Durante décadas, hablar de ahorro en España era hablar casi inevitablemente de dinero en el banco. La cuenta corriente, la libreta y el depósito a plazo funcionaban como el refugio natural de unas familias tradicionalmente prudentes. Esa fotografía, sin embargo, empieza a cambiar. El efectivo y los depósitos siguen concentrando cientos de miles de millones de euros, pero nunca en los últimos treinta años habían tenido tan poco peso dentro del patrimonio financiero de los hogares.
Los últimos datos del Banco de España revelan una transformación que se ha producido lentamente y que ahora resulta mucho más visible. Al terminar 2025, el efectivo y los depósitos suponían alrededor de un tercio de todos los activos financieros de las familias. En el segundo trimestre de 2026, su peso ha seguido descendiendo hasta situarse en torno al 32%. Al mismo tiempo, las participaciones en fondos de inversión y en el capital de empresas ganan terreno.
Esto no significa que los españoles estén vaciando sus cuentas bancarias. El volumen de efectivo y depósitos aumentó desde aproximadamente 1,10 billones de euros a finales de 2024 hasta 1,15 billones en 2025 y supera ya los 1,16 billones. Lo que está cambiando en el ahorro en España es la composición de la riqueza: el dinero depositado en el banco crece, pero otros activos lo hacen todavía más rápido.
La riqueza financiera de los hogares se dispara
El cambio se aprecia especialmente al observar la evolución de la riqueza financiera neta; es decir, los activos financieros de las familias una vez descontados sus pasivos. La serie revisada del Banco de España muestra que esta riqueza se situaba en 2,04 billones de euros en 2021. Un año después retrocedió ligeramente hasta 2,03 billones, coincidiendo con uno de los momentos más complicados para los mercados financieros y con el estallido de la crisis inflacionista.
Desde entonces, la trayectoria ha sido prácticamente vertical. La riqueza financiera neta alcanzó los 2,18 billones en 2023, los 2,38 billones en 2024 y los 2,65 billones de euros al finalizar 2025. En apenas cuatro años, el incremento alcanza aproximadamente el 30%. Y el movimiento no se ha detenido: en el segundo trimestre de 2026, el Banco de España sitúa la cifra en cerca de 2,81 billones.
Es precisamente esta evolución la que permite entender mejor el cambio del ahorro en España. No todo ese aumento procede de nuevas aportaciones realizadas por las familias. El Banco de España destaca que una parte importante del crecimiento reciente de la riqueza se explica por la revalorización de los activos, especialmente de las participaciones empresariales y los fondos de inversión. Cuando las acciones o los activos que forman una cartera suben de precio, también aumenta el patrimonio de su propietario aunque este no haya realizado una nueva aportación.
Por eso sería incorrecto interpretar los datos como una estampida de las cuentas bancarias hacia la bolsa. La realidad es más gradual. El dinero continúa entrando en depósitos, mientras que simultáneamente aumentan las inversiones financieras y se revalorizan las ya existentes. El resultado es que el viejo colchón bancario pierde protagonismo dentro de una tarta cada vez mayor.
La fotografía del segundo trimestre de 2026 es especialmente reveladora. Los hogares acumulan alrededor de 3,65 billones de euros en activos financieros brutos. De ellos, cerca de 1,17 billones corresponden a efectivo y depósitos; aproximadamente 639.000 millones están en fondos de inversión y casi 1,20 billones aparecen contabilizados como participaciones en el capital. La suma de estas dos últimas categorías supera ya la mitad del patrimonio financiero bruto.
No obstante, las participaciones en capital no equivalen exclusivamente a pequeños ahorradores comprando acciones desde una aplicación. Incluyen también acciones no cotizadas y participaciones empresariales, cuyo reparto está muy condicionado por el nivel de renta y riqueza. El cambio del ahorro en España, por tanto, no está ocurriendo con la misma intensidad en todos los hogares.
Los fondos de inversión ganan espacio en las carteras

Donde sí existe una tendencia particularmente clara es en los fondos. Según Inverco, los fondos de inversión nacionales cerraron 2025 con un patrimonio récord de 450.889 millones de euros, después de crecer cerca de 52.000 millones durante el año. Las suscripciones netas superaron los 32.400 millones, su mejor resultado desde 2014.
La tendencia ha continuado durante 2026. A finales de septiembre, el patrimonio se encontraba alrededor de los 478.000 millones de euros, un 6% más que al comenzar el ejercicio, pese a las correcciones sufridas por los mercados durante el propio mes de septiembre. Las aportaciones netas acumuladas durante el año superan los 10.600 millones.
