Los hombres que tienen hijas se vuelven más igualitarios, contratan a más mujeres, pagan mejor, muestran mayor sensibilidad hacia determinadas injusticias sociales y, cuando dirigen una empresa, toman decisiones diferentes. ¿Ser padre de una niña tiene este poderoso influjo?
En mayo de 2026, la profesora de Management de la Universidad de Villanova Corinne Post, especialista en liderazgo y diversidad, recuperó en Forbes lo que en la literatura académica se conoce como daughter effect, el “efecto hija”. Post reunió diferentes investigaciones según las cuales las empresas dirigidas por hombres con hijas obtienen mejores resultados en diversidad, incorporan más mujeres a sus puestos de responsabilidad y manifiestan una mayor sensibilidad hacia cuestiones sociales.
Su teoría no es nueva. La economista Ebonya Washington, actualmente profesora en Columbia, estudió las votaciones de los congresistas estadounidenses y descubrió que los legisladores que tenían más hijas tendían a votar de manera más favorable a determinadas cuestiones relacionadas con los derechos de las mujeres. El artículo apareció en American Economic Review en 2008.
Un problema en carne propia
La sociología lleva años estudiando cómo los padres transmiten valores políticos y sociales a los hijos. Aquí son los hijos quienes podrían estar educando a sus padres. Washington lo llama female socialization. Otros investigadores hablan de aprendizaje vicario. Con un nombre u otro, la idea es que la desigualdad se vuelve menos abstracta cuando puede afectar a alguien a quien queremos. Un hombre puede haber oído hablar durante años de techo de cristal, brecha salarial, acoso o dificultades para ascender. Imaginar que la joven que tendrá que enfrentarse a ellos será su hija le haría cambiar su actitud.
Christopher Cabrera, fundador y consejero delegado de Xactly, lo vivió en primera persona. Esta compañía tecnológica estadounidense se dedica a gestionar sistemas de compensación e incentivos salariales. Cabrera disponía, por tanto, de enormes cantidades de información sobre cuánto cobraban hombres y mujeres. Cuando su hija terminó la universidad, la cuestión de la brecha salarial dejó de resultarle distante. Según explicó después a Fast Company, su hija fue “el catalizador que hizo el problema más personal”.

Cuando examinó sus propias cifras a través de una auditoría interna, Cabrera encontró que las mujeres cobraban entre 5.000 y 10.000 dólares menos que sus compañeros en puestos comparables. La compañía corrigió las diferencias y se comprometió a una revisión salarial periódica.
En 2012, los investigadores daneses Michael Dahl, Cristian Dezső y David Gaddis Ross estudiaron el fenómeno utilizando una amplia base de datos danesa que permitía relacionar empresas, trabajadores, salarios, directivos y familias. Querían saber qué ocurría económicamente cuando un consejero delegado varón se convertía en padre.

El trabajo, publicado en Administrative Science Quarterly, reveló que, después del nacimiento de un hijo, los CEO tendían a contener los salarios de sus empleados mientras aumentaban su propia remuneración. El comportamiento era especialmente acusado cuando nacía un varón. Sin embargo, cuando el primer bebé del ejecutivo era una niña, aumentaban los salarios de los trabajadores, y el incremento era mayor entre las empleadas. Los investigadores observaron aproximadamente un 0,6% de aumento para los hombres y un 1,1% para las mujeres.
Una investigación de la Universidad de Miami y la China Europe International Business School (CEIBS), firmada por Henrik Cronqvist y Frank Yu en 2017 estudió centenares de grandes empresas estadounidenses y relacionaron las características familiares de sus consejeros delegados con sus políticas de responsabilidad social. Las empresas dirigidas por hombres con hijas presentaban mejores resultados en esas variables, especialmente en diversidad, condiciones laborales y políticas relacionadas con los empleados. Desde entonces, varios estudios en China, Suecia y Estados Unidos han encontrado asociaciones semejantes en contratación, composición de equipos directivos y políticas empresariales.
Un 50% la probabilidad de contratar a una mujer
Uno de los experimentos más curiosos se produjo en el mundo masculinizado del capital riesgo. Los economistas Sophie Calder-Wang y Paul Gompers, de Harvard, analizaron 1.310 socios de 301 firmas de venture capital. Entre otras cosas, averiguaron cuántas hijas e hijos tenían los socios encargados de decidir a quién incorporaban a sus equipos. En las firmas donde los socios sénior tenían proporcionalmente más hijas que hijos, aumentaba de manera significativa la contratación de mujeres. Una hija adicional elevaba aproximadamente un 50% la probabilidad de contratar a una mujer.
El efecto aumenta conforme las hijas crecen, según observó en Suecia un grupo de investigadores que analizaron empresas de nueva creación dirigidas por hombres. Entrevistaron a trece fundadores suecos, siete padres de hijas y seis únicamente de hijos varones. Uno de ellos, Dan (nombre ficticio), padre de un chico y una chica, explicó que había empezado a detectar obstáculos que anteriormente apenas percibía.

