Se lo escuché a Pablo Motos hace unas semanas: cuando el demiurgo de El Hormiguero dirigía Protagonistas de Valencia en Onda Cero, le “llevaba el consomé” al genial Luis Sánchez Polack, o sea, a Tip, ínclita señoría de ese milagro inigualable del humor radiofónico que fue “El debate sobre el estado de la nación”. En cierta ocasión, a Motos le llamaron para contactar con Tip del programa de Raffaella Carrà, el del “Si fuera…”. Solicitaban su presencia a cambio de un pastizal mareante. Cuando el periodista le trasladó el recado al humorista, este le respondió: “La verdad es que me gustaría muchísimo ir, pero es que no me da la gana”.
No tengo el gusto de conocer personalmente a Marta Gómez Montero. Algún amigo que tenemos en común me la ha descrito como una excelente profesional de la información que se prepara al dedillo los temas que se abordan en las tertulias donde participa. Se forjó en la TVG, se consagró en la SER y la hemos visto como analista en Antena 3, en Telemadrid o en Trece TV. Mujer ponderada y educada, es un rostro habitual de la RTVE que preside José Pablo López, donde ejerce de ínfimo contrapeso ideológico. Es la pluma de gorrión que se contrapone al yunque: están los hooligans como Jesús Maraña, Marta Nebot, Sarah Santaolalla o Ernesto Ekaizer, y luego, ella. Por la pluralidad, tú.
Una pluralidad que Gómez Montero defendió, muy poco antes, en la edición vespertina del programa del que se marchó entre lágrimas el sábado por la noche: en un bloque titulado “Ayuso acusa a TVE de deslealtad”, la periodista declaró que en Malas lenguas, el Sálvame político que comanda Jesús Cintora, “se ve la pluralidad en esta mesa; por la mañana, en Los Desayunos, en Mañaneros”. “Cada uno”, añadió, “hablamos con absoluta libertad, aunque a veces no guste lo que decimos”.
Abundan en las redes los cortes en los que Cintora –quien, como informó La Vanguardia, fue despedido en 2015 de Cuatro por un “expediente disciplinario que el periodista tenía abierto por maltrato a su equipo”– alza la voz o pretende ridiculizar a todo tertuliano que le niegue la divinidad a Pedro Sánchez. En la noche del sábado, mientras descuartizaban a Feijóo el portavoz del Maharishi Zapatero que preside el Ateneo o el evangelista de Blas Infante que cloqueó ante una Berna González Harbour que criticaba a Ábalos y a Koldo, Gómez Montero se desbordó, se rompió, vamos, le dijo al politruk que no la volvería a humillar, que aguantó “por pagar las facturas” y “por mis hijos”, citó El coronel no tiene quien le escriba y concluyó así: “Yo, Cintora, prefiero comer mierda”. “Bueno”, comentó el moderador, conteniendo su sonrisilla gozosa, “ha decidido irse Marta Gómez Montero. Ella sabrá, ella sabrá”. En X, Rosa María Artal, de eldiario.es, escribía: “Tienen la diferencia (sic) de pedir disculpas a una tertuliana que evidencia, ella sabrá por qué, una crisis emocional y se rompió en el programa (sic) espero que no fuera una treta”. Viva la sororidad, tía.
A diferencia de la hermana Artal, creo –o quiero creer– que el escarnio que sufrió Gómez Montero no fue un melodrama, como el que se representó hace unos meses, en el mismo escenario, con Ernesto Ekaizer. La afrenta, terrible, no pilla de sorpresa: cuando en una playa hay un cartel que alerta de la presencia de tiburones y se avistan las aletas dorsales de los escualos, a nadie le extraña que aquel que se dé un chapuzón en semejantes condiciones salga del agua con un mordisco y sin un brazo. Va, en fin, mi más cálido abrazo a una colega de la que, ya digo, me han hablado estupendamente. A cuidarse de los seláqueos. Habrá, como Tip, que dejar de ir a los sitios donde no nos dé la gana estar.

