De la televisión a la compra diaria: los españoles normalizan pagar a plazos y ya financian una media de 574 euros

El crédito al consumo crece con fuerza mientras las cuotas y el pago fraccionado entran en las decisiones cotidianas de compra

Hubo un tiempo en el que pedir financiación tenía casi siempre detrás una compra importante. Un coche, una reforma, un sofá o aquella televisión demasiado cara para pagarla de una sola vez. La deuda estaba asociada a bienes duraderos y a desembolsos excepcionales. Esa frontera se ha ido desdibujando. Hoy es posible fraccionar desde un ordenador hasta unas vacaciones, una matrícula o una compra mucho más cotidiana sin abandonar siquiera la pantalla de pago.

El propio Banco de España ha advertido del cambio. La financiación ya no se utiliza únicamente para coches, reformas o viajes. La institución reconoce que recurrir al crédito se ha convertido en una solución habitual para algunas personas y que su utilización alcanza ya «las compras del día a día e incluso las necesidades básicas». El fenómeno no significa que toda España viva a crédito, pero sí retrata una transformación evidente en la manera de consumir.

Los datos oficiales permiten observar el cambio con perspectiva. Las nuevas operaciones de crédito al consumo —sin incluir en esta serie las tarjetas de crédito y revolving, que el Banco de España contabiliza por separado— ascendieron a 26.600 millones de euros en 2020. En 2021 fueron 28.419 millones; en 2022, 29.924 millones; en 2023 alcanzaron los 32.311 millones y en 2024 dieron otro salto hasta 38.642 millones.

En 2025, la financiación mediante nuevos créditos al consumo alcanzó los 46.639 millones de euros. Es un 20,7% más que un año antes y aproximadamente un 75% más que en 2020. Esta última comparación debe tomarse con cautela porque el primer año de la pandemia deprimió extraordinariamente el consumo: frente a 2019, cuando se contrataron 36.237 millones, el crecimiento ronda un 29%. La tendencia, incluso corrigiendo aquel efecto, sigue siendo considerable.

El pago aplazado deja de ser una solución excepcional

Hay otra cifra que permite entender por qué la financiación está dejando de percibirse como algo reservado a los grandes desembolsos. El crédito al consumo acumulaba un saldo de aproximadamente 114.000 millones de euros en noviembre de 2025, según los datos expuestos por el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Representaba alrededor del 15% de todo el crédito concedido a los hogares y se encontraba en máximos históricos.

A esta evolución del crédito tradicional se ha sumado la expansión del denominado Buy Now, Pay Later (BNPL), literalmente «compra ahora y paga después». Su funcionamiento ha reducido considerablemente la fricción que tradicionalmente acompañaba a solicitar financiación: el consumidor selecciona el aplazamiento durante el proceso de compra y distribuye el desembolso en varias cuotas, en ocasiones sin intereses durante los plazos más breves.

La «Radiografía del BNPL en España», elaborada por Aplazame a partir de las operaciones registradas en su plataforma entre marzo de 2025 y marzo de 2026, sitúa el importe medio financiado en 574 euros. El dato debe interpretarse como una fotografía de los clientes de esta plataforma y no como una media oficial de todos los consumidores españoles, pero permite observar un comportamiento significativo.

El 56% de quienes recurren a esta modalidad de financiación tiene entre 25 y 44 años. Entre los menores de 35 años, el importe medio asciende a 692 euros y, dentro del grupo de 18 a 24 años, llega hasta los 745 euros. El plazo de devolución más habitual se mueve alrededor de los diez o doce meses.

También ha cambiado lo que se financia. La electrónica continúa encabezando las operaciones analizadas por Aplazame, con un 39% del total, pero ya no está sola. Hogar y decoración representan un 17%; la educación alcanza el 10%; los viajes y el turismo, el 7,5%, y el material deportivo, el 5,6%. La financiación ha abandonado así el territorio exclusivo del electrodoméstico o el vehículo para extenderse a formación, ocio y decisiones ordinarias de consumo.

Compras mayores y plazos cada vez más normalizados

La financiación de los españoles
Multitud de personas realizan sus compras en el centro comercial de La Maquinista de Barcelona, en una imagen de archivo.
EFE/Alejandro García

La evolución interna de las operaciones aporta otra pista. Un estudio anterior de Aplazame situaba el importe medio financiado en 456 euros en 2021. En 2025 había aumentado hasta 565 euros, un 23,9% más. Y durante los doce meses analizados hasta marzo de 2026 alcanzó después los 574 euros.

