Premio Planeta 2026

Isabel Allende: “Se pueden volver a cometer los errores del pasado si no somos vigilantes”

La ganadora del Premio Planeta alerta contra la idealización de los líderes autoritarios y explica su regreso al universo de 'La casa de los espíritus'

Isabel Allende gana el Premio Planeta 2026 con la novela 'La hora antes del alba'
Isabel Allende gana el Premio Planeta 2026 con la novela 'La hora antes del alba'
Grupo Planeta

Isabel Allende ha convertido la rueda de prensa posterior al fallo del Premio Planeta en una advertencia sobre la fragilidad de la democracia. La escritora, ganadora con La hora antes del alba, ha hablado del temor que le provoca la admiración por los dirigentes autoritarios, de los recuerdos de la dictadura chilena y de la responsabilidad de conocer el pasado. “Se pueden volver a cometer los errores del pasado si no somos vigilantes, si no estamos alertas”, ha afirmado ante los periodistas, acompañada por Sergio Hernández, finalista con La añoranza.

La autora ha señalado directamente a Donald Trump al explicar qué le preocupa del presente: “Veo cómo la gente tiene mala memoria y cómo hoy hay una tendencia a idealizar los gobiernos autoritarios, los gobiernos populistas, los líderes, los caudillos, los personajes como Trump, que, teniendo todas las fallas humanas que puede tener una persona, se convierten en ídolos de una mayoría”. Su experiencia bajo la dictadura determina la gravedad con la que observa esa situación. “Eso a mí me parece aterrador, porque lo viví y sé el daño que puede hacer”.

Allende ha recibido el premio, dotado con un millón de euros, en la edición del 75 aniversario, celebrada en la Fira de Barcelona y presidida por los Reyes. Hernández, escritor y guionista valenciano de 32 años, ha obtenido los 200.000 euros correspondientes al finalista. La ganadora había presentado su manuscrito como Los que faltan, bajo el seudónimo de Luz Ventura; Hernández concurrió con Los caminantes, firmado como Martín Guerrero.

La conversación posterior ha permitido a ambos explicar el origen de sus novelas y su relación con dos experiencias históricas que siguen presentes en sus personajes: la dictadura chilena y las consecuencias de la Guerra Civil española. También ha habido espacio para las dudas del oficio, las lecturas de infancia, la influencia de las familias y las bromas de Allende sobre su marido y sus hábitos de trabajo.

BARCELONA, 15/10/2026.- La escritora chilena Isabel Allende (c), acompañada por los reyes de España Felipe (i) y Letizia (d), gana el Premio Planeta 2026 con 'La hora antes del Alba', en la 75 edición del Premio Planeta de novela, esta noche de jueves en Barcelona. EFE/ Alejandro García
La escritora chilena Isabel Allende, acompañada por los reyes de España Felipe y Letizia, gana el Premio Planeta 2026 con ‘La hora antes del Alba’
EFE

“He visto cómo vienen las dictaduras y cómo se van”

A sus 84 años, la escritora ha descrito la situación estadounidense como “desesperada” para quienes, como ella, están “completamente en contra de todo lo que Trump representa”. Sin embargo, su experiencia le permite contemplar el presente con una perspectiva que echa de menos en personas más jóvenes, entre ellas su hijo. “He visto cómo vienen las dictaduras y cómo se van y cómo las cosas cambian, cómo todo es temporal”, ha recordado.

Preguntada por lo que pensaría Salvador Allende de la situación actual, ha recurrido a la imagen de una espiral para explicar su confianza en el progreso: las sociedades vuelven a enfrentarse a problemas semejantes, pero conservan parte de lo aprendido. “Pareciera que damos vueltas por las mismas situaciones, pero en cada situación aprendemos algo y el arco de la historia, el arco de la humanidad, es hacia la evolución ascendente”. Y ha añadido: “No vamos para atrás, aunque parezca a veces que sí. Y espero que él estaría contento de saber que lo que sembró no se perdió”.

Ese convencimiento convive con el miedo. Allende ha distinguido el que siente ahora del que la llevó a abandonar Chile. Entonces tenía treinta y tantos años, dos hijos pequeños y una carrera periodística que consideraba exitosa. Era feliz en su país, pero la posibilidad de ser detenida o desaparecer, sin que nadie respondiera por ella, hacía imposible permanecer allí con tranquilidad.

“Yo no podía correr ese riesgo teniendo los niños pequeños”, ha explicado. Hoy dispone de más recursos y ya no tiene menores a su cargo. “Tengo un temor político, un temor visceral, moral, ético, pero no tengo el temor personal de lo físico” que experimentó entonces.

