La salud íntima forma parte del bienestar general femenino. Y uno de los aspectos fundamentales de esta es la microbiota vaginal, ese ecosistema cuyo equilibrio es vital para defender el órgano de las bacterias invasoras.
No obstante, muchas mujeres creen que deben usar ciertos productos para asegurar la limpieza y la estabilidad de su vagina. En realidad, estos resultan contraproducentes, y pueden incluso favorecer el surgimiento de patologías que afectan a la higiene y a la salud inmunológica femenina.
Aliados y enemigos de la microbiota vaginal

En la microbiota vaginal, existen unas bacterias llamadas Lactobacillus con un papel fundamental. En un estado de equilibrio, estas representan ente el 70% y el 90% del total.
Entre sus funciones, se encuentra la producción de ácido láctico. Cuando mantienen el pH fisiológico ácido adecuado, pueden acabar con patógenos comunes como la Candida albicans (causante de la candidiasis) o la Gardnerella vaginalis (responsable de la vaginosis bacteriana).
Por ende, la pérdida de esta población bacteriana permite que estas y otras infecciones lleguen a causar estragos en la salud íntima de la mujer, según sugiere la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO).
Muchos de los factores que causan la pérdida de Lactobacillus son causados, paradójicamente, por un exceso de medidas de higiene íntima.
Prueba de ello son las llamadas duchas vaginales. Hay quien cree que se debe realizar una limpieza interna, cuando se trata de un órgano completamente “autolimpiable”. Una limpieza forzosa elimina la flora natural, causando una alteración del pH y la proliferación de microorganismos nocivos.
Por otro lado, tampoco es recomendable el uso de jabones, desodorantes y otros. Estos productos, aunque parecen aliados, son en realidad enemigos de la vagina. Su pH alcalino neutraliza la acidez naturalmente presente, y sus colorantes y fragancias químicas pueden afectar a la mucosa y a su barrera de protección.
Protección diaria y uso de probióticos
Cuando aparecen los problemas en la microbiota vaginal (estrés, cambios hormonales, antibióticos…), es probable que un especialista recomiende el uso de probióticos específicos.
La mayoría contienen cepas con efectividad demostrada, y pueden administrarse por vía oral u óvulos vaginales. Ambos actúan como tratamientos útiles frente a los hongos y las bacterias, si bien deben tomarse siempre bajo recomendación médica.
En todo caso, la protección requiere un compromiso diario por parte de cada mujer. Más allá de evitar productos agresivos y los lavados invasivos, los expertos también ofrecen otras recomendaciones.
Entre ellas, seguir una alimentación equilibrada, evitando los azúcares refinados en exceso. También es recomendable el uso de ropa de interior hecha de algodón, ya que facilita la transpiración.
Adicionalmente, cualquier uso de antibióticos puede ser complementado por probióticos, especialmente en casos donde suelen aparecer infecciones con especial recurrencia. Siempre debe consultarse al especialista de referencia para seguir el tratamiento adecuado.
En definitiva, el equilibrio de la microbiota de la vagina depende de un óptimo cuidado. Este puede garantizar una salud íntima resistente y duradera.

