Ni Rusia, ni Israel, ni la “internacional ultraderechista”: fue la bofia de Mohamed VI quien, según un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), orquestó la invasión de Ceuta ejecutada por setenta, ochenta o cien mil inmigrantes ilegales, cualquiera sabe, los días 30 y 31 de julio. Tras las acusaciones de Sánchez en la SER, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso y el ministro de Exteriores israelí le exigieron al presidente del Gobierno español pruebas que respaldaran sus acusaciones. El Español ha aportado una que revienta el argumentario alucinado del Ejecutivo y de sus enanitos mediáticos y que desmiente, Pegasus de Troya mediante, la increíble tesis de que “esta crisis sólo se va a resolver con la cooperación de Marruecos”. O sea, del agresor. Ya.
El informe del CENIF –al final, Margarita Robles tenía razón– es un documento demoledor que se revela metastásico urbi et orbi. La jueza de la Audiencia Nacional María Tardón, quien se hallaba de guardia cuando la invasión, investiga a un supuesto “socio fundamental” (Albares) y “fiable” (Marlaska) que ofrece una colaboración “francamente positiva” (Sánchez) por haber cometido, presuntamente –disculpen el asqueroso formalismo–, un delito contra la independencia del Estado; una “violación”, en palabras del presidente, “de la integridad territorial de España”. Los gendarmes del miramamolín usurpador han puesto en un brete al yerno de Sabiniano, el de las saunas: ¿cómo responderá el fernandogalindo mayor de Mohamed VI en Al-Ándalus a este, de confirmarse, acto de guerra híbrida? ¿Tendrá la osadía –entiéndase la ironía– de llamar a consultas a la embajadora Karima Benyaich? ¿Se rebelará contra el papi dom con fez, sabedor de que este, en cualquier momento, puede abrir la tinaja de Pandora, a la manera de Ketty Garat, pero aún más bestia? La respuesta es obvia.
Marlaska, por su parte, se enteró de la información leyendo la prensa: “Como bien sabes –arranca la carta que, de madrugada, le envió al director general de la Policía Nacional, Francisco Pardo Piqueras–, El Español ha publicado que la Comisaría General de Extranjería y Fronteras ha informado a la Magistrada Tardón que la ‘invasión’ (sic) de Ceuta fue guiada por gendarmes marroquíes a las órdenes de agentes de paisano con un fin distinto del migratorio”. El documento no pasó por la Dirección General de la Policía –“¿por qué?”, la pregunta resuena en mi cabeza con la voz de Mourinho– y el ministro del Interior, quien aseguró repetidamente que “no existe ningún informe que implique a Marruecos”, ha pedido explicaciones con el ímpetu de un chihuahua, embadurnado de irrelevancia. Ni ha dimitido ni se prevé que lo haga. Disculpen la perogrullada.
Mientras escribía estas líneas, Sánchez felicitó el Día de Ceuta a los caballas agradeciéndoles “la serenidad, la solidaridad y la responsabilidad” demostradas durante estas semanas, sin soltar prenda sobre el informe del CENIF. Al menos, se ahorró otra absurda playlist.
Ah, y a las ocho, manifa. Porque, como escribió Ortega, “somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestros conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!”. Nunca está de más recordarlo.
