Alberto Núñez Feijóo sabe que la del 29 de noviembre es su última oportunidad. Y por eso no quiere errores. Lleva preparando la campaña desde mucho antes de que Pedro Sánchez compareciera para anunciar el adelanto, hace ahora justo una semana. Este lunes, ambos líderes vuelven a verse en los tradicionales corrillos del Palacio Real por la Fiesta Nacional. Aunque en sus equipos no esperan nada, más allá de un breve cruce de miradas. Hace mucho tiempo que la relación entre el presidente y el jefe de la oposición está completamente rota.
“Mando yo”
Después de la Junta Directiva del pasado jueves, Feijóo convocó a sus barones territoriales a un restaurante próximo a la sede nacional. La comida duró algo menos de dos horas. Pero al líder del PP le bastaron unos minutos para dejar claro cuál era el mensaje que les quería transmitir: “En esta campaña mando yo”. “Que igual que él respetó nuestra línea de trabajo cuando fueron las autonómicas, ahora nosotros tenemos que respetar la suya”, según la traducción de uno de los asistentes.

Feijóo les amenazó “con el látigo” de Miguel Tellado, según bromeó al terminar uno de los comensales. El secretario general también participó en la cita, al igual que Mar Sánchez y Marta Valera. “Nos ha atizado pero bien”, coincidió otro presidente autonómico. “Nos quiere atornillar más porque en las últimas generales hubo quien se relajó”. Las órdenes serán verticales, de Génova a las estructuras autonómicas y provinciales. Y se revisará el cumpliendo del trabajo. “Nos han encargado la parte más analógica de la campaña, el mitin clásico en un pueblo o una entrevista en una radio local”, explican desde las estructuras.
Un nombre rondó la cabeza de varios de los participantes: Isabel Díaz Ayuso. “Ella es la experta en barbaridades”, en palabras de uno de sus homólogos. Por “problemas de agenda” la presidenta madrileña no estuvo en la comida, tampoco en la Junta Directiva, pero se ha visto en dos ocasiones con Feijóo en los últimos días. En Génova, aluden a un “reparto de papeles” para rechazar fricciones, aunque algunos miembros de la dirección deslizan que eso no es del todo exacto. “No puede ser que el primer mensaje de la campaña sea el de Ayuso dudando del voto por correo”, según un vicesecretario. El único que se atrevió a llamarle al orden fue Borja Sémper.

El centro político
De fondo, Feijóo cree que, esta vez sí, va a llegar a la Moncloa, por mucho que pida a los suyos no dar nada por ganado. “Moncloa está diciendo estos días que si la remontada, que si la vivienda como vector de voto, que si pueden ser primera fuerza… Tienen derecho a intentar engañar a la gente pero las encuestas son las que son”, sentencian en el entorno del líder gallego. En Génova aseguran que, pese al caso de Maricarmen Abascal, el bloque de la derecha supera al de la izquierda en 16 puntos.
Para mantener esa brecha, Feijóo se ha puesto como objetivo al votante que osciló en las últimas citas electorales. “El que votó a Mariano Rajoy, a Albert Rivera y después a Pedro Sánchez”. Es la teoría del “pendulazo”, con el votante de centro en el punto de mira. “Hemos decidido dejar el flanco derecho para situarnos en el punto central del tablero”, explican las fuentes consultadas. Hasta siete puntos estarían en juego.

Así, Feijóo se prepara para ofrecer su perfil más presidencial, el que encandiló a grandes mayorías en Galicia. “Hay que ceñirse al plan y no perder la calma. No podemos convertirnos en nuestro peor enemigo”, avisa un histórico del partido. “No pasará como en 2023. No somos los mismos… no estamos ni para tonterías ni para egos”, replican en el entorno del líder. “Es la madre de todas las batallas”, como resumió el propio Feijóo ante la Junta Directiva del PP.

