Durante años se auguró que el futuro sería profundamente visual. Que todo pasaría a tener imágenes sorprendentes, subtitularse y convertirse en vídeos de 10 segundos antes de que alguien pudiera aburrirse. Y, sin embargo, en medio de esa tormenta de pantallas y efectos visuales, el podcast sigue abriéndose camino. Como una voz ligera que entra en nuestras casas mientras cocinamos, quitamos el polvo, conducimos o intentamos encontrar el sueño.
El reciente informe de el Reuters Institute (link: https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/changing-shape-and-new-economics-news-podcasting-listening-watching-podcasts-shows ) confirma que el podcast vive una transformación profunda. Ya no hablamos solo de audios subidos a una plataforma, sino de un universo de programas, marcas personales, comunidades, publicidad y suscripciones. El informe señala que la producción se está desplazando desde las grandes series narrativas, más caras y difíciles de monetizar, hacia podcasts conversacionales más baratos, flexibles y fáciles de convertir en vídeo, eventos o comunidades alrededor de sus protagonistas.
En España, el formato ya no es cosa de unos pocos fans sesudos y fieles. El V Estado del Audio y la Voz de Prodigioso Volcán sitúa su conocimiento en el 95,2% de la población conectada y su consumo en el 74,1% con casi la mitad de los oyentes escuchándolo al menos una vez por semana.
De escuchar podcasts a verlos
Reuters describe un cambio en los podcasts informativos. Cada vez más medios (tanto televisiones como radios) llevan sus programas al vídeo, empujados por plataformas como el incombustible YouTube, Spotify o Apple. La frontera entre las distintas plataformas se ha hecho cada vez más borrosa. YouTube se escucha cada vez más como un ruido de fondo, sin necesidad de ver sus vídeos. Las otras dos plataformas mencionadas han añadido clips y vídeos largos a sus contenidos.
Los centros de interés y las motivaciones también se entremezclan. ¿Escuchamos un podcast, vemos un programa de televisión u oímos esta entrevista de radio como si estuviéramos en el estudio? Saltamos de un contenido a otro, sin darnos ya demasiada cuenta de la modalidad en la que se enmarca.
El informe apunta que los formatos conversacionales funcionan mejor en vídeo, mientras los podcasts narrativos, documentales o de investigación, que tanto nos estremecen, conservan mejor su esencia en audio. Probablemente por aspectos culturales o por pura costumbre auditiva, nos quedamos con ese ambiente misterioso que no requiere caras ni decorado. Algunas historias sin imágenes nos llegan más porque las visualizamos a partir de nuestro propio imaginario.
En España, el Estudio de Audio Digital 2026 de IAB Spain ya incorpora el videopodcast entre los formatos clave del sector de la publicidad. El podcast ha dejado de ser una rareza de unos frikis conectados para convertirse también en compañía de padres y madres conectados que llevan a sus niños al colegio. También ha dejado de ser una ocurrencia de gente moderna con micrófonos caros para democratizarse en distintas capas de la sociedad. Hoy cualquier mujer puede lanzarse a producir un podcast con sus amigas del alma, publicarlo y promocionarlo en las distintas plataformas. También será un gran recuerdo para dentro de unas décadas.
El podcast como animal de compañía
La fortaleza del podcast no está solo en lo que cuenta, sino en cómo nos acompaña en nuestras rutinas. Frente al vídeo, que exige atención y mirada, el audio se cuela en los micro momentos de nuestras vidas. Se convierte en un amigo cuando paseamos al perro, un coach en salud mental mientras organizamos la cocina o un narrador de crímenes y misterios mientras buscamos el sueño con todo apagado. Algunos amigos ya ni se duermen sin tener los auriculares puestos.
Ahí está una de sus claves, especialmente para la audiencia femenina. No porque las mujeres necesiten contenidos exclusivos “para mujeres”, sino porque muchas vidas femeninas siguen atravesadas por tiempos fragmentados, multitasking, cuidados de otros y cansancio visual. El 64% lo escucha cuando hace otras cosas. El podcast en audio, su formato inicial, acompaña sin invadir nuestro espacio ni llenarlo todo.
El Observatorio iVoox 2025, uno de los informes más conocidos sobre ese sector, refleja una audiencia prácticamente equilibrada, incluso ligeramente femenina, con un 50,9% de mujeres. También habla de una escucha intensa, con 10,5 horas semanales, 6,5 episodios por semana y 5,2 podcasts suscritos por oyente. Ya no estamos en una tesitura de consumo accidental o el típico contenido con el que nos hemos topado en redes. Establecemos una conexión emocional que nos lleva a esperar impacientemente la próxima entrega y conectar ciertos podcasts con un momento concreto del día.
Puede ser el que escuchamos mientras nos duchamos y nos arreglamos antes de ir al trabajo, o el que reservamos para el sofá el domingo. El 96,58% lo consume desde el móvil, lo que aporta comodidad y flexibilidad. Antes de su difusión en smartphones, escúchalo era bastante más incómodo. Al 62,52% le encanta porque puede escucharlo cuando y donde quiere.
Menos micrófonos para las mujeres
Sin embargo, el crecimiento del podcast revela una paradoja. Las mujeres escuchan, recomiendan y se reúnen masivamente en comunidades, pero no siempre ocupan el mismo espacio de autoridad sonora. El Estudio PodWoman 2025 señala que solo el 32% de los podcasts más escuchados en España tienen a una mujer como host principal, y que su presencia se concentra más en bienestar, cultura, educación o maternidad, mientras sigue siendo menor en deporte, humor y ciencia.
La tecnología evoluciona rápido, pero las inercias culturales y sociales centenarias suelen ser más lentas. Y aunque el podcast parezca un territorio más democrático que la radio o la televisión, incluso en este “nuevo” formato se cuelan viejos desequilibrios.
El negocio de la intimidad
La gran pregunta es qué ocurre cuando esa compañía cercana, incluso íntima, se convierte en la industria que se espera de ella. IAB Spain señala que el Audio Digital alcanzó los 144,4 millones de euros de inversión publicitaria, con un crecimiento del 8,5%. Dentro de ese segmento, los podcasts crecieron un 27%, una cifra que confirma que ya interesa a marcas, agencias y plataformas. Ivoox apunta que el 69% de los oyentes tienen mejor percepción de una marca tras oírla integrada en su podcast favorito.
Son relativamente buenas noticias para un sector que lleva más de 20 años y no acababa de monetizar sus horas de esfuerzo técnico y humano. También nos deja una reflexión más filosófica. Cuando un formato empieza a atraer dinero y convertirse en el principal modelo de ingresos de muchas empresas, corre el riesgo de parecerse demasiado a todas las demás tendencias. La búsqueda del contenido morboso y de las preguntas enrevesadas impulsará vídeos cortos en redes, con titulares engañosos y gritones. También incentivarán la presencia de invitados más intercambiables, más ansiedad por los resultados y, por lo tanto, más artimañas para seducir al algoritmo.
El futuro del podcast parece moverse entre esas dos fuerzas: la intimidad que lo hizo crecer y la industria que ahora quiere medirlo y rentabilizarlo. Probablemente convivirán el audio puro, el videopodcast, el clip viral y los grandes formatos de autor. Pero su atractivo seguirá estando en algo bastante sencillo y difícil de copiar. La sensación de que una voz acompaña a los oyentes sin exigirles nada a cambio.