La autora ha llegado a plantear la posibilidad de marcharse de Estados Unidos, aunque sin anunciar ninguna decisión: “Tal vez sí, tal vez no, depende”. También ha mencionado la deportación como un temor posible, dentro de su reflexión sobre el país en el que reside. Al hablar de una eventual salida, ha recuperado el humor: tiene dos perros que querría llevarse y un marido al que también le gustaría incluir en el viaje. “Pero, bueno, nunca se sabe”.

BARCELONA, 15/10/2026.- La escritora chilena Isabel Allende (2i) gana el Premio Planeta 2026 con 'La hora antes del Alba', acompañada por los reyes de España Felipe (i) y Letizia (2d) y por el director del Grupo Planeta José Creuheras (d), en la 75 edición del Premio Planeta de novela, esta noche de jueves en Barcelona. EFE/ Alejandro García
La escritora chilena Isabel Allende gana el Premio Planeta 2026 con ‘La hora antes del Alba’
EFE

El regreso a Alba

La situación política ha influido en su regreso a Alba, la nieta de Esteban Trueba y Clara en La casa de los espíritus. Durante la entrega del galardón ya había explicado que las amenazas a las democracias, el nacionalismo extremo y el autoritarismo habían reactivado una historia que llevaba décadas acompañándola. En la rueda de prensa ha precisado cómo debe leerse La hora antes del alba: “Es una novela totalmente independiente. No necesitas leer La casa de los espíritus para leer esto”.

Allende ha insistido en esa autonomía frente a la idea de una continuación convencional. La nueva novela cierra el universo de su primera obra y recupera a Alba durante los años de la dictadura, pero cuenta una historia con entidad propia. La juventud del personaje, que tiene veinte años cuando es detenida, condiciona también su mirada: vive el terror sin disponer de la perspectiva histórica con la que la escritora puede examinarlo hoy.

Una de las relaciones que más le interesaba explorar era la de Alba con su abuelo. La joven lo quiere, discrepa de sus posiciones políticas y acaba sufriendo las consecuencias de sus actos. Imaginar esa convivencia del afecto, el desacuerdo y el daño fue decisivo para entrar en el personaje. Una vez que consiguió verla con claridad, ha contado, la narración comenzó a desarrollarse con facilidad y aparecieron personajes que no había previsto.

“Nunca planeo nada, no tengo un bosquejo de lo que voy a hacer, sino que me lanzo de cabeza y por el camino vamos ordenando las cargas”, ha explicado. Esa forma de trabajar no elimina las inseguridades cuando termina un libro: “Espero que les guste la novela, porque yo todavía estoy llena de dudas”.

Carmen Posadas, miembro del jurado, ha contado cómo reconoció a Allende durante la lectura del manuscrito. Primero le resultaron familiares los lugares y después los personajes, hasta que la identidad de la autora se hizo evidente. Para Posadas, nacida en Uruguay, la novela tiene además una resonancia personal por la represión que vivieron Chile, Argentina y su propio país.

La escritora ha aprovechado la comparecencia para agradecer a Allende la influencia de La casa de los espíritus en su vocación. “Fue el libro que a mí me hizo soñar con que yo algún día podía ser escritora”, le ha dicho. Conserva su ejemplar subrayado y anotado y quiere volver a leerlo. De la nueva novela ha destacado a Alba, a los espíritus que intervienen en la historia y, especialmente, a los personajes secundarios.

BARCELONA, 15/10/2026.- La escritora chilena Isabel Allende (d), ganadora del Premio Planeta 2026 con 'La hora antes del Alba', y el escritor Sergio Hernández Carrasco (i), finalista con su novela 'La añoranza', posan en la 75 edición del Premio Planeta de novela, esta noche de jueves en Barcelona. EFE/ Alejandro García
La escritora chilena Isabel Allende, ganadora del Premio Planeta 2026 con ‘La hora antes del Alba’, y el escritor Sergio Hernández Carrasco, finalista con su novela ‘La añoranza’
EFE

Un luchador nacido de los recuerdos de infancia

Entre ellos figura el Ángel, cuyo origen ha dado pie a uno de los recuerdos más singulares de la noche. Allende viajaba en un ferry entre Montevideo y Buenos Aires con su agente, Johanna Castillo, su hijo y su nuera. Durante la travesía, en un barco al que llamaban el Titanic, pensaba en qué escribiría a partir del siguiente 8 de enero. Por entonces solo tenía un personaje claro: un luchador enmascarado, semejante a los mexicanos, de los que parecen matarse sobre el cuadrilátero aunque la pelea sea una representación.

