Opinión

La balanza

María Dabán
Actualizado: h

Pedro Sánchez ha conseguido lo que quería: tenernos entretenidos todo el fin de semana intentando adivinar si convocará o no elecciones. El sábado, en la pescadería, un señor me preguntó: “¿Se queda, o no se queda?” Y claro, no supe que contestarle, porque yo de gurú tengo poco y porque, si algo aprendí en los años que cubrí información política, es que es mejor no hacer quinielas, y menos con un personaje tan enigmático como Pedro Sánchez.

Todas las decisiones en la vida tienen sus pros y sus contras. De entrada, todo apuntaría a que el presidente del Gobierno convocará elecciones porque tiene la pelota donde quería, y porque no parece que en los próximos meses vaya a tener una coyuntura mejor. Por primera vez, el relato le favorece y erigirse como defensor de los más desfavorecidos le puede dar réditos políticos. Es curioso que los mismos que dicen que la izquierda es mucho más crítica con sus líderes que la derecha (un argumento que utilizan también estos últimos), olvidan ahora que este Ejecutivo que se dice progresista de izquierdas ha hecho poco o nada por arreglar la vivienda en España en los últimos ocho años. Y ahora, con dos decretos hechos aprisa y corriendo mezclando un poco todo, pretenden volver a movilizar a la izquierda. Suena irónico, además, que Sánchez diga ahora que ha escuchado a la calle… La misma calle a la que ignoró cuando los españoles se manifestaban en contra de la amnistía.

Una convocatoria electoral inmediata conseguiría, además, poner en pausa las causas judiciales que acorralan a su Gobierno. Es una norma no escrita, pero tradicionalmente los jueces intentan no interferir con sus decisiones cuando hay procesos electorales (en este caso, esto podría favorecer también al PP porque se calcula que en noviembre se dará a conocer la sentencia del caso Kitchen)
En el otro lado de la balanza, están los contras: La situación económica seguirá deteriorándose por la crisis energética, la gasolina seguirá subiendo y continuará repercutiendo en la inflación, lo que afectará al bolsillo de los españoles. La situación en Ceuta seguirá enquistada, y, el futuro en los tribunales de los casos que afectan a los socialistas, tampoco parecer ser muy halagüeño. Lo próximo en caer podría ser la imputación del Partido Socialista por el tema de las cloacas, y no hay que olvidar que son ya 126 los imputados relacionados con el PSOE en los 17 sumarios que instruyen distintos jueces en España. Perder las elecciones supondría también soltar los resortes del poder que le ayudarían a contener algunas de estas causas (con la ayuda inestimable de la fiscal general del Estado, Teresa Peramato).

Además de ello, si la convocatoria es inmediata, el Supremo no habrá decidido sobre la llamada Ley de Nietos, algo que también podría perjudicar al PSOE en algunas plazas (o por lo menos no serviría para favorecerles). En el aire quedarían también el nuevo sistema de financiación autonómica y los Presupuestos, aunque lo que menos le importe al jefe del Ejecutivo sean las cuentas del Estado, que ya hace y deshace a su antojo sin necesidad de ellas.

Una cosa es segura: convoque o no convoque, el Gobierno se va a dedicar a polarizar todavía más a la sociedad española y a etiquetar a todos: los pobres contra los ricos, los progresistas contra los ultras de derechas… Suena agotador, la verdad.
La última vez que Sánchez se retiró a reflexionar (aunque ahora no lo quieran llamar así), acabó montando una cloaca cuyas consecuencias últimas todavía desconocemos. Lo que sabemos, eso sí, pone los pelos de punta: unos sicarios supuestamente enviados por Cerdán y pagados por el PSOE se llegaron a poner en contacto con dos clanes de la droga de Badajoz para apartar a la juez que instruía el caso del hermano del presidente… Y eso solo parecía ser la punta del iceberg de una trama que pretendía ir contra los jueces, fiscales y servidores públicos que investigaban al PSOE y a la familia de Sánchez. Dios nos pille confesados.

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