En el año 63 a.C., el senador Marco Tulio Cicerón denunció en el Senado la conspiración liderada por Lucio Sergio Catilina, un rival político que había intentado dar un golpe de estado, con un célebre discurso que ha llegado hasta nuestros días y que comenzaba así: “¿Hasta cuándo, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia? ¿hasta cuándo esa locura tuya seguirá riéndose de nosotros? ¿cuándo acabará esta desenfrenada osadía tuya?” Cosas de la vida, estas frases están hoy más de actualidad que nunca.
Todavía no habíamos acabado de digerir la podredumbre que rodea todo lo relacionado con el caso Zapatero, todavía no habíamos tenido tiempo ni para conocer el valor real de ese centenar de joyas que guardaba en la caja fuerte de su despacho oficial, ni para saber más del oro y de los cupos de petróleo esquilmados al pueblo venezolano, cuando ayer nos despertamos con la noticia de que otro juez, sí, otro, había ordenado a la UCO requerir información en la misma sede de Ferraz y en la dirección general de la Guardia Civil para averiguar dos cosas: si el PSOE pagó de manera ilegal a una trama delictiva para dinamitar los casos contra el partido y contra el Gobierno; y para ver si miembros de la Benemérita que investigaban este tipo de casos fueron expedientados por sus superiores.

El juez instructor, Santiago Pedraz, atribuye a esa trama liderada por Santos Cerdán y ejecutada entre otros, por Leire Díez, casi una decena de delitos. El detonante de este furor mafioso, según el juez, fue la imputación de Begoña Gómez. Pedro Sánchez se encerró en Ferraz, escribió una sentida carta a la ciudadanía y, cuando acabaron sus cinco días de reflexión, decidió tocar a rebato en sus filas e intentar cargarse a todo el que osara investigar cualquier irregularidad en su entorno más cercano, en el PSOE o en Ferraz. Por eso ayer sonó tan falso eso de que la colaboración con la justicia iba a ser total, ya que este caso demuestra todo lo contrario. Cada vez que el cerco se estrecha contra los socialistas, el presidente tira de frases hechas, dice que actúan con contundencia y, a otra cosa.

Pocos son ya los que no comparten que esta legislatura sin presupuestos, sin mayoría parlamentaria y con casos de corrupción semanales, no da para más, pero Sánchez ha encontrado un argumento imbatible para no convocar elecciones: el interés general de los españoles y la estabilidad, porque, una vez que se celebran los comicios, es un lío lo de formar gobierno, y eso no conviene a los ciudadanos. Si no fuera tan dramático, daría hasta risa. Como risa dan las explicaciones que ofrecen algunos de los socios parlamentarios del Ejecutivo. Gabriel Rufián, que siempre había puesto como línea roja de su apoyo al PSOE la financiación ilegal, ayer se limitaba a decir que habría que esperar a que hubiera sentencia firme. El otro día leí en twitter que, como sigan así, la próxima línea roja de los partidos que apoyan al Gobierno será el tráfico de órganos humanos.
Mientras la UCO registraba las instalaciones del PSOE, en el Congreso se llevaba a cabo un simulacro de incendio; un hombre tocaba a las puertas de la sede socialista “Más cerca oh Dios de ti”, el himno que supuestamente interpretaba la orquesta del Titanic mientras el barco se hundía; y unos mariachis entonaban “la Cucaracha”. En el fondo este país es maravilloso. Aunque algunos sigan abusando de nuestra paciencia.