El personaje procedía de su infancia. A su abuelo le gustaba la lucha libre y la llevaba al Coliseo, donde se sentaban en primera fila, lo bastante cerca para recibir las salpicaduras de una sangre que, ha aclarado entre bromas, era salsa de tomate. Había conocido de niña a un luchador de ese mundo y su recuerdo permaneció durante años en su imaginación.

La novela empezó, como las demás, un 8 de enero. Allende ha atribuido esa costumbre a la superstición y a la disciplina. Si acaba un libro en septiembre u octubre, espera hasta esa fecha para comenzar el siguiente. El intervalo, ha bromeado, puede resultar largo para su familia, acostumbrada a tenerla encerrada trabajando: la quieren mucho cuando está detrás de una puerta cerrada, no habla y apenas la ven; cuando sale, la convivencia se complica.

“Si todo está bien, no hay historia”

También ha explicado los cambios de su escritura. Cuando comenzó, hace 45 años, sus referencias estaban vinculadas a la abundancia verbal, las grandes narraciones y el realismo mágico de la literatura latinoamericana. Con el tiempo, sus gustos y sus circunstancias han variado. Vive en Estados Unidos, se desenvuelve en inglés y ha aprendido a escribir de una manera más concisa y directa. Como lectora, también prefiere ahora una mayor síntesis.

Lo que permanece es el afecto por unos personajes que reconoce de un libro a otro: personas solidarias, generosas y valientes a las que les ocurren cosas terribles. “Si todo está bien, no hay historia”, ha señalado. El drama, la tragedia y la violencia forman parte de los conflictos que necesita contar.

La autora ha defendido la capacidad de la literatura para ayudar a entender esos conflictos y relacionarlos con el presente. El periodismo cumple una función imprescindible al informar de lo inmediato; los libros ofrecen tiempo para investigar, analizar y establecer conexiones. En su trabajo con la novela histórica, Allende busca esos paralelismos, y por eso en sus últimos títulos aparecen refugiados, inmigrantes y personas obligadas a abandonar sus hogares.

En Estados Unidos, ha señalado, la inmigración es ahora “un tema caliente y terrible y doloroso y cruel”. “¿Cómo no voy a escribir sobre eso?”, se ha preguntado. La literatura, ha añadido, puede entrar en una casa, en una familia o en una conciencia y modificar la forma de pensar de quien la lee.

Para explicarlo ha utilizado sus propias preferencias informativas. Ve CNN y lee The New York Times, pero no quiere escuchar lo que dice Fox News. Esa selección limita su acceso a lo que piensa la otra mitad del país. Una novela inesperada puede mostrarle una experiencia o una perspectiva a la que de otro modo no se acercaría. “Una vez que te agarra un libro por el cuello, no te deja ir hasta el final. Y te puede cambiar la vida”.

“Es como ganarse el Nobel”

Ganar nuevos lectores es precisamente una de las expectativas con las que afronta el Planeta. El impulso para presentarse llegó de su agente, Johanna Castillo; su hijo Nicolás; su nuera Gloria, y su marido. Allende ha especificado que se trata del tercero y que espera que sea el último, aunque no descarta nada si vive lo suficiente.

Su entorno le preguntó por qué no iba a concurrir a un premio de esa importancia. Aceptó con dudas y ahora reconoce que también le importa el prestigio asociado al galardón. “Estoy en un momento de mi vida en que eso tal vez no debería importar”, ha admitido. Pero sí le importa: “Te da una categoría en el mundo de la literatura que yo quiero tener”. La comparación con la que ha expresado su entusiasmo ha sido directa: “Es como ganarse el Nobel”.

Sergio Hernández y los silencios de la Guerra Civil

A su lado, Sergio Hernández ha explicado lo que significaba compartir la comparecencia con una autora que estudió en Bachillerato, que le salió en Selectividad y a la que volvió a leer en la facultad. Se considera “un absoluto privilegiado” por estar allí con ella.

Nacido en Valencia en 1994, estudió Filología Hispánica en la Universitat de València porque quería dedicarse a escribir. El primer día comprendió que la carrera no iba a enseñarle exactamente lo que esperaba, pero el descubrimiento fue positivo: aprendió algo que considera todavía más importante, leer.

Desde entonces ha publicado poesía, relatos, novela y cómic, y ya mantenía una relación profesional con Planeta Cómic. La añoranza ha supuesto, sin embargo, un cambio en su manera de entender la escritura. Hasta hace poco, ha reconocido, escribía para demostrarse que era escritor. Con este libro empezó a preguntarse qué clase de escritor quería ser.

