Entrevista

Almendralejo, tres años después de las deepfakes sexuales: “Mi hija será adulta y alguien podrá sacar esa foto”

Arranca el colegio y la preocupación de los padres por el uso de la IA. Hablamos con Miriam Al Adif, la madre que destapó el primer gran caso de desnudos falsos

Almendralejo
La ginecóloga, divulgadora, escritora y conferenciante, Miriam Al Adib, atiende a Artículo14
Cortesía

En septiembre de 2023, en Almendralejo, un grupo de menores utilizó fotografías de niñas y adolescentes, obtenidas principalmente de sus perfiles sociales, para superponer sus rostros sobre cuerpos femeninos desnudos. Las imágenes, suficientemente realistas para parecer verdaderas, comenzaron a circular por grupos de WhatsApp. La Fiscalía identificó a 21 afectadas, de entre 11 y 15 años, y a quince menores responsables de la elaboración y difusión del material.

Una de aquellas niñas era hija de Miriam Al Adib, ginecóloga, escritora y divulgadora especializada en salud y sexualidad femenina. Llevaba años hablando a otras familias de educación sexual, consentimiento y prevención cuando la violencia entró en su propia casa.

-Define lo ocurrido en Almendralejo como cuatro violencias concentradas en un solo acto.

-El deepfake combina cuatro violencias a la vez. En primer lugar, violencia sexual, porque utiliza la desnudez. En segundo lugar, violencia de género, porque se hace contra ella por ser una chica, por ser mujer. También hay violencia digital, debido al medio utilizado: la pantalla. Y, por último, acoso escolar. La violencia digital tiene además una característica terrible: desaparecen el espacio y el tiempo. En el acoso escolar, la víctima puede llegar a casa y, al menos durante unas horas, sentirse a salvo. Aquí no. Da igual dónde estés porque la agresión puede alcanzarte en cualquier lugar. Y tampoco existe un límite temporal: la imagen puede volver a aparecer y difundirse en cualquier momento. Son cuatro formas de violencia reunidas en un solo golpe de clic.

-¿Cómo cambia esto las reglas con las que educábamos a nuestros hijos sobre intimidad y sexualidad?

-Las cambia completamente. Si antes necesitábamos educación sexual, que nuestra generación no recibió, ahora la necesitamos todavía más. Lo digital amplifica todo, lo bueno y lo malo. Y a eso se suma el acceso de los menores a las pantallas y a contenidos que no son apropiados para ellos. Estamos viendo incluso cómo se agravan cosas que pensábamos que estábamos superando, como el machismo. Muchos menores están recibiendo su educación sexual a través de la pornografía y eso les ofrece una imagen completamente distorsionada de la sexualidad, en la que las mujeres aparecen muchas veces humilladas y cosificadas. Por eso necesitamos más educación sexual que antes.

“Muchos menores están recibiendo su educación sexual a través de la pornografía”

-Usted llevaba años hablando de educación sexual cuando descubrió una fotografía de su propia hija falsamente desnuda. ¿Cómo vivió ese momento?

-Con mucha conciencia de lo que tenía delante. Detecté inmediatamente esas cuatro violencias y eso me removió muchísimo porque conozco las consecuencias que puede tener cada una. Se me fue incluso la imaginación al futuro. Pensé: “Mi hija, un buen día, está trabajando en una empresa, ya de adulta, y alguien saca esta foto allí”. Porque esto ya es para siempre. Pero esa misma conciencia me permitió saber cómo tenía que actuar. Lo primero fue eliminar la culpa y la vergüenza. Le dije: “Hija, tranquila. Esto no es culpa tuya, no tienes que avergonzarte y yo voy a luchar. Esto no se va a quedar así”. Desde el primer minuto tuve claras dos cosas: primero proteger a mi hija y quitarle la culpa y la vergüenza; después, ponerme a trabajar duro con todo aquello.

El 70% de las denuncias registradas en el canal prioritario de la Agencia Española de Protección de Datos corresponden a violencia digital contra mujeres

-La fotografía no era real. ¿Puede provocar el mismo daño que una imagen auténtica?

-Las consecuencias pueden ser atroces. Yo vi aquella imagen y puedo asegurar que, si no conoces a mi hija, crees que es verdadera. Estaba tan bien hecha que resultaba muy difícil identificar que era falsa. Imagine las consecuencias que eso puede tener durante toda una vida. Yo supe que había chicas que llevaban meses con problemas de ansiedad porque aquellas imágenes estaban circulando y lo estaban pasando muy mal. Fui la última madre que se enteró y fue entonces cuando destapé todo aquello. Afortunadamente, mi hija no tiene secuelas. Pero creo que eso tiene mucho que ver con que desde el primer momento supimos cómo enfocarlo y tuvimos muchísimo apoyo.

-¿Qué debe hacer una familia cuando una hija llega a casa y cuenta algo así?

