En la segunda temporada de The Four Seasons (Netflix estreno 28 de mayo) Tina Fey vuelve a demostrar por qué su nombre es sinónimo de comedia madura con ingenio. Lejos de los ritmos explosivos de sus trabajos anteriores, la serie se adentra aquí en un territorio más emocional. El drama influye en estas cambiantes amistades donde las parejas se desgastan y la pérdida reordena el mapa afectivo de un grupo que intenta sostenerse ante la erosión del tiempo.
Fey es una de la mujeres más establecidas en la comedia televisiva contemporánea. Su trabajo combina escritura, interpretación, dirección y producción con una mirada muy autoral. Formada en el entorno del sketch estadounidense antes de dar el salto a la ficción de serie, su talento recae en la construcción de personajes femeninos complejos alejados del estereotipo. En The Four Seasons explora la amistad adulta desde la fragilidad emocional centrándose en relaciones que se transforman. El proyecto reúne a un equipo de guionistas que en muchos casos llevan décadas trabajando juntos y se construye sobre la premisa sencilla, pero difícil de ejecutar, de observar lo cotidiano y hacernos reír con ello. Fey insiste en que el humor más eficaz no nace de la invención absurda, sino de la conducta real. Esa idea atraviesa toda la conversación que mantiene con Articulo14.

La actriz y creadora habla de una sala de guionistas donde las historias personales se mezclan con la ficción, donde el trabajo consiste tanto en escribir como en recordar. En esta temporada, las preguntas giran en torno a los cambios de la mediana edad, la distancia entre personas que antes eran inseparables y la dificultad de sostener vínculos cuando cada uno evoluciona a un ritmo distinto.
¿Cuándo os dieron luz verde para la segunda temporada, ¿hubo algo concreto que quisieras explorar?
El primer lugar donde me reencontré con mi equipo fue en la sala de guion, para mí lo principal era entender por dónde empezar. Dejamos varios cliffhangers al final de la primera temporada, así que sabíamos que volveríamos a ellos. Qué haría ese embarazo en el grupo, qué papel tendría Ginny, cómo afectaría a todos la muerte de Nick. Y después, a dónde queríamos ir, hacia dónde queríamos viajar.
¿Fue fácil volver a entrar en el personaje?
Sí, creo que sí, porque los actores estamos más cómodos entre nosotros.

¿Qué conversaciones tuvisteis sobre cómo evolucionan las amistades y las relaciones largas en la mediana edad, cuando cada persona cambia a un ritmo distinto?
Tenemos un equipo de guion increíble. Muchos llevamos 25 años conociéndonos. Mucha gente trabajó junta en 30 Rock. Todos comparten cosas de su vida, de sus amistades, de sus matrimonios. Este año queríamos hablar de la relación entre Danny y Kate, algo que no habíamos explorado del todo en la primera temporada, y de lo que ocurre si viven lejos y el dolor que eso implica. También nos gusta “sacudir el tablero”, pensar qué parejas no hemos visto todavía. En Italia, por ejemplo, queríamos ver a Jack echando de menos a su amigo masculino, y cómo Claude puede ocupar ese lugar. Y surgió algo interesante con Claude, que ha vivido mucho tiempo en otro país y en otro idioma, y qué significa volver a sentirse completamente uno mismo. De ahí salieron momentos muy bonitos.
Tu humor suele asociarse con la agudeza y la rapidez, pero aquí hay un tono más de observar y reaccionar. ¿Ha cambiado esto tu forma de entender lo cómico?
Creo que siempre me ha interesado el comportamiento humano real. Las pequeñas rarezas de la gente son más divertidas que cualquier cosa absurda inventada. Trabajar así exige mucha contención. Todos los guionistas son muy divertidos y proponen cosas, pero a menudo decimos: “eso no lo podemos hacer”. Y seguimos buscando lo real.

Sin una secuela cinematográfica que os marque el camino, ¿cómo ha influido esa libertad en la construcción de la segunda temporada?
Una de las cosas que sí tomamos de la película fue la dificultad de Jack para expresar la ira. En la película el personaje de Alan rompe el refugio de esquí al final. Esa idea de la rabia de Jack era algo que queríamos explorar. Más allá de eso, intentamos mantener el tono que Alan había creado.
¿Hubo espacio para la improvisación? ¿Algún momento llegó al montaje final desde la improvisación?
Cada actor aporta su propia especificidad. Por ejemplo, la caída de Kerri en la playa es idea suya, igual que escupir la arena. Colman tiene mucho de si mismo en su forma de calmar al bebé, cantándole cosas. Will haciendo “violencia” es de mis cosas favoritas. Cada uno hace suyo el material.

En la segunda temporada, ¿cuál fue el mayor desafío al escribir?
El gran desafío siempre es encontrar cosas que sean creíbles y reales, pero también lo suficientemente interesantes como para querer seguir viendo la serie. Cómo construir cliffhangers desde momentos cotidianos. Hubo versiones que eran demasiado crueles con el espectador. Por ejemplo, una idea era decir “vamos a Italia” y de repente saltar al invierno y estar todos en Filadelfia con Beverly. Pero nos pareció demasiado. Queríamos jugar con los saltos temporales sin abusar.
¿Tu mejor recuerdo del rodaje de la segunda temporada?
El sueño de Jersey Shore, sin duda.

