Día Mundial del Cáncer de Mama

Más de 38.000 diagnósticos y una supervivencia del 89%

La investigación abre nuevas posibilidades, incluso para las mujeres jóvenes que desean ser madres, pero las secuelas físicas, sexuales, psicológicas y laborales siguen siendo la cara menos visible de la enfermedad

Más de cien mujeres reciben cada día un diagnóstico de cáncer de mama en España. Algunas tienen hijos pequeños, otras están pensando en quedarse embarazadas y muchas se encuentran en plena madurez profesional. Para todas, la noticia supone una interrupción brusca de su vida, aunque el pronóstico sea hoy mejor que hace dos décadas. “Gracias al diagnóstico precoz y a los avances en los tratamientos, el 89% ya tiene cura”, avanza Cristina Saura, coordinadora del estudio Positive en España, jefa de la Unidad de Cáncer de Mama del Hospital Universitario Vall d’Hebron e investigadora principal en el Programa de Cáncer de Mama del VHIO.

La medicina ha aprendido a tratar tumores que antes ofrecían pocas posibilidades, a reducir recaídas y a evitar tratamientos innecesariamente agresivos. Sin embargo, sobrevivir al cáncer no siempre significa recuperar la vida anterior. Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, las cifras que se presentan dibujan un panorama de avances y asignaturas pendientes. Según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), durante 2026 se diagnosticarán 38.318 nuevos casos. Es el tumor más frecuente entre las mujeres españolas y representa cerca del 29 % de todos los cánceres femeninos.

La incidencia mantiene una trayectoria ascendente. En 2022 se estimaron 34.750 diagnósticos; en 2025 fueron 37.682 y la previsión para este año supera los 38.000. El incremento ronda el 10 % en cuatro años, aunque no significa que el riesgo individual haya aumentado en esa misma proporción. El envejecimiento de la población, los cambios reproductivos, determinados hábitos de vida y la mejora en la detección precoz contribuyen a explicar esta evolución.

Una muerte cada 77 minutos

La mortalidad ofrece una perspectiva menos favorable. Según los datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2025 fallecieron 6.839 personas por cáncer de mama, un 2,7 % más que el año anterior. Es prácticamente una muerte cada 77 minutos. Aun así, los tratamientos han transformado el pronóstico. La supervivencia a cinco años se aproxima al 90 %, según los datos consolidados de REDECAN. Una cifra que refleja el progreso de la oncología, pero aún no incorpora los efectos de algunas de las terapias más recientes.

La edad es uno de los principales factores de riesgo. La mayoría de los casos se diagnostica después de los 50 años, aunque los tumores que aparecen en mujeres jóvenes plantean dificultades específicas, especialmente cuando coinciden con proyectos de maternidad o con los primeros años de consolidación laboral, según explica la doctora Saura.

Cristina Saura, coordinadora del estudio POSITIVE en España, miembro de la Junta Directiva de SOLTI y Jefa de la Unidad de Cáncer de Mama del Hospital Universitario Vall d’Hebron
Cedida

Una de las novedades sanitarias de 2026 es la ampliación de los programas públicos de cribado. La Comisión de Salud Pública aprobó en mayo extender las mamografías a las mujeres de entre 45 y 74 años, frente a la franja anterior de 50 a 69. Sin embargo, la implantación será progresiva y las comunidades autónomas disponen de hasta seis años para completar la cobertura.

El problema no consiste únicamente en adelantar la edad de las revisiones, sino en conseguir que las mujeres acudan a ellas y reciban sus resultados a tiempo. Un informe del Ministerio de Sanidad publicado en junio reveló que el 68 % de las mujeres de entre 50 y 69 años declaraba haberse realizado una mamografía durante los dos años anteriores, frente al 81,5 % registrado en 2017. Los datos proceden de la Encuesta de Salud de España de 2023 y muestran importantes desigualdades socioeconómicas. Entre los grupos más favorecidos, la realización reciente de mamografías llegaba al 75-77 %, mientras que entre los más desfavorecidos descendía al 60-62 %.

Además, una evaluación ministerial de los programas de cribado puso de manifiesto carencias en los sistemas de auditoría y en los protocolos para comunicar resultados o garantizar la continuidad del proceso diagnóstico. Detectar una imagen sospechosa es solo el primer paso. Después hay que evitar que la paciente quede atrapada entre citas, derivaciones y esperas.

Tratamientos personalizados

La transformación más importante de los últimos años procede de la oncología personalizada. “Ya no basta con conocer el tamaño de un tumor o su localización. Hay que estudiar sus características moleculares para identificar qué tratamientos pueden resultar más eficaces y cuáles podrían evitarse”, indica Saura.

Uno de los grandes avances son los anticuerpos conjugados a fármacos, capaces de transportar medicamentos citotóxicos hacia células tumorales con determinadas características. El ensayo internacional DESTINY-Breast09 ha demostrado que la combinación de trastuzumab deruxtecán y pertuzumab prolonga significativamente el tiempo durante el cual la enfermedad permanece controlada en pacientes con cáncer de mama HER2 positivo avanzado.

