¿Dónde están?

Repasamos las historias de quince mujeres, víctimas de violencia machista, cuyos cuerpos nunca se han encontrado

Repasamos las historias de quince mujeres, víctimas de violencia machista, cuyos cuerpos nunca se han encontrado
Repasamos las historias de quince mujeres, víctimas de violencia machista, cuyos cuerpos nunca se han encontrado
KiloyCuarto

Por querer marcharse, por decir que no, por querer ser libres. Esas fueron las razones por las que quince hombres decidieron asesinar  a quince mujeres para después hacer desaparecer sus cuerpos. Las familias de las víctimas llevan años, algunas casi tres décadas, buscándolas. No tienen una tumba a la que llevar flores, un lugar donde llorarlas o despedirse. En algunos casos, sus asesinos fueron condenados, pero nunca revelaron dónde las ocultaron. En otros, las sospechas recaen sobre hombres que murieron sin dar explicaciones o que nunca llegaron a ser juzgados. Quince mujeres, quince historias atravesadas por la violencia machista y una misma pregunta que sigue sin respuesta: dónde están.

Ana María Henao: desaparecida en Madrid cuando intentaba empezar de nuevo

Ana María Henao había elegido Madrid para empezar otra vida. Tenía 40 años, se estaba divorciando y quería dejar atrás una relación que había terminado convirtiéndose en un conflicto por el reparto del patrimonio que compartía con su marido, David Knezevich. Nacida en Colombia y afincada desde hacía años en Estados Unidos, llegó a España en diciembre de 2023. Tenía amigas en la ciudad, planes de viaje y la intención de construir un futuro propio. Apenas llevaba dos meses en Madrid cuando desapareció.

Ana María Henao

La última vez que se tuvo noticia de ella fue el 2 de febrero de 2024. Aquella noche, un hombre con casco de motocicleta entró en el edificio donde vivía, en el barrio de Salamanca, y cubrió con pintura negra las cámaras de seguridad. La investigación del FBI y la Policía Nacional terminó señalando a su marido, que había alquilado un vehículo en Serbia y recorrido miles de kilómetros hasta Madrid. Los investigadores sostienen que entró en la vivienda y que pudo sacar el cuerpo de Ana María oculto en una maleta.

Después llegaron los mensajes. Dos amigas recibieron textos en los que supuestamente Ana María les contaba que había conocido a un hombre y que se marchaba unos días con él. Pero aquella historia no encajaba con sus planes ni con lo que les había contado. Los investigadores descubrieron que Knezevich había pedido a otra mujer que tradujera al español unas frases que coincidían con aquellos mensajes. Mientras su familia intentaba encontrarla, alguien había tratado de hacer creer que se había marchado voluntariamente.

Knezevich fue detenido en Miami en mayo de 2024. Durante meses, los investigadores trataron de reconstruir su recorrido por Europa para averiguar dónde podía haber ocultado el cadáver. No llegaron a encontrarlo. En abril de 2025, el hombre se suicidó en prisión, antes de ser juzgado, y se llevó consigo la posibilidad de que respondiera ante un tribunal y revelara qué había hecho con Ana María.

Juana Ramos: diez años buscando a una mujer que quería recuperar su libertad

Juana Ramos estaba recuperando una vida que durante años había girado alrededor de su pareja. Después de más de trece años de relación con Miguel Ángel Ramos Quesada, quería tomar sus propias decisiones, salir con sus amistades y relacionarse con otras personas sin tener que dar explicaciones. Tenía 56 años, dos hijos y un nieto con autismo al que ayudaba a cuidar. También estaba pendiente de sus padres. Según la acusación, su expareja no aceptaba esa independencia ni que Juana hubiera decidido seguir adelante sin él.

Juana Ramos

El 20 de agosto de 2016, Juana se reunió con Miguel Ángel en Gran Canaria. Fue la última vez que se la pudo situar con vida. Después, nada. No regresó con su familia ni volvió a comunicarse con las personas de su entorno. Los investigadores reconstruyeron los movimientos de ambos a través de sus teléfonos y encontraron contradicciones entre los datos de geolocalización y el relato del hombre. La Fiscalía sostiene que la mató y ocultó su cadáver en la costa de Arucas, donde las búsquedas no han permitido encontrarla.

La desaparición dejó a su familia atrapada entre la certeza de que algo terrible había ocurrido y la imposibilidad de recuperar a Juana. En 2018, el Ministerio de Igualdad la reconoció como víctima mortal de violencia de género, aunque su cuerpo nunca había aparecido. Pero aquel reconocimiento no resolvió la pregunta que seguía haciéndose su familia: dónde estaba.

