El número de hogares en los que la sustentadora principal es una mujer ha crecido en los últimos años. Desde 2008, cuando eran un 32% los hogares nacionales los que dependían en mayor medida de los ingresos de la mujer y un 29% de los hogares inmigrantes, ese porcentaje se ha incrementado en 7 y 9 puntos hasta 2025, cuando son un 39% en hogares nacionales y un 38% en foráneos los que son sustentados principalmente por una mujer. Así lo señala un estudio elaborado por Fedea.

Este avance en la participación económica de las mujeres coincide con una realidad en la que existen cerca de 1,94 millones de hogares monoparentales en España, de los cuales, más del 80 % están encabezados por mujeres (familias monomarentales). Sin embargo, este liderazgo financiero a menudo esconde una sobrecarga económica al sostener la unidad familiar con un solo salario. Así, desde la Federación de Asociaciones de Madres Solteras (FAMS) advierten que “la principal dificultad es que todos los gastos de una familia recaen sobre un único ingreso, pero los costes de mantener un hogar y cuidar a los hijos no se reducen proporcionalmente por el hecho de que solo haya una persona adulta”.
Diversidad de los hogares
Según los datos del estudio de Fedea, de ese 39% de hogares nacionales en los que las mujeres son el principal sustentador, hay un 40,4% que vive sola, un 23% en los que viven dos adultos sin hijos, un 16,2% dos progenitores con hijos, y un 5,7% de hogares en los que vive la mujer sola con su hijo.

En el caso del 38% de los hogares formados por inmigrantes en los que el principal sustento proviene de la mujer, un 25,9% son de trabajadoras que viven solas, un 22,5% de dos adultos sin hijos, un 20,5% dos adultos con hijos, y son un 8,1% de hogares que dependen de los ingresos de la mujer porque viven solas con sus hijos.
Tal y como explica la FAMS, la repercusión de asumir los gastos de crianza en solitario queda influye en la capacidad económica de estos hogares, ya que uno de cada dos se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social. Estos datos evidencian que son el tipo de hogar más empobrecido en comparación con el resto de las estructuras familiares.
La vivienda es la principal barrera
El acceso a una vivienda constituye la barrera económica más importante para tener un hijo sola, según exponen desde la organización. “La vivienda es, sin duda, uno de los gastos que más comprometen la economía de las familias monomarentales”.
En concreto, el 43,37% de las madres encuestadas destina entre una cuarta parte y la mitad de su salario únicamente al alojamiento, mientras que un 85% manifiesta serias dificultades para cubrir este concepto básico.
A estas tensiones se añade el coste financiero derivado de la falta de apoyos públicos para conciliar. Desde la FAMS destacan que “cuando no existe otra persona adulta con quien compartir los cuidados, poder trabajar puede depender de contratar servicios de atención, actividades extraescolares o recursos de apoyo que no siempre son accesibles económicamente, por lo que la otra opción que queda es reducir jornada, con lo que los ingresos son menores”
Afecta directamente a la carrera laboral
Así, la falta de políticas de conciliación repercute directamente en la carrera laboral de estas trabajadoras, que culminan con periodos sin cotizar y se traducen en salarios y pensiones más bajas. Por ello inciden que “no podemos permitir que cuidar de los hijos e hijas en solitario se convierta en una condena económica que acompañe a estas mujeres durante toda su vida”.

“El problema no es que una madre críe sola, sino que las políticas públicas, el mercado laboral y el sistema de protección social siguen organizados como si todas las familias dispusieran de dos personas adultas para compartir ingresos, cuidados y responsabilidades”, reclaman.

Además, denuncian que el 72,8% de las madres que han criado solas y estaban en paro ha tenido que rechazar ofertas laborales por no poder conciliar, y un 84% ha aceptado empleos por debajo de su cualificación. A esto se suma que un 48,6% asegura haber sufrido discriminación en procesos de selección al exponer su condición familiar, una cifra que escala al 55% entre las mujeres de foráneas.
Cabe destacar, además, que la tasa de mujeres inmigrantes que cuidan a sus hijos en solitario es 2,3 puntos superior a la de las nacionales.
En este sentido, desde la FAMS denuncian que “la conciliación no puede seguir siendo un problema que cada familia tenga que resolver individualmente. En el caso de las monomarentales, no es una cuestión de falta de disponibilidad o compromiso laboral, sino de un mercado de trabajo que sigue sin adaptarse a la diversidad de realidades y necesidades familiares”.
Reclaman un marco legislativo estatal con derechos concretos
Debido a la situación a la que se enfrentan estas familias, desde la FAMS reclaman un marco legislativo estatal con derechos concretos: “No estamos reclamando privilegios, sino que se reconozca una realidad familiar diferente y se garantice una protección adecuada a sus necesidades”.
Y es que, entre los agravios normativos vigentes hoy en día, destacan discriminaciones fiscales en el IRPF y que muchas ayudas evalúen los ingresos por unidad de convivencia en lugar de por unidad familiar, lo que excluye a aquellas madres que se ven obligadas a compartir piso por la situación de la vivienda que atraviesa el país desde hace varios años.
Aunque el hecho de que cada vez más hogares sean dependientes de los ingresos de las mujeres es un ejemplo de los avances en políticas de igualdad salarial, también hay otras realidades ocultas en dichos hogares.
Por ello, desde la FAMS reclaman políticas públicas a la altura de la diversidad de situaciones que viven las familias, así como medidas de conciliación que permitan a estas mujeres cuidar a sus hijos en igualdad de condiciones.

