Nunca antes el Senado había gastado tanto dinero en cubrir el viaje y el traslado de sus señorías. En menos de 4 años de legislatura (inacabada por el adelanto electoral), el Senado ha destinado más de 9 millones de euros al traslado de los senadores a la Cámara alta. De esto sólo tenemos datos desde hace 10 años. Antes no se hacían públicos los gastos de ambas cámaras en materia de viajes y desde entonces, han pasado ya 5 legislaturas. Sin embargo, ninguna ha conseguido superar la cifra de estos últimos 3 años. El Senado se hace cargo de los viajes de los parlamentarios en cualquier medio de transporte siempre y cuando esté relacionado con su actividad parlamentaria. En el caso de que el senador haga trayectos en su coche particular se le abona 25 céntimos por kilómetro recorrido y si, por el contrario, prefiere hacerlo en taxi en traslados urbanos, puede pagar los viajes con una “tarjeta” que el Senado proporciona a cada parlamentario por un límite anual máximo de 3.000 euros.
Hasta ahora, la tendencia ha sido que el Senado se ha utilizado con mucha menor frecuencia que el Congreso. El sistema bicameral español es asimétrico y eso hace que la última palabra la tenga la Cámara Baja donde se acumula también la preeminencia política en prácticamente todas las funciones del Estado. Aunque es cierto que el Senado examina, propone enmiendas o puede vetar los proyectos de las leyes, el Congreso siempre será quien pueda levantar ese bloqueo haciendo que el Senado en la práctica sirva únicamente como una cámara de representación territorial.
El contrapeso del PP
La anomalía de esta legislatura, en la que el Congreso de los diputados contaba con una realidad política distinta a la del Senado, ha hecho que el Partido Popular utilice su mayoría absoluta la Cámara Alta para intentar cercar al Gobierno. Es en esta estrategia, la de ejercer control sobre el Ejecutivo, en la que se enmarca los gastos del Senado en el viaje de sus parlamentarios.
“Es normal”, dicen desde el Partido Popular, donde no les resulta extraña la cifra por muchos récords que haya batido. “Date cuenta que hemos tenido tres plenos al mes y siete comisiones de investigación, más todas las comisiones ordinarias”, concretan desde el grupo popular en el Senado.

A sólo dos millones del Congreso
Para que esto pueda entenderse con perspectiva, el Congreso de los Diputados, que tiene mucha más actividad parlamentaria que el Senado, ha gastado en esta legislatura y según los datos recogidos por este periódico hasta 11.870.281 euros. Sólo dos millones más que en la Cámara Alta, que normalmente acostumbra a hacer un gasto mucho más bajo que el de su compañero.
En esta última legislatura, el Senado ha gastado más en viajes que las dos únicas legislaturas completas en las que se registraban estos gastos. La comprendida entre 2019 y mayo de 2023, el Senado registró un gasto de 8,7 millones de euros en desplazamientos y en la legislatura comprendida entre julio de 2016 y marzo de 2019 cerró la factura por un valor total de 8,4 millones de euros.
Lo desembolsado en viajes supera por mucho cualquier dato oficial registrado hasta la fecha y no es más que la representación de la realidad política que ha atravesado nuestro país. De los 266 senadores que hay en total, el Partido Popular cuenta con 141. Esta mayoría absoluta, necesaria para superar la barrera necesaria en la toma de decisiones clave, ha servido para que el PP intente desplegar su actividad fiscalizadora contra el Gobierno en esta cámara.

Comisiones simultáneas
La puesta en marcha simultánea de varias comisiones de investigaciones (como el caso Koldo, el rescate de la SEPI, la gestión de la DANA, o la red ferroviaria) ha disparado los costes de transporte obligando a muchos parlamentarios a trasladarse a la capital de forma mucho más recurrente.
Esta factura histórica, no obstante, apunta casi seguro a que bajará en la siguiente legislatura. Aunque esto dependerá casi en su totalidad del resultado de las próximas elecciones generales, si las urnas dibujan un Senado con una mayoría en mayor sintonía con el Gobierno central (sea del color que sea), se cerrarían gran parte de las comisiones aún abiertas, habría menos plenos extraordinarios y el Congreso volvería a recuperar el 90% de su pulso habitual.

