Salud

“Es ansiedad”: el sesgo médico que retrasa el diagnóstico de enfermedad autoinmune en mujeres

Las mujeres tienen hasta un 74% más de probabilidades que los hombres de recibir un diagnóstico erróneo

Mujer que sufre dolor de garganta.
Mujer que sufre dolor de garganta.
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Una paciente llega a la consulta con un cansancio que no desaparece ni después de dormir diez horas. Le duelen las articulaciones, algunas mañanas apenas puede levantarse y hay días en que hasta concentrarse resulta un esfuerzo. Las analíticas iniciales no ofrecen una explicación clara. Quizá esté atravesando una época de estrés y necesite descansar o tal vez tenga que aprender a gestionar mejor sus emociones. Pasan los meses, los síntomas empeoran y un especialista descubre por fin que aquello que parecía un problema psicológico era, en realidad, una enfermedad autoinmune.

Una investigación publicada este martes en eClinicalMedicine, revista del grupo The Lancet, revela que el sexo de una persona condiciona el diagnóstico de enfermedades como el lupus, la artritis reumatoide o alteraciones autoinmunes de la tiroides. El trabajo, dirigido por investigadores de las universidades británicas de Cambridge y East Anglia, ha analizado las experiencias de 6.607 pacientes y ha encontrado diferencias entre mujeres y hombres.

La artritis reumatoide afecta tres veces más a mujeres
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El 43% de las mujeres declaró que sus síntomas habían sido atribuidos erróneamente a una causa psiquiátrica, frente al 33% de los hombres. La distancia aumentaba cuando se trataba de diagnósticos psicosomáticos, aquellos que atribuyen los síntomas físicos a factores psicológicos. Un 34% frente a un 22%.

Antes se decía histeria; ahora, ansiedad

Los investigadores calcularon que las mujeres tenían un 46% más de probabilidades de comunicar un diagnóstico psiquiátrico erróneo y un 74% más de referir uno psicosomático. Además, entre los hombres, el intervalo diagnóstico más frecuente era inferior a tres meses. Para ellas, de uno a dos años. Un periodo durante el cual siguen trabajando y cuidando de sus familias sin una explicación a su deterioro físico.

Es verdad que la medicina ya no utiliza la palabra histeria para describir los síntomas inexplicables de una mujer. Sin embargo, la nueva investigación plantea que algunos de los prejuicios siguen presentes, aunque hayan cambiado de nombre. Melanie Sloan, investigadora del Departamento de Salud Pública y Atención Primaria de Cambridge y una de las responsables del estudio, señala que el problema es dar por terminado la atención de la paciente sin haber identificado la causa de los síntomas.

Las enfermedades autoinmunes complican este proceso. Se producen cuando el sistema inmunitario, encargado de defendernos de agentes externos, ataca por error los tejidos del propio organismo. Algunas afectan a órganos concretos y otras pueden comprometer articulaciones, riñones, piel, pulmones o sistema nervioso. Los primeros síntomas tampoco ayudan. La fatiga intensa, los dolores musculares, el insomnio, la dificultad para concentrarse o los cambios de ánimo son manifestaciones frecuentes en muchas enfermedades, pero también en situaciones que no tienen un origen autoinmune. Además, pueden aparecer y desaparecer, cambiar de intensidad o afectar a distintas partes del cuerpo.

Entre las mujeres participantes en el estudio británico, casi una cuarta parte padecía alguna enfermedad tiroidea autoinmune, como la tiroiditis de Hashimoto o la enfermedad de Graves. Aproximadamente una de cada siete tenía lupus eritematoso sistémico.

España también reconoce el problema

En España existen investigaciones y advertencias profesionales que apuntan en esta misma dirección. En marzo de 2026, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, la Sociedad Española de Reumatología (SER) alertó de los sesgos de género que condicionan el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades reumáticas. Su presidente, Marcos Paulino, recordó que la medicina ha utilizado históricamente el cuerpo masculino como referencia y defendió la necesidad de incorporar las diferencias entre hombres y mujeres.

La tiroides autoinmune, cuyo trastorno más frecuente es la tiroiditis de Hashimoto, es una afección en la que el sistema inmunitario ataca por error a la glándula tiroides
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La artritis reumatoide, una enfermedad autoinmune que puede producir dolor, inflamación y daño articular, afecta hasta tres veces más a las mujeres. Según explicó entonces Helena Borrell, reumatóloga del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, las diferencias no responden exclusivamente a factores biológicos. El género influye también en la búsqueda de atención sanitaria, la percepción de los síntomas y los tiempos de diagnóstico.

Otro ejemplo es el lupus. El registro RELESSER, promovido por la Sociedad Española de Reumatología, reunió datos de más de 4.000 pacientes atendidos en 45 centros españoles. El 90% eran mujeres y la media de edad en el momento del diagnóstico se situaba en 33 años. Hablamos de una patología que irrumpe con frecuencia cuando las mujeres están en plena carrera profesional, formando una familia o criando a sus hijos.

Según una encuesta realizada por la Federación Española de Lupus (FELUPUS), cuyos resultados se publicaron en Clinical Rheumatology, el 73% considera que existe un gran desconocimiento social de la enfermedad y un 92% reconoce que, cuando recibió el diagnóstico, sabía muy poco sobre ella.

Ese desconocimiento también preocupa a los profesionales. En febrero de 2025, durante un simposio celebrado en Santander, la Sociedad Española de Reumatología indicó que todavía se producen retrasos en el diagnóstico del lupus, la esclerodermia y algunas miopatías. Ricardo Blanco, jefe de Reumatología del Hospital Marqués de Valdecilla, señaló la dificultad de identificar enfermedades cuyos síntomas iniciales son inespecíficos y pueden confundirse con otras patologías. Propuso, entre otras medidas, mejorar el acceso a especialistas, reforzar la formación y establecer protocolos diagnósticos más precisos.

Tres años hasta ponerle nombre

El síndrome de Sjögren es un buen ejemplo. Esta enfermedad autoinmune afecta principalmente a las glándulas productoras de lágrimas y saliva, aunque también puede causar cansancio, dolor articular y alteraciones en otros órganos. En España, el registro SJÖGREN-SER estudió a 437 pacientes de 33 centros sanitarios. El 95% eran mujeres. La aparición del primer síntoma se situaba alrededor de los 47 años, mientras que la del diagnóstico rondaba los 50.

La Sociedad Española de Reumatología ha reconocido que este retraso, que puede prolongarse varios años, demora el tratamiento adecuado, favoreciendo la progresión de la inflamación, las complicaciones y el daño en los órganos afectados. Una revisión sistemática publicada en Rheumatology en 2025, que reunió 25 estudios internacionales sobre lupus, calculó un retraso de 18 meses. En los estudios que permitían analizar las diferencias por sexo, las demoras estimadas eran mayores entre las mujeres.

La secuela invisible

Otra consecuencia es la pérdida de confianza. El equipo de Melanie Sloan encontró en otra de sus investigaciones que quienes reciben un diagnóstico psiquiátrico o psicosomático erróneo presentan mayores niveles de ansiedad y depresión y un menor bienestar psicológico. No obstante, tener una enfermedad autoinmune no excluye padecer también ansiedad o depresión. De hecho, determinadas patologías, como el lupus, pueden afectar directamente al sistema nervioso, y vivir con dolor crónico o limitaciones físicas supone una carga emocional importante.

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