No solo crece el importe. En la plataforma, las operaciones de financiación de entre tres y doce meses representaban el 62,3% del total en 2021 y habían pasado al 72,5% en 2025. Al mismo tiempo, las compras inferiores a 200 euros perdieron peso, desde el 41,1% hasta el 32,6%, mientras aquellas superiores a 400 euros aumentaron desde el 37,2% al 45,4%.

El resultado es un modelo que empieza a ocupar un espacio intermedio entre pagar al contado y pedir un préstamo personal. La financiación está cada vez más integrada en el momento mismo de la compra. Klarna, PayPal, Sequra, Scalapay o Aplazame compiten en este terreno, mientras los bancos también incorporan fórmulas semejantes. Bankinter, por ejemplo, habilitó este año el fraccionamiento de determinadas compras realizadas con sus tarjetas a través de Apple Pay en planes de entre tres y doce meses.

Funcas calcula que entre el 20% y el 35% de los comercios online españoles podría mostrar ya alguna solución de BNPL y eleva la estimación al 40%-60% entre establecimientos medianos y grandes. Son estimaciones, no estadísticas oficiales, pero ayudan a comprender por qué la financiación se presenta cada vez menos como un préstamo y más como otra opción dentro del botón de pagar.

En una encuesta publicada por Aplazame con motivo del incremento de gastos de septiembre, uno de cada cuatro consultados aseguraba que tenía previsto recurrir a alguna modalidad de fraccionamiento. El principal motivo, señalado por casi el 40%, era distribuir mejor los gastos durante el mes. Un 22% pretendía utilizarlo para afrontar compras de importe elevado y otros consumidores señalaban los imprevistos o la voluntad de evitar tocar sus ahorros.

La comodidad de una cuota puede ocultar el coste

La normalización de esta financiación tiene, sin embargo, una segunda cara. Dividir 600 euros en seis pagos de 100 transforma psicológicamente el desembolso, pero no reduce el precio. Y cuando existe un interés o una comisión, lo incrementa. El problema aparece especialmente cuando distintas cuotas pequeñas comienzan a acumularse y el consumidor pierde la perspectiva de cuánto dinero tiene ya comprometido en los meses siguientes.

Funcas señala precisamente entre los riesgos del BNPL el sobreendeudamiento, las compras impulsivas y la dificultad para percibir el coste real cuando se acumulan varias operaciones en plataformas diferentes. El Banco de España lleva años realizando una advertencia semejante: aplazar una compra sigue siendo financiación aunque el proceso resulte casi invisible.

Tampoco todas las fórmulas cuestan lo mismo. La OCU ha encontrado opciones de BNPL al 0% TAE cuando el pago se divide en pocos plazos, pero también modalidades que se acercan al 24% TAE cuando la devolución se prolonga. Las tarjetas revolving pueden superar habitualmente el 20%. Por eso una cuota mensual pequeña puede ser una referencia engañosa: para comparar alternativas importa conocer la TAE, las comisiones y el coste total que finalmente habrá que devolver.

La expansión del mercado ha terminado llegando también al regulador. La actual Ley de Crédito al Consumo ofrece protección específica fundamentalmente para operaciones comprendidas entre 200 y 75.000 euros, mientras que la nueva Directiva europea amplía el perímetro para incorporar fórmulas digitales como el BNPL y determinados créditos que hasta ahora podían quedar fuera.

España prepara una nueva regulación que pretende limitar costes, reforzar el análisis de solvencia y aumentar la transparencia de esta financiación. El texto sigue siendo un anteproyecto: el Consejo Económico y Social aprobó el pasado 6 de octubre su dictamen sobre la futura Ley de Contratos de Crédito al Consumo, por lo que todavía no puede presentarse como una norma en vigor.

El fenómeno tampoco debe confundirse con una situación de sobreendeudamiento generalizado. La deuda global de las familias respecto al tamaño de la economía permanece en niveles históricamente bajos. Lo novedoso está en otro lugar: pedir financiación para consumir se ha vuelto más sencillo, inmediato y cotidiano. La misma familia que evita endeudarse durante veinte años puede no tener reparos en repartir durante seis meses el coste de un ordenador, unas vacaciones o un curso.

Ahí está el verdadero cambio. Durante años, pagar a plazos significaba sentarse ante una mesa, firmar papeles y asumir conscientemente una deuda. Ahora puede consistir simplemente en marcar una casilla antes de finalizar una compra. La financiación no ha desaparecido detrás de esa facilidad: simplemente se ha vuelto mucho menos visible. Y quizá precisamente por eso nunca había resultado tan fácil incorporarla a la vida cotidiana.

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