España participa activamente en estas investigaciones a través de grupos cooperativos como GEICAM y SOLTI. El ensayo PATINA ha demostrado que añadir palbociclib al tratamiento de mantenimiento de determinadas pacientes con cáncer avanzado HER2 positivo y hormonodependiente puede prolongar más de quince meses la media de supervivencia sin progresión. Por su parte, NATALEE ha aportado nuevas pruebas sobre la reducción del riesgo de recaída en pacientes seleccionadas con tumores localizados.

La investigación también persigue evitar tratamientos innecesarios. Los análisis genómicos permiten identificar a mujeres que pueden prescindir de quimioterapia sin comprometer su pronóstico. Se trata de intensificar las terapias cuando resulta necesario y reducir su toxicidad cuando el beneficio esperado no justifica determinados efectos secundarios.

La inteligencia artificial aplicada a las mamografías y la biopsia líquida, que busca señales moleculares del tumor en muestras de sangre, amplían las posibilidades de una medicina cada vez más precisa, aunque varias de sus aplicaciones todavía se encuentran en investigación.

Ser madre después del cáncer

Entre los avances recientes destaca una investigación que responde a una pregunta que angustia a muchas pacientes jóvenes: ¿podré tener hijos después del cáncer de mama? Cristina Saura coordina en España el estudio internacional POSITIVE, desarrollado con la participación de los grupos SOLTI y GEICAM.

La investigación ha analizado qué sucede cuando mujeres jóvenes con cáncer de mama hormonodependiente interrumpen temporalmente el tratamiento hormonal para intentar un embarazo. Esta hormonoterapia suele prolongarse entre cinco y diez años y es fundamental para reducir el riesgo de recaída. “El problema es que coincide con una etapa de la vida en la que muchas pacientes todavía no han tenido hijos o desean ampliar su familia. Hasta hace relativamente poco, la perspectiva de interrumpirla generaba una enorme incertidumbre”.

POSITIVE incluyó a 518 mujeres de 42 años o menos que habían completado entre 18 y 30 meses de terapia endocrina y deseaban quedarse embarazadas. Se permitió una interrupción de hasta dos años, siempre bajo control médico y con la recomendación de retomar posteriormente el tratamiento.

Embarazo
Embarazo en la recta final

Los resultados, publicados con un seguimiento mediano de casi seis años, son esperanzadores. “El 76 % de las participantes consiguió al menos un embarazo y el 69 % tuvo al menos un nacimiento vivo. En total nacieron 440 niños, incluidos varios partos múltiples. Más del 80 % de las mujeres que permanecían libres de enfermedad tras el embarazo reanudaron posteriormente la hormonoterapia”, explica la oncóloga.

La investigación aporta también información sobre reproducción asistida, preservación de la fertilidad y lactancia. Aunque el seguimiento continuará, el estudio prueba que el diagnóstico de cáncer ya no tiene por qué cerrar definitivamente la puerta a determinados proyectos vitales.

El 80% no tiene factores de riesgo

Pese a los progresos de la investigación, la medicina todavía no puede explicar por qué una mujer concreta desarrolla la enfermedad. La Organización Mundial de la Salud señala que aproximadamente el 80 % de los casos aparece en mujeres sin factores de riesgo específicos conocidos, más allá del sexo y la edad.

Las mutaciones hereditarias, especialmente en los genes BRCA1 y BRCA2, aumentan considerablemente la predisposición, aunque solo entre el 5 % y el 10 % de los cánceres de mama están relacionados con alteraciones hereditarias de alto impacto. “También influyen factores hormonales y reproductivos, así como el consumo de alcohol, la obesidad después de la menopausia y el sedentarismo”, añade Saura.

El aumento de la supervivencia ha revelado las dificultades de quienes, una vez superado el tratamiento inicial, intentan recuperar su vida. Un estudio del Observatorio de la Asociación Española Contra el Cáncer, realizado con 1.293 supervivientes, muestra que aproximadamente dos de cada tres sienten miedo a sufrir una recaída. El 68 % considera que la enfermedad ha frenado su carrera profesional y el 24 % asegura que tuvo que abandonar su trabajo después del diagnóstico.

Las secuelas físicas tampoco desaparecen con el alta oncológica. Fatiga persistente, dolores articulares, pérdida de movilidad, problemas cardíacos, alteraciones cognitivas o consecuencias de la menopausia inducida por los tratamientos pueden prolongarse durante años. Más de la mitad de las participantes en el estudio refiere dificultades sexuales. La pérdida de deseo, la sequedad vaginal, los cambios en la imagen corporal o la infertilidad afectan a la intimidad y las relaciones de pareja. Sin embargo, la sexualidad sigue siendo uno de los aspectos menos abordados en muchas consultas.

A ello se suma el impacto psicológico. La revisión médica puede convertirse en una fuente de ansiedad, una molestia aparentemente insignificante despierta el temor a una recaída y las cicatrices de una mastectomía pueden modificar profundamente la relación con el propio cuerpo. Las consecuencias económicas agravan esta situación. Las bajas laborales prolongadas, la pérdida de ingresos o la necesidad de costear determinados tratamientos de rehabilitación pueden convertir la recuperación en una carrera de obstáculos.

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