Han pasado diez años y el caso todavía no ha llegado a juicio. Este año, la Fiscalía y la familia han solicitado 17 años de prisión para Miguel Ángel Ramos Quesada, acusado de homicidio y de un delito contra la integridad moral.

Los padres de Juana murieron sin llegar a saber qué había sido de su hija.

María Piedad García: sus hijos crecieron sin saber dónde estaba su madre

María Piedad García Revuelta tenía 31 años y dos hijos. En diciembre de 2010 acudió a una cena de empresa en Madrid. Después estuvo con Javier Sánchez-Toledo, su expareja. Fue la última persona conocida que la vio con vida. María Piedad nunca regresó a casa.

María Piedad García

La investigación se centró en aquel hombre, pero apenas hubo tiempo para esclarecer qué había ocurrido entre ambos. Tres días después de la desaparición, Javier se suicidó. Los agentes sospecharon que había matado a María Piedad y ocultado su cuerpo, pero su muerte impidió que pudiera ser juzgado y que respondiera a las preguntas que había dejado la desaparición.

Las búsquedas no dieron resultado. La familia tuvo que afrontar una ausencia sin cadáver, sin una explicación definitiva y sin la posibilidad de que un tribunal determinara qué había ocurrido. Los dos hijos de María Piedad eran pequeños cuando desapareció. Han pasado casi dieciséis años y han crecido sin ella.

Mónica de la Llana: cuatro años esperando que su expareja diga dónde está

La última explicación que recibió la familia de Mónica de la Llana fue que se había quedado en una parada de autobús. Su pareja aseguró que la había dejado en Cornudella de Montsant, en Tarragona, el 21 de julio de 2022. Mónica tenía 44 años. Desde entonces nadie ha vuelto a verla.

Los Mossos d’Esquadra comenzaron a reconstruir lo ocurrido y encontraron elementos que no encajaban con aquella versión. Los movimientos de los teléfonos y otros indicios llevaron a los investigadores a sospechar que Mónica no había desaparecido voluntariamente. En noviembre de 2024, su pareja, Carlos, fue detenido como investigado por su posible asesinato. El Ministerio de Igualdad la incorporó al registro de víctimas mortales de violencia de género.

Mónica de la Llana

Su hermana María Jesús lleva cuatro años intentando saber qué pasó. La investigación ha avanzado, pero la familia sigue sin poder recuperar a Mónica. El hombre que podría conocer su paradero no ha ofrecido una explicación que permita encontrarla.

En agosto de este año, Carlos seguía en prisión preventiva y pendiente de juicio, que la familia esperaba para 2027. María Jesús mantiene la esperanza de que, a medida que se acerque ese momento, su expareja termine revelando dónde está.

Pilar Cebrián: su asesino sale de permiso y ella sigue desaparecida

Antonio Losilla denunció que su mujer, Pilar Cebrián, había desaparecido de su casa de Ricla, en Zaragoza, en abril de 2012. Aseguró que se había marchado y que no sabía dónde estaba. Pero la investigación terminó demostrando que Pilar no se había ido por voluntad propia. Su marido la había matado y ocultado su cadáver.

Pilar Cebrián

Losilla fue condenado a 16 años de prisión. La Justicia pudo reconstruir el asesinato sin encontrar el cuerpo, pero el condenado nunca explicó dónde lo había escondido. La familia obtuvo una sentencia que reconocía el crimen, aunque no pudo recuperar a Pilar para enterrarla.

Han pasado catorce años y el tiempo ha seguido avanzando para el asesino. En 2026 se conoció que Losilla, interno en la prisión de Zuera, ya disfrutaba de permisos penitenciarios. Puede salir temporalmente de la cárcel mientras cumple su condena.

Pilar, en cambio, sigue desaparecida. Su familia no sabe dónde están sus restos. El hombre que fue condenado por matarla ha comenzado a recuperar parte de su libertad sin haber revelado dónde ocultó a la mujer a la que se la arrebató.

Piedad Moya: dos hijas que nunca pudieron enterrar a su madre

Piedad Moya tenía 44 años y dos hijas cuando desapareció en Mataró en 2014. Había decidido poner fin a su relación con Mohamed Taheri. Aquella decisión precedió a un crimen que los tribunales terminaron atribuyendo a su expareja, aunque nunca se encontró el cadáver.

Piedad Moya

Taheri fue condenado a 15 años de prisión por matarla. Las pruebas permitieron acreditar su responsabilidad sin que los investigadores pudieran localizar el cuerpo. La sentencia resolvió quién había acabado con la vida de Piedad, pero no dónde la había ocultado.

