Cinco años después de poner en marcha Skorpios, Adriana Abascal hace balance de una aventura empresarial que le ha permitido encontrar su lugar en el mundo del lujo. La empresaria mexicana, que ha construido una marca de calzado con identidad propia, reivindica su trabajo, mientras afirma que la independencia y la capacidad de aprender son los motores de su trayectoria.
En una industria que atraviesa un periodo de incertidumbre, Abascal defiende una moda sin imposiciones y una relación con el cliente basada en la exclusividad. También habla de las dificultades que todavía encuentran las mujeres para hacerse respetar en los negocios y de la importancia de confiar en una misma.
Su vida sentimental, a menudo convertida en parte del relato público sobre ella, nunca ha sido, asegura, lo que la define. Tras su ruptura con el príncipe italiano Manuel Filiberto de Saboya, con el que mantuvo una relación, conserva intacto su vínculo con Italia, donde trabaja y pasa parte de su tiempo. A los 55 años, Abascal mira hacia delante con la intención de delegar y compartir con otras mujeres lo que ha aprendido emprendiendo.
-Llevas cinco años al frente de tu empresa. ¿Cómo ha sido este periplo con Skorpios?
-Estamos haciendo balance del tiempo. Queremos parar y preguntarnos qué hemos hecho en estos cinco años. Un gran amigo mío, periodista de moda, me dijo: “Adriana, es increíble lo que ha logrado Skorpios. Deberías comunicarlo más”. Es importante compartir dónde estamos, pero soy una persona que siempre trata de mejorar en lugar de mirar lo que hace bien. Me fijo más en lo que me falta por conseguir que en lo que hemos conseguido. Es importante para el equipo hacer ese recuento. Ahora podemos mirar el recorrido que hemos hecho y trabajar para seguir adelante. Skorpios es una aventura personal. Una marca que lucha contra viento y marea en el mundo del lujo y de la moda.

-¿Cómo se afronta esa aventura?
-Cuando empecé, todo el mundo me decía: “¡Qué valor tienes!”. Yo no entendía por qué, porque nunca he tenido miedo a trabajar. Es un reto que va más allá de una estética. Hay una parte técnica cuando diseñas calzado. No se trata solo de imaginar o diseñar algo que sea bonito estéticamente, también tiene que ser funcional y cómodo. Un mal zapato te puede hacer daño. En la vida hay que emprender proyectos que te apasionen y a los que puedas aportar algo. Hay muy pocas marcas especializadas en zapatos que hagan daywear y ahí hemos encontrado nuestro espacio. Es fascinante. Trabajo muchísimo, pero me encanta.
-Como mujer, ¿notas la diferencia entre cómo se trata a un hombre y a una mujer en los negocios relacionados con el mundo del lujo?
-Sí, completamente. Muchas veces los hombres pueden hacer comentarios que yo no me atrevería a hacer. La mujer todavía tiene que luchar para que la tomen en serio. Si te ves mayor, te preguntan por qué no te has arreglado. Si te ajustas la ropa, dicen que estás operada. Si te maquillas, que vas como una puerta. Si llegas sin maquillaje, se preguntan qué barbaridad es esa y qué falta de respeto. Se nos juzga muchísimo por el físico. También se duda mucho de nosotras. Tenemos que hacer el triple salto mortal antes de que de verdad nos tomen en serio. Cada vez ocurre menos, pero depende mucho, no de cómo nos vean los hombres, sino de cómo nos veamos nosotras.
-Adriana Abascal es ya una marca, una identidad. ¿Te cuesta ser tú misma frente a quienes te juzgan por los hombres que han pasado por tu vida? ¿Crees que tus relaciones podrían haber marcado tu camino?
-No, desde hace mucho tiempo. Desde que empecé a ver mi nombre impreso. Siempre entendí que había dos versiones. Por un lado, está la versión oficial, la que conocen tu familia, tus amigos y la gente con la que convives. Son quienes pueden decidir si les gustas o no. Esa es una opinión legítima, para bien o para mal, porque te conocen. Después está la forma en que alguien puede juzgarte por la persona con la que estás. Esa es una batalla perdida. Lo que sí te digo es que nunca me ha definido el hombre con el que he estado, con el que esté o con el que vaya a estar. Las mujeres tenemos mucha fuerza. Nuestra capacidad de sacrificio, nuestra entrega, nuestro instinto… La mujer es mucho más resistente que un hombre. Somos muchísimo más multifacéticas y polivalentes. La mujer no necesita un marido, necesita un trabajo.

