Por primera vez desde que comenzó la emergencia, el incendio de Riglos ofrece señales claras de mejoría. Las lluvias caídas durante las últimas horas han reducido la intensidad de las llamas y han permitido a los equipos de extinción avanzar en la consolidación de un perímetro gigantesco, próximo a los 100 kilómetros.
El fuego continúa activo y la prudencia sigue siendo máxima, pero la situación es muy diferente a la que se vivió durante las jornadas más críticas. La superficie provisional afectada se mantiene en torno a las 17.500 hectáreas y buena parte de los frentes han podido estabilizarse.
La consecuencia más importante de esta evolución es que el Gobierno de Aragón prepara ya el regreso progresivo de los más de mil vecinos que tuvieron que abandonar sus casas. Después de una semana marcada por evacuaciones, cambios de viento y un despliegue extraordinario de medios, la emergencia empieza lentamente a entrar en una fase distinta.
La lluvia cambia el comportamiento del fuego
Las precipitaciones han sido una ayuda decisiva para los profesionales que trabajan contra el incendio de Riglos. El aumento de la humedad y el descenso temporal de las temperaturas han reducido la actividad de numerosos puntos calientes y han permitido actuar con mayor eficacia sobre algunas reproducciones.
El director general de Interior y Emergencias del Gobierno de Aragón, Miguel Ángel Clavero, resumía el efecto de las últimas horas señalando que las lluvias habían “refrescado el fuego”.
La madrugada ha permitido reforzar líneas de defensa, enfriar zonas todavía activas y trabajar sobre un terreno que durante días había respondido de manera extremadamente agresiva debido a la sequedad acumulada y las altas temperaturas.
La lluvia no ha apagado por sí sola el incendio, pero ha proporcionado una ventana de oportunidad que el dispositivo está tratando de aprovechar al máximo.
El incendio mantiene unas 17.500 hectáreas afectadas
La superficie provisional del incendio de Riglos continúa situada alrededor de las 17.500 hectáreas, con un perímetro aproximado de 100 kilómetros.
La cifra convierte el episodio en uno de los grandes incendios forestales sufridos por Aragón durante los últimos años y muestra la enorme dimensión del territorio sobre el que deben seguir trabajando los equipos de extinción.
La prioridad continúa localizada especialmente en el flanco derecho, donde todavía existen sectores que requieren vigilancia y consolidación.
Que buena parte del perímetro esté estabilizado no significa que haya desaparecido el riesgo de reproducciones. Troncos, raíces y zonas con combustible acumulado pueden mantener calor durante horas o incluso días y volver a generar llama cuando cambian las condiciones meteorológicas.
Más de mil evacuados comienzan a mirar hacia sus casas
El cambio en la evolución del fuego permite empezar a pensar en una de las decisiones más esperadas desde el inicio de la emergencia: el regreso de los vecinos.
El incendio de Riglos obligó a evacuar a 1.046 personas de 19 núcleos de población, además de instalaciones turísticas y campamentos situados en las zonas amenazadas.
El Gobierno de Aragón ha iniciado una revisión de los servicios básicos antes de permitir cada retorno. No basta con que las llamas se hayan alejado. Las viviendas necesitan electricidad, las carreteras deben ser transitables y las comunicaciones tienen que funcionar.
El mayor problema está siendo el agua. Las redes y captaciones deben ser analizadas antes de garantizar que el suministro es seguro, por lo que algunos municipios podrían tardar algo más en recuperar completamente la normalidad.
Santa Cilia de Jaca y Puente la Reina de Jaca ya habían podido abandonar las medidas de confinamiento y el proceso de retorno debe extenderse progresivamente durante este martes si la evolución continúa siendo favorable.
El viento sigue siendo una de las grandes amenazas
El optimismo no significa que la emergencia esté terminada. El comportamiento del viento ha sido uno de los factores que más dificultades ha provocado desde que comenzó el incendio de Riglos.
Durante los momentos más críticos, cambios repentinos de dirección empujaron las llamas hacia zonas que pocas horas antes parecían protegidas y obligaron a modificar constantemente las estrategias de extinción.
Ahora, con el terreno más húmedo, ese riesgo disminuye, pero no desaparece.
Las próximas horas dependerán de la combinación entre temperaturas, humedad y viento. Si la meteorología vuelve a empeorar, algunos puntos aparentemente apagados podrían reactivarse.
Un operativo de dimensiones históricas
La magnitud del incendio ha obligado a movilizar uno de los mayores dispositivos de extinción desplegados en Aragón.
Durante las jornadas más complicadas han trabajado alrededor de un millar de efectivos de diferentes administraciones, acompañados por decenas de medios aéreos.
Infoar ha desplegado brigadas helitransportadas y terrestres, autobombas, bulldóceres y helicópteros de coordinación. A ellos se han sumado efectivos de la Unidad Militar de Emergencias, bomberos provinciales, Guardia Civil, Protección Civil y medios enviados desde otras comunidades autónomas.
España también solicitó ayuda internacional. Francia desplazó bomberos y vehículos para reforzar las tareas sobre el terreno dentro de los mecanismos de cooperación disponibles.
El objetivo durante esta fase ya no es únicamente frenar grandes frentes, sino recorrer kilómetros de perímetro, enfriar zonas calientes y evitar que una reproducción obligue a retroceder parte del trabajo realizado.
La tragedia de la UME marca la extinción
La mejoría del incendio de Riglos llega después de uno de los episodios más duros de toda la emergencia.
Javier García Sancho, miembro del Cuarto Batallón de Intervención en Emergencias de la UME, murió el domingo después de que la autobomba en la que viajaba sufriera un accidente mientras participaba en el operativo.
Otros tres militares resultaron heridos, aunque posteriormente recibieron el alta hospitalaria.
El fallecimiento provocó numerosas muestras de condolencia y llevó al Gobierno de Aragón a declarar luto oficial. En La Almunia de Doña Godina, localidad zaragozana de la que era vecino, decenas de personas participaron en un minuto de silencio en su memoria.
La muerte recuerda el enorme riesgo que implica trabajar durante días en un incendio de estas dimensiones, con caminos forestales, humo, cansancio acumulado y condiciones cambiantes.
Ahora comienza otra batalla: recuperar los pueblos
Si las condiciones meteorológicas mantienen su evolución favorable, la emergencia empezará a desplazarse poco a poco desde la extinción hacia la recuperación.
Los vecinos tendrán que comprobar el estado de viviendas, explotaciones agrícolas y ganaderas, carreteras, tendidos eléctricos y sistemas de abastecimiento.
También será necesario evaluar el impacto ambiental de un incendio de Riglos que ha recorrido miles de hectáreas y ha afectado a zonas forestales de enorme valor paisajístico.
Virginia Barcones, secretaria general de Protección Civil y Emergencias, ha advertido de que “no hay que bajar la guardia”, aunque confía en que “más pronto que tarde” pueda darse por terminada la lucha contra las llamas.
Las lluvias han cambiado el escenario. Después de una semana de expansión y evacuaciones, el fuego empieza a ceder terreno y los primeros vecinos se preparan para volver. Pero todavía quedan kilómetros de perímetro que vigilar antes de poder hablar definitivamente del final del incendio.