La historia arranca en la Barcelona de 1959 y sigue a Julia Ferrer, una joven que, cuando huye de la policía, encuentra refugio junto a un traductor francés llamado Bastian. Su relación sentimental se cruza con el pasado de él y con la figura de Antonio Machado.

Hernández ha descrito la escritura de la novela como una experiencia nacida “desde las entrañas” y de un sentimiento de orfandad respecto a los relatos familiares de la Guerra Civil. En su casa se habló poco de ella. Sus abuelos no la habían vivido y sus bisabuelos eran ya mayores cuando él era pequeño. Le faltaron esas conversaciones en las que otras personas han conocido lo que hicieron, padecieron o recordaron sus familiares.

Esa ausencia le produjo una nostalgia por unas historias que nunca llegó a escuchar directamente. La novela responde, en parte, a la necesidad de buscarlas. También por eso se reconoce en Julia, una hija de la posguerra que arrastra heridas de un conflicto que no vivió y carga con una culpa y unos silencios que ha heredado.

“Yo también he crecido en un país roto, lleno de silencios como el de ella”, ha afirmado. Hernández ha subrayado las diferencias entre sus circunstancias y las de una joven nacida en los años cuarenta, pero considera que ambos están atravesados por heridas de la historia española que todavía no se han cerrado. Escribirla ha exigido acercarse a esa experiencia con toda la sensibilidad de la que era capaz.

Leer a Machado debajo de una mesa

El interés por Machado y los poetas de las generaciones del 98 y del 27 procede de mucho antes. Su padre, librero durante años, organizaba pequeñas sesiones de lectura debajo de una mesa de casa, con una vela. Hernández tenía cuatro o cinco años y escuchaba o leía a Machado, Lorca y Miguel Hernández. Aquellos autores adquirieron para él una dimensión casi mitológica.

Por eso ha presentado el paso del manga y el cómic a esta novela como una evolución natural y un regreso a su infancia. Había pospuesto durante mucho tiempo enfrentarse a una historia así. A los 32 años, ha dicho, sintió la necesidad de mirar de frente el lugar del que venía, igual que le ocurre a su protagonista.

Julia recorre un país para averiguar aquello que nadie le ha explicado en casa. Preguntado por lo que podría decirles a los jóvenes de hoy, Hernández ha defendido la importancia de conocer los propios orígenes y poner nombre a los silencios. Esa inquietud, ha precisado, debería concernir a todas las edades. Depende de las lecturas, de la conciencia y de lo que cada persona consume y escucha. Conocer el pasado exige atender a los demás y a uno mismo, y ayuda a evitar que se repitan sus errores.

“Las cicatrices no pueden pesar más que la vida”

Luz Gabás, también miembro del jurado, ha destacado la sensibilidad de La añoranza y ha reconocido su sorpresa al conocer la edad de su autor. La considera una lección de historia y de literatura, capaz de abordar tanto el exilio político como el interior: la dificultad de estar en paz con uno mismo y la búsqueda de una reconciliación.

En su lectura aparecen la rebeldía, la amistad, la política, la culpa, las diferencias ideológicas y la nostalgia. Gabás ha valorado especialmente que el libro mire de frente al pasado. Ha revelado, además, que la frase con la que cerró su intervención en la presentación de las novelas finalistas procedía de esta obra: “Las cicatrices no pueden pesar más que la vida”.

La escritora se ha detenido también en un recurso narrativo al que ha puesto nombre durante la comparecencia: el “presente súbito”. La narración discurre en pasado y, en determinados momentos, cambia brevemente al presente para acercar la escena al lector antes de recuperar el tiempo anterior. Gabás ha elogiado la naturalidad con la que Hernández realiza esas transiciones.

El finalista ha querido precisar, por último, qué significa el título de su novela. Como valenciano, siente una cercanía particular con la palabra añoranza, cuya relación con ignorar le interesa por lo que expresa acerca del desconocimiento de la vida de otra persona cuando no está presente.

Esa idea organiza la relación entre Julia y su amante: lo que cada uno sabe del otro, lo que desconoce y el peso de un pasado que empieza a revelarse. Hernández ha evitado desvelar los detalles, pero ha insistido en que, por encima de los asuntos históricos abordados durante la comparecencia, La añoranza es una historia de amor. Empezó a escribir para contar el exilio de Machado y acabó profundamente unido a sus personajes. Ahora espera que los lectores se enamoren de ellos como le ocurrió a él.

TAGS DE ESTA NOTICIA