Dan comenzó a fijarse también en el deporte femenino de su localidad. Descubrió que el principal equipo femenino había llegado a competir en la máxima categoría, pero apenas recibía atención ni recursos. Su empresa terminó modificando su política de patrocinio y decidió apoyar equipos femeninos y deporte femenino de base.
Los investigadores compararon esas respuestas con las de empresarios que solo tenían hijos varones. Varios de estos últimos reaccionaban ante las políticas de igualdad apelando a la competencia frente a las cuotas y asegurando que nunca habían pensado en el sexo al contratar.
El fenómeno no se limita al dinero
Los politólogos Adam Glynn y Maya Sen, de Harvard, estudiaron las resoluciones de jueces de las Cortes Federales de Apelación estadounidenses. Compararon a hombres con hijas con jueces que únicamente tenían hijos varones. Los padres de hijas fallaban con mayor frecuencia a favor de posiciones favorables a las mujeres en asuntos relacionados con discriminación y derechos de género. El efecto aparecía especialmente entre los magistrados republicanos.
Hay también personajes públicos que han descrito el proceso con sus propias palabras. En 2016, cuando todavía ocupaba la Casa Blanca, Barack Obama escribió un ensayo sobre feminismo en el que habló expresamente de Malia y Sasha. Obama reconocía haber crecido rodeado de mujeres fuertes -su madre y su abuela eran referencias esenciales- y admitía también que durante sus primeros años de matrimonio no había comprendido del todo la carga que recaía sobre Michelle mientras él desarrollaba su carrera política.

Ver crecer a sus dos hijas introdujo otra perspectiva. Dijo haberse vuelto más consciente de las presiones específicas que soportaban las jóvenes y defendió que ellas vieran a su padre identificarse públicamente como feminista.
Ni todos los padres cambian ni todos cambian igual. La profesora de Derecho Michelle Travis, autora de Dads for Daughters, lleva años recopilando investigaciones de este tipo. Su tesis es que los padres de niñas ocupan una posición peculiar para convertirse en aliados de la igualdad porque hay problemas que afectan potencialmente al futuro de sus propias hijas, pero admite que no todos mantienen la misma relación ni todas las hijas cuentan sus experiencias a sus padres. Por tanto, la paternidad no inmuniza frente a la desigualdad.

Mark Zuckerberg se podría tomar como ejemplo. Es padre de tres niñas y ha hablado con frecuencia de ellas. Cuando anunció en 2017 que esperaba a su segunda hija escribió sobre la fortaleza de las mujeres que le habían rodeado -sus hermanas, su esposa y su primera hija- y sobre las oportunidades que deseaba para la siguiente generación. Años después, sin embargo, el fundador de Meta se distanció de buena parte de las políticas de diversidad. En una conversación con el presentador estadounidense Joe Rogan defendió que el mundo empresarial debía recuperar algo de “energía masculina” y valorar más determinadas formas de agresividad. Meta, además, redujo posteriormente algunos de sus programas de diversidad.