Los fondos cuentan, además, con una particularidad fiscal relevante para entender su presencia dentro del ahorro en España. La normativa permite traspasar el dinero de un fondo a otro sin tributar por las plusvalías en ese momento. La factura fiscal queda diferida hasta que el inversor reembolsa definitivamente el dinero, algo que permite modificar una cartera sin pagar impuestos cada vez que se cambia de producto.
Pero la expansión de los fondos tampoco significa que se hayan convertido en un producto universal. La Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España demuestra que a finales de 2024 únicamente el 9,5% de los hogares poseía fondos de inversión. Entre aquellos que sí los tenían, el valor mediano de la inversión ascendía a 30.000 euros. En acciones cotizadas invertía directamente el 12,1% de los hogares.
La diferencia por renta y patrimonio continúa siendo enorme. La propia encuesta muestra que la exposición a productos financieros de mayor riesgo aumenta conforme crece la riqueza del hogar. De hecho, entre 2022 y 2024 apenas cambió el porcentaje de familias que poseía acciones o fondos; lo que aumentó fue el valor acumulado entre quienes ya tenían estos activos.
Así pues, el cambio en la forma de ahorrar es real, pero no necesariamente masivo. Una parte del desplazamiento estadístico hacia activos financieros procede de hogares que ya invertían y ahora acumulan posiciones mayores, tanto por nuevas aportaciones como por la evolución favorable de los mercados.
Ahorrar más no significa dejar más dinero en la cuenta
El cambio de hábitos también coincide con una etapa en la que mantener dinero sin remunerar tiene un coste de oportunidad cada vez más evidente. El propio Banco de España recuerda que la remuneración de muchas cuentas corrientes sigue siendo muy baja o incluso nula. Para un ahorrador con capacidad para asumir cierto riesgo y un horizonte suficientemente largo, dejar todo el patrimonio en una cuenta corriente puede resultar menos atractivo que hace años.
Eso no convierte automáticamente los fondos, las acciones o cualquier otro producto financiero en una alternativa mejor para todo el mundo. Cada instrumento tiene un nivel diferente de riesgo, liquidez y horizonte temporal. Los depósitos conservan una ventaja fundamental: permiten preservar el capital con una volatilidad prácticamente inexistente y las cuentas mantienen la disponibilidad inmediata del dinero. La transformación del ahorro en España no elimina la utilidad del efectivo ni del depósito; simplemente reduce el monopolio que tuvieron durante décadas.
Además, la capacidad para ahorrar se está moderando. El INE sitúa la tasa de ahorro de los hogares, una vez corregidos los efectos estacionales, en el 11% de la renta disponible durante el segundo trimestre de 2026. La renta disponible creció un 5,5% interanual, pero el gasto en consumo lo hizo todavía más, un 7,1%. En 2025 la tasa media había quedado en el 12%, siete décimas por debajo de la registrada un año antes.
La paradoja es solo aparente. Las familias pueden reservar una proporción algo menor de sus ingresos y, al mismo tiempo, poseer una riqueza financiera cada vez mayor. Son magnitudes diferentes: una mide cuánto se ahorra de la renta obtenida durante un periodo; la otra refleja todo el patrimonio acumulado durante años y su valoración en el mercado.
También existe una España que queda fuera de esta transformación. Un estudio de Mapfre publicado recientemente concluye que siete de cada diez personas aseguran ahorrar habitualmente, pero solo el 27% de los ahorradores invierte parte del dinero que consigue reservar. Entre quienes sí invierten, los fondos constituyen la opción más extendida. La imagen del pequeño inversor crece, pero sigue estando lejos de representar a toda la población.
Lo que parece haberse terminado es la época en la que el ahorro en España podía explicarse casi exclusivamente mirando el saldo de las cuentas bancarias. Los depósitos continúan siendo gigantescos y probablemente seguirán ocupando un lugar esencial en las finanzas familiares, pero alrededor de ellos ha crecido un patrimonio cada vez más diversificado.
En apenas unos años, la riqueza financiera neta de los hogares ha pasado de poco más de dos billones a acercarse a los tres. Y mientras esa montaña de ahorro crece, el dinero inmóvil en efectivo y depósitos representa una porción cada vez menor. No porque haya desaparecido, sino porque el resto del patrimonio financiero de los españoles está creciendo más deprisa.