Sus dos hijas tuvieron que asumir la muerte de su madre sin poder despedirse de ella. El hombre condenado por el crimen nunca reveló dónde estaba. Tampoco las búsquedas permitieron encontrarla.

Julia Lamas: el hombre que volvió a matar

Ramón Laso ya había sido condenado por matar a su primera mujer y a uno de sus hijos cuando volvió a formar una familia. Años después, en 2009, desaparecieron su pareja, Julia Lamas, y el cuñado de esta, Maurici Font, en Tarragona. Ninguno de los dos volvió a aparecer.

Julia Lamas

Laso aseguró que no sabía qué había ocurrido. Sin embargo, los investigadores encontraron indicios suficientes para reconstruir los dos asesinatos. El caso llegó a juicio sin que se hubiera localizado ninguno de los cuerpos y terminó con una condena de 30 años de prisión.

Los tribunales consideraron probado que Laso los había matado. Pero la sentencia no consiguió que el condenado dijera dónde los había ocultado.

Lola Sandoval: el asesino reconoció que descuartizó su cuerpo, pero negó haberla matado

Agustín S. M. admitió que había descuartizado el cuerpo de María Dolores Sandoval Ruiz, Lola, y que se había deshecho de sus restos. Lo que negó fue haberla matado. Lola había desaparecido en diciembre de 2018 en Cartagena, y su pareja trató de explicar qué había hecho con el cadáver sin asumir la responsabilidad de su muerte.

Lola Sandoval

El tribunal no creyó su versión. Lo condenó a 15 años y cinco meses de prisión, una sentencia confirmada por el Tribunal Supremo en 2023. La Justicia dio por acreditado el homicidio y la profanación del cadáver.

Sonia Iglesias: el sospechoso murió y se llevó las respuestas

Sonia Iglesias tenía 37 años y un hijo cuando desapareció el 18 de agosto de 2010 en Pontevedra. Aquel día dejó de estar localizable y nunca regresó. Su pareja, Julio Araújo, se convirtió en el principal sospechoso de una investigación que durante años intentó averiguar qué había sucedido.

Los agentes encontraron contradicciones en sus declaraciones y realizaron registros y búsquedas en distintos lugares. Pero ninguna de aquellas actuaciones permitió localizar a Sonia ni reunir pruebas suficientes para llevar a su pareja a juicio.

El procedimiento terminó archivado provisionalmente. En septiembre de 2020, Julio Araújo murió sin haber sido condenado. Con él desapareció también la posibilidad de que algún día respondiera ante un tribunal por las sospechas que habían recaído sobre él.

Mari Cielo Cañavate: la Justicia primero condenó y después absolvió

Mari Cielo Cañavate Valverde había llevado a su hijo al colegio la mañana del 10 de octubre de 2007. Tenía 36 años, dos hijos y vivía en Hellín, Albacete. Estaba poniendo fin a una relación sentimental. Después de aquella mañana, nadie volvió a verla.

Mari Cielo Cañavate

Las sospechas se dirigieron hacia su expareja. La investigación llegó a juicio y un jurado popular lo consideró culpable. Fue condenado a 15 años de prisión. Para la familia, aquella sentencia parecía acercar una explicación a la desaparición de Mari Cielo.

Pero la resolución fue revocada por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha y el Tribunal Supremo confirmó después la absolución. La familia volvió al punto de partida: sin una condena firme y sin saber dónde estaba Mari Cielo.

Angelines Zurera: desapareció en pijama y sin sus gafas

Angelines Zurera salió de su casa de Aguilar de la Frontera, Córdoba, en pijama y sin sus gafas. Era la madrugada del 2 de marzo de 2008. Tenía 42 años y dos hijos. Nunca volvió. Aquellos detalles, la ropa con la que salió y las gafas que dejó atrás, fueron desde el principio difíciles de conciliar con la idea de una marcha voluntaria.

Angelines Zurera

Angelines se había separado de su marido, que había sido condenado por violencia de género. La última llamada registrada en su teléfono procedía de él. Los investigadores centraron sus sospechas, pero no consiguieron reunir pruebas suficientes para acusarlo de haberla matado.

Durante años, la Guardia Civil ha buscado su cuerpo en distintos terrenos de Córdoba. En agosto de 2024 se realizaron nuevas inspecciones, también sin resultado. Su hermano Antonio ha seguido reclamando que no se abandone la investigación.

