Opinión

Soledad en los chicos jóvenes: la puerta de entrada a la machosfera

Grooming digital
La mayoría de las víctimas son niñas y la edad media es de 13 años
KiloyCuarto
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Es habitual leer críticas sobre la machosfera, esa trinchera digital formada por hombres que reivindican una vuelta a la masculinidad tradicional. Pero no es tan común analizar las causas que provocan este fenómeno y señalar cómo perjudica también a los varones, sobre todo a los más jóvenes.

La razón principal que facilita la creación de una machosfera es el funcionamiento de las plataformas y sus algoritmos, que dan mayor visibilidad a los contenidos estereotipados, nos aíslan en burbujas desinformativas en función de nuestro sexo y propician el enfrentamiento. Este es el análisis más repetido en los foros tecnológicos, en los que se reclama una regulación del espacio digital.

unas manos de varios hombres rodean a una mujer de espaldas
Las agresiones en grupo se han casi duplicado en cinco años
KiloyCuarto

Pero esto no ocurre en el vacío, sino en un contexto muy concreto en el que los adolescentes encuentran dificultades para construir vínculos presenciales, debido a la ausencia de espacios físicos y actividades dedicadas a ellos donde puedan pasar más tiempo. A esto se suma la ausencia de educación afectiva y sexual, tanto en su vida académica como en sus entornos familiares. Estas carencias abocan a los jóvenes a pasar cada vez más tiempo conectados a las pantallas, en busca de atención, sentido de pertenencia y refuerzo de su autoestima.

Por esa razón, cuando hablamos de la machosfera no debemos plantear este problema culpando a los jóvenes, sino identificando qué deficiencias plantea nuestro contexto social y reconociendo su vulnerabilidad.

Es necesario señalar que el uso de las pantallas dificulta todavía más que puedan romper ese aislamiento.

• Búnker emocional. La masculinidad tradicional enseña a los chicos a reprimir sus sentimientos, impidiéndoles reconocer sus dificultades y pedir ayuda. Esto construye una barrera que dificulta su comunicación y les aísla.

• Falta de confianza en el futuro. Muchos adolescentes sienten una gran incertidumbre sobre el futuro. La machosfera se caracteriza por poner el foco sobre las amenazas y peligros (esto es pasto para los algoritmos) pero no ofrece alternativas, ni visiones positivas o constructivas. Lo que acrecienta aún más la sensación de frustración y miedo.

• Relaciones muy superficiales. Tener un número elevado de seguidores no significa tener muchas amistades. Esta cifra puede transmitirles una falsa sensación de comunidad, pero no representa relaciones personales profundas ni estables, sino interesadas y puntuales.

Para terminar con la machosfera no es suficiente con regular el espacio digital, también debemos actuar en la esfera social, reforzando la educación afectiva y sexual en las diferentes etapas educativas. No como charlas puntuales cada 8 de marzo, sino como un acompañamiento a lo largo de todo su desarrollo.

También debemos crear espacios físicos de socialización y programas de actividades atractivas para los jóvenes, que sirvan como punto de encuentro y les brinden la posibilidad de crear lazos físicos y estables dentro de su entorno.

Y, por último, recuperar el rol de las familias y de los centros educativos, proyectándolos como espacios de referencia, dándoles apoyo institucional, recursos y formación al profesorado, para que dispongan de herramientas con las que acompañar y atender adecuadamente a su alumnado.

La pregunta que debemos hacernos no es únicamente qué están viendo nuestros jóvenes en internet, sino qué carencias están provocando que esos contenidos sean el referente principal en su aprendizaje.
Una sociedad que deja a los adolescentes a la deriva en su transición hacia la vida adulta, no es una sociedad más libre, sino más vulnerable.