El fútbol femenino vuelve a ocupar el centro del escenario. Este domingo, el Spotify Camp Nou abrió sus puertas para recibir por primera vez en Liga F un Clásico entre Barça y Real Madrid, una cita que vuelve a poner de manifiesto cuánto ha crecido este deporte en los últimos años. La expectación alrededor del encuentro, con miles de entradas ya vendidas y una cobertura audiovisual inédita en la competición, es otra muestra de un interés que hace tiempo dejó de ser anecdótico. El fútbol femenino gana espacio, público y visibilidad y los grandes escenarios ya forman parte de su presente. Pero, mientras el césped refleja ese cambio, hay otra fotografía que merece ser mirada con atención: la de ambas entidades y sus Junta Directiva. Porque también detrás de los focos, en los lugares donde se toman las decisiones, queda mucho por cambiar.
Tres nombres que rompen el encuadre
En el Barça hay dos nombres que rompen la mayoría masculina de la junta. Elena Fort, vicepresidenta y portavoz, es abogada especializada en derecho público y urbanismo y ya formó parte de la directiva entre 2008 y 2010. Después pasó por el Parlament de Catalunya y regresó al club en 2021 de la mano de Joan Laporta. En el nuevo mandato ocupa de nuevo un puesto de máxima responsabilidad institucional. Junto a ella está Carme Hortalà, vocal y profesional del sector financiero con más de tres décadas de experiencia. Antes de entrar en la junta, presidió la Comisión Económica del Barça entre 2024 y 2026, desde donde participó en el seguimiento de las cuentas y la situación financiera del club.
En el Real Madrid el nombre femenino es uno: Catalina Miñarro. Vocal de la junta desde 2017, llegó al club después de construir una larga trayectoria en el ámbito jurídico y empresarial. Licenciada en Derecho y abogada del Estado desde 1989, actualmente es vicepresidenta segunda y consejera coordinadora de MAPFRE, además de formar parte de otros consejos de administración. En junio fue incluida de nuevo en la candidatura de Florentino Pérez y, tras las elecciones, volvió a ocupar un asiento en la junta madridista, hasta 2030.
Tres mujeres, tres trayectorias y dos clubes que concentran buena parte del poder del fútbol español. Sus caminos hasta esas mesas de decisión son distintos, pero las tres han conseguido hacerse un hueco en estructuras que todavía tienen rostro mayoritariamente masculino.

Más espacio, mismo poder
El avance del fútbol femenino se ha hecho visible en muchos frentes. Los estadios reciben cada vez más público, las competiciones han ganado espacio en los medios y las grandes marcas han encontrado en ellas un escenario con capacidad para atraer audiencia y generar interés. El crecimiento ya no se mide únicamente por lo que ocurre durante los 90 minutos, sino por todo lo que se ha construido alrededor.
Sin embargo, cuando la mirada se desplaza del terreno de juego a los órganos de decisión, la evolución es menos evidente. Las estructuras de poder de los grandes clubes siguen teniendo una presencia femenina muy reducida, incluso en un momento en el que sus equipos femeninos forman parte de la primera línea de sus proyectos deportivos.
La diferencia plantea una cuestión que va más allá de un número: si las mujeres ya han demostrado que tienen un lugar protagonista en el deporte, ¿por qué siguen siendo una excepción cuando llega el momento de decidir sobre él?

El precedente esta ahí
Aunque las grandes cúpulas del fútbol español todavía estén lejos de reflejar ese cambio, no todo el deporte avanza al mismo ritmo. Hay estructuras en las que la presencia de las mujeres sí ha crecido de forma clara y que muestran que el camino hacia una mayor representación ya está en marcha. Las federaciones deportivas son uno de esos ejemplos.
España ha superado el millón de licencias federativas femeninas y el Consejo Superior de Deportes ha destinado 12,6 millones de euros al programa Mujer y Deporte entre 2018 y 2025. También ha cambiado la composición de sus órganos de decisión: las mujeres han pasado de ocupar el 19,95% de las juntas directivas de las federaciones en 2014 al 42% una década después. Un crecimiento que no borra las diferencias que todavía existen, pero que sí demuestra que las estructuras pueden transformarse cuando la presencia femenina deja de ser testimonial.
El fútbol femenino ha avanzado sobre el césped y el deporte español empieza a hacerlo también en sus despachos. El tiempo dirá cuándo esa evolución alcanza también a las grandes cúpulas del fútbol.

