Los abucheos al presidente del Gobierno volvieron a abrir la celebración del 12 de Octubre. Lo hicieron, además, en una edición especialmente marcada por la proximidad de las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. La llegada de las autoridades marcó los primeros compases de la mañana en el paseo de la Castellana y la Plaza Cánovas del Castillo, donde fueron tomando posiciones los presidentes autonómicos con las ausencias de los dirigentes de Navarra, País Vasco y Andalucía, este último de viaje en Bruselas. Junto al palco aguardaban ya la ministra de Defensa, Margarita Robles; el jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD); el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Mientras tanto, el vehículo oficial de Pedro Sánchez permaneció cinco minutos detenido antes de que el presidente descendiera, en una escena ya habitual en los últimos años. Ni siquiera la ausencia de anuncio previo por megafonía, y su estrategia de apurar los tiempos hasta el último minuto, evitó que se escucharan los abucheos que resonaban a lo lejos debido a que las tribunas estaban bastante alejadas del público. En su descenso se escucharon silbidos y gritos de protesta al grito de “hijo de puta”, “fuera de la Moncloa”, que se entremezclaban con los de “¡Ceuta no se vende!”.
La llegada de Felipe VI, con uniforme del Ejército del Aire; Doña Letizia, la Princesa Leonor con uniforme del Ejército de Tierra y la infanta Sofía concentraron los aplausos a su llegada.

La bandera, desde las alturas
Como cada año, el inicio estuvo marcado por uno de los momentos más esperados por el público. Los miembros de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire y del Espacio descendieron desde el cielo para protagonizar el tradicional salto de la bandera. El cabo primero Lago, encargado de portar la enseña nacional de 24 metros cuadrados y 15 kilos de peso, descendió acompañado por el sargento primero Matanza, saltador guía de la PAPEA que cayeron en el punto establecido con milimétrica precisión.
Felipe VI pasó revista a la Fuerza de Honores antes de ocupar su lugar para presidir los actos. A continuación, llegó uno de los momentos más solemnes de la mañana: el izado de la bandera nacional, que precede al homenaje a quienes dieron su vida por España.
El silencio se impuso mientras la enseña ascendía por el mástil. El Rey, junto con la Princesa de Asturias depositaron la corona de laurel ante la bandera, en recuerdo de los caídos, y los militares rindieron honores entonando La muerte no es el final. El silencio solo fue roto con las salvas de fusilería, que resonaron ante la tribuna real y pusieron fin a uno de los pasajes más solemnes del desfile que tenía que haber cerrado la pasada de los Mirlo algo que, finalmente no ocurrió aunque se les pudo ver en las proximidades.

Madrid levanta la mirada
Madrid levantó la vista al cielo antes incluso de que comenzara el desfile. La primera gran imagen de este 12 de Octubre llegó desde el aire, cuando los cazas del Ejército del Aire y del Espacio trazaron por primera vez la bandera de España sobre la capital, inaugurando una jornada en la que tradición, historia y capacidades militares volvieron a encontrarse en el paseo de la Castellana. Más de 4.300 integrantes de las Fuerzas Armadas, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y otros organismos públicos participaron en un acto que reunió algunas de las imágenes más reconocibles de la Fiesta Nacional.
Superado el acto de homenaje, el cielo quedó reservado para el desfile aéreo. El rugido de los F-18 encabezaron la formación de mando, seguidos por los Eurofighter de las alas 11 y 14 y por nuevos grupos de F-18 procedentes de las alas 12 y 15. Tras ellos llegaron los Harrier de la Armada y la formación de reabastecimiento en vuelo compuesta por un Airbus A330 escoltado por cazas.

La exhibición continuó con los A400M de transporte operacional, los Falcon y Citation empleados en misiones de transporte estratégico y reconocimiento, los Canadair del 43 Grupo especializados en la lucha contra incendios y los medios de vigilancia marítima de la Guardia Civil. El desfile aéreo ofreció así una panorámica de las capacidades de defensa, rescate, vigilancia y apoyo al Estado que desarrollan diariamente las Fuerzas Armadas y otros organismos públicos.
Después se abrieron paso los helicópteros. NH-90, Super Puma, Tigre, Cougar, Chinook, Seahawk y Dauphin recorrieron el cielo madrileño junto a aeronaves de la Guardia Civil, la Policía Nacional, la Dirección General de Tráfico y Vigilancia Aduanera. Cerraron el desfile aéreo cinco Pilatus PC-21 de enseñanza y una última formación de Eurofighter que puso el broche a la exhibición y que, por primera vez, ha pintado la bandera de España sobre el cielo.
La mirada regresó entonces al asfalto. La Guardia Real tomó la avenida con la Escuadra de Gastadores, la Unidad de Música y las históricas compañías Monteros de Espinosa, Mar Océano y Plus Ultra, encargadas de abrir el desfile terrestre. Detrás desfilaron las banderas y estandartes de distintas unidades de los Ejércitos, la Armada, la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Unidad Militar de Emergencias.

