¿De verdad no ducharse hace más atractivo a un hombre? Analizamos el ‘pheromone maxxing’

Dejar de ducharse, abandonar el desodorante y renunciar a la colonia para “maximizar las feromonas” se ha convertido en una nueva tendencia viral entre algunos jóvenes

Analizamos el ‘pheromone maxxing'
Analizamos el ‘pheromone maxxing'
KiloyCuarto

Las redes sociales han encontrado una nueva forma de hablar de seducción masculina: no ducharse. El llamado pheromone maxxing propone reducir, o directamente eliminar, los hábitos de higiene con una teoría tan sencilla como llamativa: cuanto más natural sea el olor corporal de un hombre, más posibilidades tendrá de atraer a las mujeres.

La tendencia se integra dentro del universo del T-maxxing o testosterone-maxxing, que anima a los hombres a modificar sus rutinas y su aspecto para “maximizar” la testosterona y potenciar su atractivo. En TikTok ya circulan vídeos de jóvenes que aseguran haber dejado de lavarse el pelo, haber abandonado la colonia o haber soportado durante días su propio olor corporal porque, según cuentan, los resultados en sus relaciones con las mujeres habrían mejorado.

El problema es que la supuesta estrategia de seducción parte de una premisa que no cuenta con respaldo científico concluyente: que los seres humanos poseen feromonas sexuales capaces de provocar automáticamente atracción.

Una idea nacida en la ‘manosfera’

Para Isidora Pasarín, psicóloga especialista en género y violencia, el fenómeno no puede entenderse únicamente como una ocurrencia relacionada con la higiene. “Más que una excusa para no asearse, el pheromone maxxing tiene sus orígenes en la manosfera, y su verdadera intención es reafirmar la masculinidad hegemónica a través de supuestos marcadores biológicos, en este caso, las feromonas”, explica.

La lógica detrás de la tendencia bebe de una interpretación biologicista de las relaciones entre hombres y mujeres. Si en determinadas especies animales las feromonas intervienen en el apareamiento, el razonamiento de estos contenidos traslada esa idea directamente a las relaciones humanas.

“Esta doctrina justifica gran parte de sus creencias apelando al comportamiento animal. Sostiene que hombres y mujeres nos relacionamos siguiendo los mismos patrones que machos y hembras de otras especies”, señala Pasarín. Bajo esa premisa, el jabón, el desodorante o la colonia pasarían a ser enemigos porque estarían ocultando el supuesto olor natural encargado de atraer a una pareja. Pero hay una segunda cuestión: qué se está vendiendo realmente a los jóvenes que consumen estos vídeos.

La masculinidad como fórmula de seducción

El pheromone maxxing no promete aprender a comunicarse mejor, gestionar las emociones o construir vínculos sanos. Promete algo aparentemente mucho más sencillo: convertirse en un hombre suficientemente masculino para que las mujeres se sientan atraídas casi de manera automática.

“Parte de esta práctica busca que reconecten con su masculinidad, y eso en sí no es algo negativo. El problema está en lo que estos chicos entienden por masculinidad, que en este caso se reduce a dominancia y poder, presentados como rasgos ‘naturales’”, apunta Pasarín.

Desde esa perspectiva, el cuerpo sustituye a la comunicación. La dominancia se presenta como una característica masculina innata y la atracción femenina como una respuesta igualmente natural a ella.

Para la psicóloga, ahí aparece una de las consecuencias más preocupantes: “Esta idea alimenta el discurso patriarcal según el cual las mujeres seríamos atraídas por esa dominancia y responderíamos con sumisión, tal como ocurriría en el mundo animal”.

La consecuencia es paradójica. Mientras estos contenidos prometen ayudar a los hombres a ligar, pueden estar alejándolos precisamente de algunas de las herramientas necesarias para relacionarse con otras personas.

TikTok como segunda escuela

El fenómeno tampoco se entiende sin el funcionamiento de las redes sociales. Un consejo extravagante puede convertirse en una conducta imitada en cuestión de días cuando consigue suficientes visualizaciones, comentarios y seguidores.

@raphislittle

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“Como todo mandamiento de la manósfera, el pheromone maxxing funciona como una técnica más para captar a hombres jóvenes en redes sociales y difundir estereotipos de género”, sostiene Pasarín.

La psicóloga considera que TikTok puede funcionar como una especie de espacio de aprendizaje paralelo para muchos adolescentes y jóvenes. “A partir de lo anterior, plataformas como Tiktok se vuelven un arma de doble filo. Gran parte de la Generación Z las consume de manera excesiva, y para muchos, funcionan como una segunda escuela donde aprenden de consejos de influencers”, explica.

Y ahí aparece una contradicción: mientras algunos hombres buscan en estos contenidos una fórmula para resultar más atractivos, las mujeres expresan en las mismas redes que el resultado no es precisamente el esperado.

El olor no sustituye al vínculo

El olor corporal puede formar parte de la atracción. Cada persona tiene gustos, preferencias y sensibilidades diferentes. Pero convertir esa posibilidad en una receta universal para ligar es otra cosa.

“Usar el olor corporal como herramienta de seducción no es nuevo”, recuerda Pasarín. La diferencia está en presentar el olor corporal masculino como una especie de arma biológica capaz de generar atracción generalizada.

La psicóloga advierte de que puede existir quien encuentre atractivo un determinado olor corporal, pero eso no convierte la práctica en una fórmula universal. “El olor a sudor o a cabello sin lavar durante días no resulta agradable para la mayoría de las personas”, señala.

Y, sobre todo, existe un problema de fondo: la falta de evidencia científica concluyente sobre las supuestas feromonas sexuales humanas. “Además, hasta la fecha no existe evidencia científica concluyente de que los seres humanos tengamos feromonas, por lo que esta práctica se sostiene sobre un mito”, afirma.

La verdadera dificultad está en otra parte

Quizá el aspecto más revelador del pheromone maxxing no esté en cuántos jóvenes deciden pasar días sin ducharse, sino en por qué algunos buscan en estas comunidades una respuesta a sus dificultades para relacionarse.

Pasarín lo resume así: “En el fondo estas tendencias nacen de una dificultad real de muchos hombres para vincularse y atraer a las mujeres. Sin embargo, en lugar de preguntarse qué es lo que nosotras valoramos, buscan respuestas en espacios donde otros hombres les aseguran tener la fórmula”.

El resultado es una especie de conversación paralela: unos hombres intentan descifrar qué quieren las mujeres desde comunidades masculinas de internet, mientras ellas explican públicamente que esa no es la fórmula que buscan. “Es como si intentaran conquistar a partir de una idea de lo que deseamos, que en realidad nunca existió”, concluye Pasarín.

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