-Lo primero es tranquilizar a la víctima y no revictimizarla. Supe de una familia que le dijo a su hija: “Esto te pasa por tener móvil”, y la castigó quitándoselo. Al final estás trasladándole la culpa a ella. Cuando existe un componente sexual es muy frecuente que aparezcan la culpa y la vergüenza. Hay que hacer justamente lo contrario: dejarle claro que ella no ha hecho nada. Después hay que denunciar y proporcionarle un entorno seguro. Familia, colegio o instituto y tutores deben actuar unidos. Todo el entorno tiene que evitar culpabilizarla o revictimizarla.

“Cuando existe un componente sexual es muy frecuente que aparezcan la culpa y la vergüenza”

-Su hija no apareció públicamente durante el enorme impacto mediático del caso.

-Mi hija no ha quedado señalada como “la niña del desnudo falso” porque nunca permití que se expusiera. Muchísimos medios me pidieron que hablara ella, aunque fuera con la cara tapada y la voz distorsionada, y nunca lo consentí. Permaneció completamente ajena a toda la presión mediática. Yo tenía además una ventaja: llevaba años trabajando sobre educación sexual y tenía una plataforma en redes sociales. Sabía que aquellos chicos veían mis vídeos y aproveché para mandarles mensajes muy claros. A la mínima que revictimizaran a mi hija, iría a por ellos. Y no solamente a por quienes lo hicieran directamente, sino también a por quienes se rieran, callaran o aplaudieran desde fuera.

Grooming digital
La mayoría de las víctimas son niñas y la edad media es de 13 años
KiloyCuarto

Creo que conseguimos que mi hija no quedara señalada ni fuera nuevamente atacada. Y, entre cómo enfocamos la situación y la suerte que también hemos tenido, no le han quedado secuelas.

-¿Los colegios y los institutos están preparados para una violencia que puede comenzar en una pantalla y trasladarse al aula?

-No trabajo dentro del ámbito educativo y no quiero hablar como si conociera desde dentro el funcionamiento de todos los centros. Pero por nuestra experiencia y por la cantidad de gente que me escribe, sí veo que los protocolos de protección suelen activarse demasiado tarde. Lo comprobamos cada vez que aparece en los telediarios un caso terrible de acoso escolar. Casi siempre llegamos tarde. Y esto también es acoso escolar, solo que se mezcla con violencia digital, sexual y de género.

-¿Hemos dedicado demasiado esfuerzo a enseñar a las niñas a protegerse y demasiado poco a enseñar a los niños que no pueden hacer determinadas cosas?

-Hace falta educación para todos, tanto para las víctimas como para los victimarios. Las víctimas tienen que ser capaces de identificar que están sufriendo violencia para romper el silencio. Mi hija me lo contó en cuanto se enteró, pero otras niñas no se lo dijeron a sus padres. Cuando una educación sexual no está bien enfocada, una chica puede sentir vergüenza y no atreverse a contar lo que le ocurre.
Y también hay que educar a los posibles victimarios. Hay que enseñarles que determinadas conductas no son un juego. Los niños implicados en este caso ni siquiera eran conscientes de la gravedad de lo que estaban haciendo. Utilizaban aquellas imágenes como un juego, se reían y las compartían sin comprender que estaban cometiendo un delito grave.

“Las víctimas tienen que ser capaces de identificar que están sufriendo violencia para romper el silencio”

-La sentencia apostó por medidas educativas para los menores responsables. ¿Le pareció suficiente?

-Sí. Estamos hablando, según la propia sentencia, de pornografía infantil y de un delito contra la integridad moral. No es ninguna tontería. Por delitos de esa gravedad, un adulto va a la cárcel. Pero estamos en un país civilizado y a los menores no se les encarcela: se les educa. Estoy completamente de acuerdo con las medidas que se adoptaron. Lo que hay que conseguir es reeducarlos y que comprendan la gravedad de sus actos.

Los términos que rodean a la violencia digital
KiloyCuarto

-Casi tres años después, ¿una niña está hoy más protegida que su hija entonces?

-Depende de qué entendamos por protegida. Si hablamos de impedir que alguien pueda hacerte algo así, no. Las plataformas siguen existiendo y esto puede ocurrir en cualquier momento. De hecho, sigue ocurriendo. Pero quienes vienen detrás sí tienen algo que nosotras no tuvimos. Cuando empezamos, algunas madres iban a la Policía y ni siquiera les recogían la denuncia porque había quien no entendía aquello como violencia. Decían que eran imágenes falsas.

“Hoy se sabe que estas conductas constituyen un delito, se habla de ellas, se legisla”

No existía una legislación específica, todo era nuevo y nosotras ni siquiera sabíamos si habría una sentencia justa. Esa desprotección es menor ahora. Hoy se sabe que estas conductas constituyen un delito, se habla de ellas, se legisla y una familia puede denunciar sabiendo por dónde empezar. Ya ha habido una sentencia. La tecnología no nos protege más. Lo que ha cambiado es que ahora sabemos ponerle nombre a lo que ocurre. Y eso es importantísimo, porque permite que una niña identifique que está sufriendo violencia, rompa el silencio y pueda contárselo a sus padres.