Una mujer empresaria ha conseguido que comunidades indígenas mexicanas puedan trabajar para grandes multinacionales como Ikea, Audi, Lacoste o Adidas. Se llama Fátima Álvarez y es cofundadora de Someone Somewhere, una empresa creada para conectar a artesanas de comunidades rurales indígenas del país con grandes compañías internacionales para que puedan vivir de su trabajo dignamente.
Muchas familias en el México rural conservan técnicas textiles y bordados transmitidos durante generaciones con una gran calidad y atractivo para el consumidor pero difícil de transformar en un negocio rentable. El problema no es la calidad del trabajo sino la falta de contactos para poder llegar a potenciales clientes.
Así nació Someone Somewhere, que sirve como intermediaria entre dos mundos que no se habían conectado. Por un lado, las comunidades artesanas y por otro, grandes marcas que buscan incorporar sostenibilidad, impacto social y trabajo artesanal a determinados productos.
Estas artesanas han realizado colaboraciones con grandes marcas como Lacoste. Con el proyecto ‘I Was a Polo’, le dieron una segunda vida a polos usados o almacenados de Lacoste y los transformaron en bolsas y neceseres. La mitad de cada pieza procedía de polos recuperados de la propia marca y la otra mitad de tejidos reciclados elaborados por artesanas que trabajan con telares tradicionales.
También han colaborado con Ikea. Participaron en programas en los que textiles usados —como ropa de cama— los transformaron en nuevos artículos elaborados con técnicas artesanales mexicanas. La iniciativa buscaba reducir residuos y al mismo tiempo generar empleo para comunidades vinculadas al tejido tradicional.

Con Delta Air Lines, confeccionaron las bolsas de viaje que regala la aerolínea a los pasajeros de primera clase. Esta alianza generó más de 500,000 horas de trabajo artesanal y eliminó toneladas de plástico gracias a que los estuches de los aviones se tejieron con hilos y materiales reciclados.
Estos trabajos han permitido que Someone Somewhere tenga la certificación internacional B Corp, que avala a empresas con altos estándares de responsabilidad social y ambiental. Pero no todo ha sido un camino de rosas para la compañía.
La última colaboración ha sido muy polémica. La multinacional alemana Adidas lanzó una colección especial para el Mundial de fútbol 2026 elaborada junto a 150 mujeres nahuas de Naupan, en la Sierra Norte de Puebla. Las artesanas han bordado a mano camisetas, chaquetas y otras prendas para la Selección Mexicana de Fútbol que se han vendido entre 90 y 285 dólares.
La colaboración fue presentada como un ejemplo de integración entre tradición artesanal y moda global. Pero varias activistas denunciaron que las artesanas recibían una compensación insuficiente en comparación con el precio final de las prendas. La empresa de Fátima Álvarez ha respondido que los ingresos superaban las cifras difundidas en redes sociales y que eran superiores al salario mínimo del país.
Un caso que refleja el desafío para Fátima Álvarez desde que fundó Someone Somewhere. Demostrar que es posible construir un negocio rentable a partir del trabajo artesanal y a la vez beneficiar a las comunidades indígenas frente a las grandes corporaciones.

