Margarita Robles volverá a ocupar el número dos de la candidatura del PSOE por Madrid, justo detrás de Pedro Sánchez. Pese a las discrepancias y los roces que han aflorado en episodios como la crisis de Ceuta, la ministra de Defensa conserva la confianza del presidente y regresa a uno de los puestos más simbólicos de la lista socialista. Una posición que tradicionalmente han ocupado las vicepresidentas y que, en virtud de las listas cremallera, debe corresponder a una mujer.
Su presencia tiene una lectura que va más allá de la aritmética electoral. Robles representa una forma de entender la política que no siempre encaja con la lógica del argumentario: la de quien reivindica el sentido de Estado, defiende a las Fuerzas Armadas y no renuncia a expresar sus discrepancias cuando considera que están en juego las instituciones. En un Gobierno en el que la disciplina de partido marca buena parte del discurso público, la ministra mantiene un perfil propio, con un lenguaje más institucional que partidista.

Magistrada de carrera, vocal del Consejo General del Poder Judicial y exsecretaria de Estado de Interior durante los gobiernos de Felipe González, llegó a las listas socialistas en 2016 como independiente. Desde que asumió la cartera de Defensa en 2018, ha convertido la defensa de los militares en una de sus principales señas de identidad. Ha reivindicado su profesionalidad, su preparación y su papel en las misiones internacionales, al tiempo que ha impulsado la visibilidad de las mujeres en las Fuerzas Armadas y su acceso a puestos de responsabilidad.
Esa cercanía también se ha trasladado a situaciones delicadas. Durante la crisis migratoria de Ceuta, Robles no tuvo reparos en acercarse a los ciudadanos que reclamaban respuestas ante la entrada masiva de personas desde Marruecos. Su mensaje fue claro: Ceuta y Melilla son España y su soberanía no está en cuestión. En un momento de inquietud para los ceutíes, la ministra optó por dar la cara y escuchar, sin esconderse detrás de una respuesta prefabricada.
También sostuvo públicamente que el Centro Nacional de Inteligencia había informado sobre la convocatoria previa a la entrada masiva, en una controversia que la enfrentó a las explicaciones del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Más recientemente, las tensiones en torno a la crisis de Ceuta han vuelto a aflorar a raíz de la filtración del incidente con la Armada marroquí, un episodio que ha alimentado el debate sobre la gestión de la información y la respuesta del Gobierno. Robles ha demostrado así que su lealtad al Ejecutivo no implica necesariamente asumir sin matices todas sus versiones.

En el Consejo de Ministros, su figura funciona en ocasiones como contrapunto a la política de comunicación de Moncloa: frente al mensaje calculado, la apelación a las instituciones; frente a la urgencia del argumentario, la defensa de los procedimientos y de quienes los ejecutan. No significa que mantenga una posición de oposición dentro del Gobierno, sino que su perfil público se ha construido sobre códigos distintos a los de la confrontación partidista.
Recolocar a los ministros
La lista de Madrid, vuelve a concentrar al núcleo duro de Sánchez. El presidente se rodeará de una parte sustancial de su Gabinete, con hasta once ministros repartidos entre las candidaturas socialistas. En la capital, donde el PSOE aspira a asegurar alrededor de diez puestos de salida y a arañar alguno más con el aumento a 38 de los escaños en disputa, la composición de la candidatura sirve también para medir el peso de cada dirigente en el proyecto del presidente.
Fuentes socialistas han interpretado estos movimientos como una forma de mantener a dirigentes de confianza en posiciones institucionales y territoriales relevantes, también ante los escenarios que puedan abrirse después de las elecciones.

La inclusión de Antonio Hernando como número uno al Senado por Madrid también ha llamado la atención en sectores socialistas. Su regreso a una posición de salida en la capital contrasta con su vinculación con Almería, donde preside la agrupación de Roquetas de Mar y está empadronado. Anabel Mateo, su mujer, encabezará la candidatura socialista al Congreso por Almería. Fuentes del PSOE consultadas ven en estos movimientos algo más que una decisión electoral: una operación para recolocar a dirigentes de confianza en puestos institucionales que les garanticen continuidad e influencia. Una estrategia que, a su juicio, apunta ya a los equilibrios internos y a la eventual sucesión de Sánchez, con el objetivo de mantener a los suyos en posiciones de poder tanto en Madrid como en los territorios.
En ese tablero, Robles ocupa un lugar singular. Es una de las ministras más reconocibles del Ejecutivo y una pieza de confianza del presidente, pero también una figura a la que no se identifica de una manera tan clara con el sanchismo. Su papel es, en cierto modo, el contrapunto del Gobierno sometido a la presión permanente de la batalla política; la de quien ha hecho de la defensa de los militares una cuestión personal y política.