-Tú, mejor que nadie, puedes decir que una mujer no necesita un príncipe.
-Para nada. Ella ya es la princesa. Si no, la reina. Las mujeres necesitan creer en sí mismas. Desde luego, es increíble estar con alguien a quien admiras, pero si mañana me enamoro de un rockero no por eso voy a tatuarme, subirme al escenario y tocar la guitarra eléctrica. Esa no soy yo.
-¿Cómo adaptar las nuevas tecnologías a tu empresa?
-He pasado de ser la persona de mi equipo que no sabía ni abrir un documento en Google a formar parte de quienes están al día de las novedades. Estamos viviendo un reto constante de aprendizaje tecnológico. En mi caso, mi hija Jimena se está encargando de la comunicación digital de mi empresa porque tiene una enorme capacidad para entender lo que buscan las nuevas generaciones. Tiene un talento increíble y quiero aprovecharlo.
-¿Crees que la generación Z tiene acceso a la marca Skorpios?
-Lo estoy descubriendo. Creo que sí. Obviamente, no es una cuestión generacional, sino de poder adquisitivo. La clave está en el deseo que despierta la marca y en que el producto conecte con esa generación. Al público le encanta Skorpios. Tenemos muchas clientas de la generación de mi hija que se mueren por la marca. Lo que más me fascina de Skorpios es el acceso tan increíble que me da. Puedo sentarme un día con el jefe de Meta en Francia o con el director de uno de los grandes grupos de moda y hablar del negocio. A todo el mundo le asusta el miedo; a mí, no. Mi vida ha sido así.
-¿Usas el miedo para vivir?
-No soy tan valiente, pero sí muy práctica. Al final, la gente que cree que lo tiene todo controlado no ha entendido nada. No tenemos nada controlado. Hay que ponerse el cinturón y ver qué pasa. No lo digo de una manera irresponsable o inconsciente, pero la vida me ha cambiado muchas veces. En lugar de luchar contra eso o resentirme con la vida por la montaña rusa en la que de repente me lleva, trato de utilizar esa adrenalina para bien. Ya estoy ahí. Siempre he tenido ganas de vivir, de sentir. No me gusta que no pase nada. No busco el peligro, pero sí la evolución. Busco aprender. En todo este ejercicio hay que ir entendiendo y aprendiendo. Siempre diré que lo intenté y lo di todo. No me aferro al ego.

-El mundo del lujo es difícil de entender.
-En este momento, todos en la industria de la moda se están haciendo muchas preguntas. Todavía no se entienden los cambios que estamos viviendo. A mí me parece fascinante, y por eso siempre me han encantado el arte y la moda, que forma parte de una conversación colectiva sobre la sociedad. La sociedad está gritando que quiere una moda sin imposiciones. Skorpios es una extensión de mí, por eso no puedo venderte algo en lo que no creo. Lo que sí hago es escuchar y, si hay algo que me gusta pero no funciona, no lo fuerzo. Que a mí me guste no significa que vaya a funcionar.
-¿Qué te inspira?
-Me inspiro mucho en el arte, en el color y en las texturas. El cine, la literatura, la música y la moda nos informan sobre cómo consume la sociedad. Andy Warhol nos lo contó. El pop art es consumo. Yo no estaba allí, pero entiendo aquella sociedad gracias a él. Yo soy una pulga en todo esto. Mi marca es nueva, es joven y va consolidándose poco a poco. Digamos que formo parte del coro.
-De hecho, un par de tus botas se subastó en Christie’s.
-Sí. La semana pasada se subastaron en Christie’s las botas que Lucy Liu llevó en la película El diablo viste de Prada 2. Eso supone un espaldarazo enorme para nosotros. Te válida muchísimo. Es curioso: esa bota tiene un antes y un después. La moda siempre ha funcionado así: el Birkin, el Kelly, Gucci con su Jackie. La bota de Lucy es uno de nuestros modelos icónicos. Pero tengo muchísimos modelos que forman parte de colecciones cápsula, para respetar la fidelidad de la clienta. Prometo que no voy a decepcionar a nadie. Vendo exclusividad porque la exclusividad es lujo. Por ahora, gracias a Dios, no me faltan ideas. Mis artesanos italianos son mis estrellas.

-Háblanos de tu relación con Italia después de romper con el príncipe italiano Filiberto de Saboya.
-Mi relación con Italia es buenísima. Siempre ha sido muy buena. Me lo paso muy bien allí y trabajo allí. Vivo a caballo entre Italia y Francia; me siento muy bien en ambos países. Haber terminado con un italiano no quiere decir que haya roto con los otros 70 millones que siguen allí, ni con los demás que viven por el resto del mundo.
-¿Cómo te ves en los próximos años?
-Me veo consiguiendo que me manden a mí. Lo que quiero para Skorpios es poder dedicarme solo al diseño y a la comunicación. Siempre estaré pendiente de todo, pero la estructura está creciendo y quiero delegar. No me gusta ser la jefa.
-¿Te gustaría compartir tus conocimientos en encuentros de mujeres, dar conferencias? ¿Te ves animando a otras mujeres?
-Totalmente. Ayer estuve en Madrid y una diseñadora joven que está emprendiendo me pidió muchos consejos. Lo cierto es que nadie te enseña estas cosas. Quiero compartir lo que he vivido. Llevo mucho tiempo en este campo de batalla y emprender es un lugar muy solitario. Tienes que saber ser líder. No puedes llorar cuando tu equipo llora contigo. Me veo acompañada, con mi equipo, que es mi segunda familia.