Cristina Bergua: desapareció después de quedar con su novio para dejarlo

Cristina Bergua tenía 16 años y había decidido romper con su novio, Javier Román, diez años mayor que ella. El 9 de marzo de 1997, quedó con él en Cornellà de Llobregat, Barcelona. Después de aquel encuentro, nunca regresó a casa.

Cristina Bergua

La investigación se centró en su novio. La familia había relatado comportamientos de control y conflictos en la relación, pero los investigadores no consiguieron reunir pruebas suficientes para acusarlo de asesinato. Cristina desapareció y el caso quedó sin resolver.

Sus padres, Luisa y Juan, llevan casi treinta años buscándola. Han participado en iniciativas para visibilizar a las personas desaparecidas y han mantenido vivo el nombre de su hija mientras las investigaciones avanzaban sin ofrecer respuestas.

María José Arcos: treinta años después, la Administración sigue tratándola como si estuviera viva

El coche de María José Arcos Camaño apareció junto al faro de Corrubedo, en Ribeira, Galicia, el 15 de agosto de 1996. Dentro estaban sus pertenencias. Ella había desaparecido. Tenía 35 años y su familia comenzó una búsqueda que todavía no ha terminado.

María José Arcos

La investigación se centró en un hombre de su entorno sentimental, que llegó a ser detenido. Pero no hubo pruebas suficientes para condenarlo. Su familia siempre ha defendido que María José fue víctima de un crimen y que alguien conoce el lugar donde se encuentra su cuerpo.

Treinta años después, la desaparición continúa teniendo consecuencias que van mucho más allá de la investigación. En septiembre de 2026, su hermana Rosa contó a El País que la Xunta había enviado a María José una tarjeta para personas mayores de 65 años. La Administración seguía dirigiéndose a una mujer a la que su familia llevaba tres décadas buscando.

Rosa también tuvo que tramitar la declaración legal de fallecimiento de su hermana para resolver cuestiones relacionadas con el patrimonio familiar. Un trámite necesario, pero que no explica qué ocurrió ni permite recuperar su cuerpo. María José lleva treinta años desaparecida y su familia sigue sin poder enterrarla.

Ana Eva Guasch: el crimen ha prescrito sin que aparezca su cuerpo

Ana Eva Guasch Melis tenía 27 años y era profesora en Palma de Mallorca. El 21 de octubre de 2001, después de salir con unos amigos, regresó a su piso. Al día siguiente no acudió al colegio Santa Mónica, donde trabajaba. No era habitual que faltara sin avisar y sus allegados comenzaron a preocuparse.

Ana Eva Guash

Cuando entraron en su vivienda encontraron una escena extraña. Faltaban una colcha, una lámpara y su ordenador portátil. Las persianas estaban bajadas, algunos objetos habían cambiado de sitio y parecía que alguien había limpiado. Los investigadores sospecharon que Ana Eva había abierto la puerta a alguien conocido.

La investigación terminó centrándose en su novio argentino, conocido como Ro. Fue detenido, pero nunca condenado. Las pesquisas no consiguieron determinar judicialmente qué había ocurrido ni dónde estaba Ana Eva.

En octubre de 2026, al cumplirse veinticinco años de su desaparición, el juez José Castro reconoció públicamente errores en la investigación y pidió perdón a la familia. Admitió que algunas actuaciones se habían realizado demasiado tarde. El posible delito de homicidio ha prescrito, de modo que ya no puede perseguirse penalmente.

Marta del Castillo: diecisiete años esperando que su asesino diga la verdad

Miguel Carcaño ha ofrecido tantas versiones sobre dónde ocultó el cuerpo de Marta del Castillo que sus declaraciones han llevado a buscarla en el río Guadalquivir, en vertederos y en distintos terrenos de Sevilla. Ninguna de aquellas búsquedas ha dado resultado. Marta tenía 17 años cuando Carcaño la asesinó el 24 de enero de 2009.

Marta del Castillo

El hombre fue condenado a 21 años y tres meses de prisión, pero nunca reveló un lugar donde pudiera encontrarse el cadáver. Sus cambios de versión han marcado una investigación que, durante más de diecisiete años, ha mantenido a la familia pendiente de nuevas pistas y excavaciones.

En septiembre de este año se conoció el archivo provisional de la pieza judicial destinada a localizar el cuerpo. Al mismo tiempo, continuaba una controversia distinta sobre el informe pericial del teléfono de Carcaño y la posibilidad de obtener información de su contenido.

Estas son quince historias, pero hay muchas más. Mujeres silenciadas, cuyos cuerpos nunca fueron encontrados. Familias que llevan años buscando y asesinos que, incluso después de ser condenados, nunca han revelado dónde las ocultaron.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.