Uno de los momentos más simbólicos llegó con el paso de los alumnos de los principales centros de formación militar. Cadetes de la Academia General Militar, la Escuela Naval Militar, la Academia General del Aire y del Espacio, la Academia Central de la Defensa y la Academia de Oficiales de la Guardia Civil representaron a quienes asumirán el relevo de las actuales generaciones de mando.
Tras ellos, las unidades de la Infantería de Marina, del Ejército del Aire y del Espacio, de la Unidad Militar de Emergencias y de la Guardia Civil que siempre son muy aplaudidas, antes de que el protagonismo recayera en las formaciones del Ejército de Tierra. El Regimiento Inmemorial del Rey, la Brigada Guadarrama, la Fuerza Terrestre y las unidades de Guerra Electrónica avanzaron ante la tribuna entre los acordes de las bandas militares.
La ausencia de las unidades de Ceuta
Sin embargo, el momento de mayor expectación se reservaba para las unidades llegadas desde las plazas españolas del norte de África. Primero apareció el Tercio “Don Juan de Austria” 3º de La Legión. El característico paso rápido de los legionarios, acompañado por la banda de guerra, volvió a provocar una de las mayores ovaciones de la mañana. No era una participación cualquiera. Este año la VIII Bandera “Colón” celebra su centenario, cien años de historia que abarcan desde los combates en Marruecos hasta misiones internacionales en Bosnia, Kosovo, Irak, Afganistán, Líbano o Mali.
Junto a ellos volvió a desfilar también una de las imágenes más fotografiadas de la jornada: la cabra que acompaña al Tercio, convertida ya en un símbolo inseparable del paso legionario, Babieca.

La referencia a Ceuta, de hecho, sobrevoló buena parte de la jornada. Los gritos de “¡Ceuta no se vende!” escuchados durante la llegada de las autoridades encontraron eco más tarde en el desfile, marcado por una ausencia significativa: ninguna unidad de la ciudad autónoma pudo participar al continuar desplegada desde el pasado 30 de julio en labores de protección y vigilancia de la frontera. Una circunstancia excepcional que convirtió a la representación llegada desde Melilla en una de las más aplaudidas y seguidas por el público congregado en la Castellana. Fue el Grupo de Regulares de Melilla nº 52 que se distingue de los Regulares de Ceuta por su característico color rojo. Su avance pausado y su peculiar cadencia marcaron un contraste con el ritmo legionario, pero despertaron una admiración similar entre los asistentes. Herederos de una de las tradiciones más veteranas del Ejército español, los Regulares volvieron a exhibir una personalidad propia que cada año les convierte en uno de los momentos más reconocibles del desfile.

En apenas unos minutos, Madrid contempló el paso de dos de las unidades con mayor arraigo histórico y simbólico de las ciudades autónomas. La Legión y los Regulares representan buena parte de la identidad militar de Ceuta y Melilla y mantienen un vínculo que trasciende lo estrictamente castrense para formar parte de la memoria colectiva de ambas ciudades. Por eso, año tras año, su presencia se convierte en uno de los momentos más esperados por el público. Sin embargo, la situación que atraviesa Ceuta hizo que no hubiera ninguna unidad de esta ciudad autónoma que continúan desde el pasado 30 de julio protegiendo la frontera.
La agrupación montada puso el cierre al desfile con la Batería Real de la Guardia Real, el Escuadrón de Sables de la Guardia Civil y la unidad a caballo de la Policía Nacional.

Estreno del 8×8
La gran puesta de largo de esta edición llegó sobre ruedas. Por primera vez, tres blindados 8×8 Dragón participaron en el desfile de la Fiesta Nacional. El VCR 8×8 Dragón, llamado a convertirse en el principal blindado del Ejército de Tierra, ha estado rodeado de polémica por los continuos retrasos acumulados en su desarrollo y entrega, así como por diversos problemas técnicos detectados durante las pruebas. El programa, considerado uno de los proyectos industriales y militares más importantes de la defensa española, ha sufrido aplazamientos que obligaron al Ministerio de Defensa a imponer sanciones al consorcio fabricante, Tess Defence, y a exigir cambios en su gestión.







