Del buque Galicia al desfile del 12 de Octubre: Julia Atero, la dama alumna de la Armada que portará el banderín

Asegura que es un "orgullo" formar parte del día de la Fiesta Nacional: "A mí esto me lo dicen hace dos años y no me lo creo"

Hay quien desfila siguiendo una bandera y quien tiene el honor de anunciar, con el banderín en las manos, la llegada de toda una unidad militar. Este 12 de Octubre, ese cometido recaerá en Julia Atero Muñoz, dama alumna de la Armada que, con 21 años, abrirá paso a sus compañeros en el desfile de la Fiesta Nacional. Con ella al frente, el banderín será la primera señal de una formación que avanzará por las calles de Madrid en una de las jornadas más solemnes para las Fuerzas Armadas. Durante unos minutos, marchará al frente de sus compañeros, ante los ojos de todo un país.

Para Julia, sin embargo, el desfile tiene algo más personal; es la recompensa a un camino que comenzó hace unos años desde la cocina del Galicia hasta la escuela donde se prepara hoy para ser sargento. Un recorrido que hoy la sitúa abriendo paso a una formación, en un lugar que, hasta hace poco, ni siquiera había imaginado. “A mí esto me lo dicen hace dos años y no me lo creo”, confiesa a Artículo 14. Y quizá, por ahora, el de este desfile sea uno de los momentos que más orgullosa le hará sentir dentro de la milicia. Porque hay momentos que se preparan durante semanas y, sin embargo, se recuerdan toda una vida.

Ensayo antes del desfile de la Fiesta Nacional en el que la dama alumna Julia Atero porta el banderín.
Cedida

El banderín, por delante

La elección llegó después de una serie de ensayos e instrucciones en la escuela naval de San Fernando. Allí, donde estudian más de 300 alumnos, los mandos fueron seleccionando a quienes participarían en el desfile de la Fiesta Nacional, un total de 90. Julia ya había portado el banderín en un acto anterior y, aquel día, le pidieron que dejara el armamento y lo cogiera. No sabía entonces que aquel gesto podía ser el comienzo de algo más.

Cuando le comunicaron que estaría entre los elegidos para el desfile, la alegría fue inmediata. “Me puse súper contenta, no me lo podía creer”, recuerda. Para ella, además de un honor, era la confirmación de que estaba haciendo bien aquello a lo que dedica sus días: estudiar, prepararse físicamente y aprender a ser militar.

La Dama alumna de San Fernando, Julia Atero.

La noticia tuvo dos destinatarios inmediatos. Primero, su pareja, que también se forma en la Armada y además participa en la parada militar y después, su familia. Cuanto telefoneó a su madre le dijo: “Este año tendrás que ver el desfile del 12 de octubre desde el televisor, pero pegadita, pegadita; no te lo puedes ni perder”.

El desfile de la Fiesta Nacional no se improvisa. Detrás de la imagen precisa que verá el público hay horas de instrucción, coordinación y preparación. Los alumnos se levantan de madrugada, se desplazan hasta el lugar de ensayo y repiten, al menos durante seis horas, todos los movimientos hasta que cada pieza encaja. Después toca limpiar el fusil, preparar el equipo y dejarlo todo dispuesto para la siguiente jornada. “Lo que se ve en el momento del desfile es nada, es un instante para todo el trabajo que hay detrás”, resume.

Antes del banderín, el mar

La historia de Julia empezó a bordo del Galicia, un buque de la Armada en el que trabajó como marinera de hostelería. Su puesto estaba en la cocina, entre fogones, bandejas y comidas que había que preparar para cientos de personas. Un trabajo indispensable en el engranaje de cualquier misión. “Yo era marinero antes y estaba a disposición de lo que me mandara mi cabo primero” en las cocinas, explica. Un día tocaba cortar; otro, ayudar como pinche o preparar comida a la plancha. Entre sus recuerdos culinarios está la crema de verduras, que tenía sus admiradores entre la tripulación. Cuando alguien se acercaba a felicitarla, aquella pequeña recompensa bastaba para hacerle el día.

Buque Galicia de la Armada Española.
Armada Española.

Le gustaba su especialidad, pero quería avanzar. Así que se presentó a las pruebas para acceder a la escala de suboficiales. Entre las opciones disponibles estaba Sistemas, especialidad en la que ahora se instruye.

Su vida ha cambiado, pero el horizonte sigue siendo el mismo: el mar. Desde niña le había atraído ese mundo. En su familia siempre hubo barcos y la navegación despertaba en ella admiración y curiosidad. También, confiesa, le interesaban las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y las profesiones ligadas a la acción. Su abuelo había sido policía local y, aunque no llegó a conocerle, las historias que su madre le contaba alimentaron su vocación. Entró en la Armada con 19 años para “probar” y encontró una forma de vida. “Yo me quiero quedar aquí”, se dijo.

En enero, según el itinerario previsto, continuará su formación en Ferrol, en la Escuela de Especialidades Antonio de Escaño. Su propósito es seguir aprendiendo, ascender y navegar. “Hartarme de barco”,  dice con simpatía.

La otra cara de la vida militar

La épica del desfile dura unos minutos pero la de la vida militar se construye en jornadas mucho más largas, lejos de las cámaras y del aplauso. Julia lo sabe porque ha vivido a bordo de un buque y conoce lo que significa compartir el espacio, el tiempo y las obligaciones con personas que, antes de embarcar, eran prácticamente desconocidas. “Tú estás en un sollado con muchísima gente, compartiendo tu espacio personal, las 24 horas, todos los días, con personas que antes no conocías de nada”, cuenta. En el barco, explica, “hay que aprender a convivir, a ceder y a hacer de los compañeros una familia”.

La distancia también forma parte de la profesión. Puede pasar hasta tres meses sin pisar casa durante una navegación. La familia, las amistades y la vida cotidiana adquieren otra dimensión cuando el mar se interpone entre ambos. Es uno de los sacrificios que más nota, aunque no lo suficiente como para querer cambiar de rumbo.

 

Inspirar

Este 12 de Octubre habrá niñas mirando el desfile desde las aceras de Madrid. Algunas se fijarán en los uniformes; otras, en los aviones que pintan la bandera nacional sobre el cielo, en los pasos acompasados o en los carros de combate. Tal vez alguna se pregunte si ella también podría estar ahí algún día. Julia tiene una respuesta para esa niña: no le habla de destinos extraordinarios ni de una vocación que deba nacer completamente formada, habla de atreverse, de no descartar un camino antes de conocerlo. “Si tiene unas mínimas ganas o un mínimo gusanillo, que se tire a la piscina”, aconseja. Ella misma llegó sin saber exactamente qué iba a encontrarse y acabó descubriendo su lugar.

Cuando termine el desfile, volverá a la escuela. Seguirá estudiando para convertirse en sargento y esperando nuevas oportunidades para embarcar. El banderín dejará de estar en sus manos, pero la historia que la ha llevado hasta Madrid continuará.

Cuando se le pregunta qué es España para ella, la dama alumna lo resume así: “Es mi nación, mi país” y recuerda que quienes sirven en las Fuerzas Armadas “estamos dispuestos a dar la vida por ella”.

 

TAGS DE ESTA NOTICIA