Opinión

La izquierda, nuestro patio del colegio

Silvia Intxaurrondo entrevistando a Irene Montero en 'La Hora de La 1'.
Silvia Intxaurrondo entrevistando a Irene Montero en 'La Hora de La 1'.
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Quizá nunca haya resultado tan antipática Irene Montero como en su entrevista de este martes por la mañana en La Hora de La 1 con Silvia Intxaurrondo. Constata un problema de sarcasmo más empleado, una superioridad irritante, pero sobre todo la risilla que se le escapa a alguien cuando no sabe muy bien qué responder, no tiene una respuesta decente o, más bien, no ha tenido siquiera la posibilidad de una respuesta decente porque no existía justificación posible. El supuesto pacto con Esquerra Republicana ha quedado diluido por los presuntos socios (que dicen que aquí no hay coalición ni nada, si acaso una integración, y que, si los morados milagrosamente sacan escaños en Cataluña, serán tan de Esquerra como los que más); la apuesta por Rufián ha topado con un tuit de C. Tangana dándole a su ego tangana, nunca mejor dicho. Son movimientos poco serios cuando lo que se juega es algo en principio tan serio como la llegada de Vox o el fascismo a las instituciones. Son, en realidad, juegos de niñatos. La conclusión a la que una llega, inevitablemente: hay quien en la izquierda se comporta como si esto fuera el patio del colegio y lo más importante robarle el bocadillo al otro, o vengarse del excompañero de pupitre que te cae fatal, tirarlo al barro o chivarse a la seño.

Es particularmente sangrante porque toda esta generación de políticos profesionales lleva ya en política profesionalmente un montón de años. Se han socializado y han crecido en las instituciones, han desarrollado ahí buena parte de su vida adulta, han entendido perfectamente el funcionamiento del Congreso y cómo montar una interna: pues nada, de ahí a la regresión infantil. La juventud movilizada que sigue a día de hoy en la acampada de Sol reclamando una solución al problema de la vivienda (y empezando a susurrar que se vayan todos) se comparta de una forma bastante más madura que los políticos que quieren disputarse su voto, los que aspiran a instrumentalizarlos. Son mucho más jóvenes y casi que están mejor organizados. Me he cruzado con algún que otro periodista de medios de inclinación conservadora que me ha planteado sus hipótesis: estos están propulsados por alguien, son el brazo político-movimentista de un partido. No, no, nada más lejos que la realidad. A día de hoy, tanto el Sindicato de Inquilinas como la Coordinadora Juvenil Socialista son organizaciones políticas mucho mejor organizadas, más serias y adultas que partidos como Podemos. A los hechos me remito. A los niños hay que ir a buscarlos a otra parte: los que están en la acampada son los adultos en la habitación.

Lo mejor que podría hacer esta semana la otra parte interesada, el Frente Amplio, es comportarse también como los otros adultos en la habitación. El espectáculo de la semana pasada fue bochornoso y no ha de repetirse, pero parece, por suerte, que han asumido a tiempo que había que bajarse de la burra, cedido en algunas pretensiones: Emilio Delgado es el mejor número uno posible para la izquierda en 2026 en lo que a la lista madrileña al Congreso se refiere, y esto, tan evidente hoy, no lo parecía tanto para algunos de sus responsables hace días. Pero han optado por parar con las regresiones infantiles. También lo ha hecho Ada Colau, postulada como candidata de esa coalición a la presidencia del Gobierno, al asumir esa nominación con un mensaje en el cual, sobre todo, ofrecía una lista de aterrizaje a los de Podemos. O sea: les ofrecía el cobijo de una guardería y pedía el cese de las chiquilladas que, desde fuera, nadie entiende. Es la única opción sana (y adulta) para sobrevivir, en vez de enredarse en disputas enquistadas y vendettas que, a estas alturas, a nadie le importan. El futuro sigue en Sol, pero, mientras tanto, la izquierda se divide, más a menos, entre adultos comportándose como niños y niños comportándose como adultos. Ya lo decía Lacan: un rey que se cree rey está tan loco como cualquier mendigo que se crea lo mismo.

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