La psicóloga especializada en abuso y dependencia emocional que analiza las citas de First Dates

La psicóloga Raquel Jiménez utiliza el humor para señalar el machismo, los desprecios y los límites que seguimos normalizando al ligar

Raquel Jiménez, especializada en abuso y dependencia emocional, analiza las citas de First Dates
Raquel Jiménez, especializada en abuso y dependencia emocional, analiza las citas de First Dates
KiloyCuarto

Hay escenas de First Dates que parecen escritas para una comedia. Una respuesta fuera de lugar, una actitud imposible de justificar, un comentario sobre el físico de la otra persona o alguien que no entiende, o no quiere entender, que un “no” significa exactamente eso. El público se ríe, las redes se llenan de comentarios y el vídeo termina convertido en meme.

Pero, ¿qué ocurre cuando se apaga la televisión y dejamos de mirar la escena como un espectáculo? Ahí es donde entra la psicóloga Raquel Jiménez, especializada en abuso y dependencia emocional y autora de Hasta la vista, narcisista. Desde sus redes sociales analiza algunas de estas citas con humor, pero con una intención bastante menos ligera de lo que puede parecer.

Reírse para detectar lo que hemos normalizado

Jiménez parte de una idea sencilla: precisamente aquello que provoca risa puede estar escondiendo comportamientos que, examinados de cerca, dejan de tener tanta gracia. “Muestro situaciones que nos hacen gracia porque son surrealistas, y solemos quitarles importancia precisamente porque ‘son graciosas’. Pero si rascamos un poco, nos encontramos con comportamientos humillantes, machistas o invasivos que tenemos tremendamente normalizados”, explica.

Su fórmula consiste en utilizar la ironía como puerta de entrada. No pretende convertir cada escena televisiva en una consulta psicológica ni etiquetar a las personas que aparecen en pantalla. De hecho, insiste en que sus vídeos no buscan diagnosticar a nadie a partir de unos minutos de televisión, sino utilizar esas situaciones como un espejo de comportamientos que también existen fuera de ella.

“Existe muchísima información sobre abuso emocional y relaciones tóxicas, y eso es muy positivo, pero a determinadas personas ese mensaje no les llega. Por eso estoy intentando llegar desde el humor, porque nos baja las resistencias”, señala.

La estrategia es sencilla: mostrar la escena, exagerar su contradicción y dejar que sea quien la está viendo quien haga el ejercicio de reconocerla. “Si después de reírte puedes reflexionar sobre ello, el humor ha cumplido una función”, resume.

Cuando una mala cita deja de ser simplemente una mala cita

No toda cita incómoda es una señal de alarma. Hay nervios, torpezas, silencios incómodos y comentarios desafortunados que pueden formar parte de cualquier primer encuentro. El problema aparece cuando entra en juego algo más básico: el respeto por los límites del otro.

Para Jiménez, la diferencia está precisamente ahí. “Una mala cita puede estar llena de torpezas, incluso puede haber algún comentario desafortunado por los nervios. Otra cosa muy diferente son las faltas de respeto”, explica.

Y hay una frontera especialmente clara cuando alguien expresa que algo le incomoda y la otra persona decide ignorarlo. “Que invadan tu cuerpo o que insistan en transgredir un límite que has marcado, es un comportamiento abusivo. Cuando alguien marca un límite, la respuesta no puede ser buscar la manera de convencerte para que dejes de tenerlo”, advierte.

Es una escena que puede parecer anecdótica delante de una cámara, pero que adquiere otra dimensión cuando se traslada a una relación real: insistir después de un rechazo, ridiculizar una incomodidad o intentar negociar un límite que ya ha sido expresado.

Sabemos identificar las ‘red flags’, pero no siempre las vemos en casa

Quizá una de las paradojas actuales sea que nunca se ha hablado tanto de límites, responsabilidad afectiva, dependencia emocional o ‘red flags’. Tenemos palabras para describir comportamientos que generaciones anteriores podían identificar simplemente como “algo que no me hacía sentir bien”.

Pero conocer el concepto no significa necesariamente reconocerlo cuando aparece en nuestra propia vida. “Podemos saber perfectamente qué es una red flag y a la vez justificarla cuando aparece en nuestra propia relación”, apunta Jiménez.

Desde fuera resulta mucho más sencillo detectar una conducta de control, un desprecio o una falta de respeto. Desde dentro entran en juego el enamoramiento, el miedo a perder a alguien, la costumbre o años de haber asumido determinadas dinámicas como normales.

“Una cosa es reconocer una conducta desde fuera y otra mucho más difícil es reconocerla o aceptar que eso está ocurriendo cuando estamos enamorados, tenemos miedo a perder a alguien o llevamos años entendiendo determinadas dinámicas como normales”, añade.

Por eso algunas de las escenas que generan comentarios y carcajadas en redes pueden funcionar también como un ejercicio de reconocimiento. Es fácil señalar al desconocido que aparece en pantalla. Más difícil es preguntarse si alguna de esas conductas existe, aunque sea de otra manera, en nuestro entorno.

Del comentario sobre el cuerpo a la carga mental

Entre las situaciones que más preocupan a la psicóloga están aquellas que siguen justificándose como parte de lo que significa ser hombre o mujer. El reparto de los cuidados, la carga mental, los comentarios sobre el cuerpo femenino o el diferente rasero con el que se juzga la edad y el físico forman parte de ese catálogo de comportamientos cotidianos que pueden pasar desapercibidos.

“Me preocupa todo lo que seguimos normalizando como si fuera inherente a ser hombre o mujer. Que los cuidados y la carga mental nos correspondan a nosotras, que se pueda opinar como se hace del cuerpo de una mujer, el doble rasero respecto a la edad y al físico”, señala.

Pero su análisis no pretende convertir cualquier conflicto entre hombres y mujeres en una cuestión de género. Hay una línea que, a su juicio, está por encima de esa diferencia. “Más allá del género, también señalo conductas de desprecio o humillación, vengan de quien vengan. Para mí hay una línea que está por encima del género: el respeto por el otro ser humano”, explica.

Y quizá ahí esté la clave de sus vídeos: en dejar de mirar determinadas escenas únicamente como momentos televisivos absurdos y empezar a reconocer los patrones que hay detrás.

Porque una cita puede salir mal. Puede haber nervios, incompatibilidad o incluso una conversación desastrosa. Lo que no debería convertirse en parte del entretenimiento es aprender a reírse de que alguien no respete al otro.

 

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