expertos nos cuesta un 17% del PIB anual, 271.000 millones de euros. Según el Consejo General de Economistas, aunque las mujeres son prácticamente la mitad de los profesionales colegiados, su presencia en los comités de expertos apenas llega al 20%.
Prescindir de la perspectiva de la mitad de la población en la elaboración de informes sobre el futuro o en la organización de foros no es solo una injusticia, es un error con graves consecuencias financieras. La próxima vez que realicen un foro de innovación económica, más les vale contar con las mujeres, si no quieren parecerse a una asamblea en la cantera de los Picapiedra.

