Tenerife registra en 2026 una actividad sismovolcánica muy superior a la observada durante los últimos años. El Instituto Geográfico Nacional ha contabilizado diez enjambres sísmicos desde enero, una cifra especialmente llamativa si se compara con los apenas seis episodios similares detectados durante los años anteriores de vigilancia instrumental.
El incremento ha llevado al comité científico del PEVOLCA a reforzar el seguimiento de la isla y establecer reuniones periódicas cada tres meses. Sin embargo, los especialistas lanzan al mismo tiempo un mensaje de tranquilidad: no existen actualmente señales que indiquen una erupción a corto o medio plazo.
Itahiza Domínguez, director del IGN en Canarias, explica en 20 Minutos que la actividad volcánica permanece por encima de los niveles habituales. Los movimientos se concentran fundamentalmente bajo la zona occidental de Las Cañadas del Teide y están relacionados con procesos que ocurren a varios kilómetros de profundidad.
Diez enjambres sísmicos en apenas siete meses
El dato que más ha llamado la atención de los científicos es la frecuencia de los enjambres. Durante febrero se detectaron siete episodios de eventos híbridos al suroeste de Pico Viejo. La actividad volvió a intensificarse durante junio y julio.
En los últimos episodios pueden registrarse cientos o incluso miles de pequeños terremotos en periodos muy cortos. Durante los días 23 y 24 de julio se contabilizaron alrededor de 1.600 eventos.
La inmensa mayoría son terremotos de magnitud extremadamente baja. Muchos ni siquiera pueden localizarse individualmente debido a la debilidad de sus señales y ninguno de estos enjambres ha provocado daños.
El IGN reconoce, no obstante, que la actividad de Tenerife es actualmente “mucho mayor” que la registrada durante los años precedentes y considera necesario mantener una vigilancia reforzada.
Los terremotos podrían empezar a sentirse

Los especialistas consideran posible que durante los próximos meses aparezca algún terremoto perceptible por los habitantes de la isla. Eso tampoco significaría automáticamente que una erupción estuviera aproximándose.
“No esperamos que los seísmos que pueda haber en los próximos meses provoquen daños materiales”, ha explicado Domínguez a 20 Minutos. En caso de producirse, previsiblemente serían movimientos sentidos de forma leve.
La situación cambiaría de importancia si los terremotos comenzaran a ser más frecuentes, aumentaran progresivamente de magnitud y sus focos migraran desde las profundidades hacia la superficie.
Una secuencia sísmica cada vez más superficial sería uno de los indicadores que los científicos buscarían ante una posible intrusión de magma.
Qué tendría que ocurrir para pensar en una erupción
Los terremotos constituyen solamente una parte de la vigilancia volcánica. Para considerar que existe una amenaza eruptiva en Tenerife, los especialistas necesitarían observar cambios simultáneos en otros parámetros.
Uno de los más importantes sería una deformación rápida del terreno. Cuando el magma asciende y comienza a acumularse cerca de la superficie puede ejercer presión sobre las rocas y modificar ligeramente la forma del edificio volcánico.
También se vigilan continuamente las emisiones de gases. Un aumento significativo del dióxido de carbono u otros compuestos puede revelar cambios en el sistema magmático.
Actualmente, ninguno de esos indicadores presenta la evolución que cabría esperar antes de una erupción. Los expertos no han detectado una intrusión magmática y las emisiones de dióxido de carbono muestran incluso una tendencia descendente.
Una futura erupción no tendría por qué producirse en el Teide

Hablar de una futura erupción en Tenerife tampoco significa necesariamente imaginar al Teide entrando en actividad. La isla cuenta con diferentes sistemas volcánicos capaces de generar nuevos centros eruptivos.
Domínguez considera más probable, atendiendo al comportamiento histórico de Tenerife, una erupción basáltica similar a la registrada en La Palma en 2021. En ese escenario podría abrirse una fisura en un lugar donde anteriormente no existía ningún cono volcánico.
“Lo más probable es que surgiera un nuevo volcán en la dorsal noreste de la isla”, explica el responsable del IGN a 20 Minutos. Las grandes erupciones relacionadas con el sistema central del Teide y Pico Viejo son menos frecuentes.
Una nueva erupción podría, por tanto, crear literalmente otro volcán, como ocurrió en 1909 con el Chinyero o en 2021 con el Tajogaite en La Palma.
Una probabilidad del 40% no significa que vaya a ocurrir ahora
Los estudios de riesgo sitúan alrededor del 35%-40% la probabilidad de que Tenerife registre alguna erupción durante los próximos 50 años. El porcentaje puede resultar llamativo, pero debe interpretarse correctamente.
No representa una predicción para 2026 ni significa que la actividad actual vaya a terminar necesariamente en una erupción. Se trata de una estimación estadística para un periodo de medio siglo basada, entre otros elementos, en la historia volcánica de la isla.
El principal problema para los científicos es la escala temporal. Los sistemas volcánicos evolucionan durante siglos o milenios, mientras que la vigilancia instrumental moderna dispone de apenas unas décadas de información comparable.
La última erupción de Tenerife ocurrió en 1909

La última erupción terrestre registrada en Tenerife comenzó el 18 de noviembre de 1909 en Chinyero, en la dorsal noroeste. Durante los meses anteriores existen testimonios históricos de terremotos percibidos por los habitantes de la isla.
Hoy la capacidad de vigilancia es incomparablemente mayor. Sismómetros, estaciones GPS, satélites y sensores de gases permiten detectar alteraciones que hace un siglo resultaban invisibles.
Por eso los diez enjambres de 2026 son relevantes, pero no constituyen por sí solos el anuncio de una erupción. Tenerife continúa siendo una isla volcánicamente activa y su subsuelo está mostrando más movimiento de lo habitual, pero no existe actualmente una señal de peligro inminente.
El PEVOLCA seguirá reuniendo a sus científicos cada tres meses. Si aparecieran terremotos más superficiales, deformaciones rápidas o cambios importantes en los gases, el seguimiento se intensificaría inmediatamente. Hasta entonces, la consigna científica sigue siendo la misma: vigilancia, información y ninguna fecha posible para una erupción que, tarde o temprano, volverá a formar parte de la historia geológica de la isla.

