Polinyà abrirá una de las grandes noches televisivas del verano con una identidad muy distinta a la imagen tradicional del pueblo rural que suele asociarse al concurso. El municipio barcelonés será uno de los doce participantes de Grand Prix 2026 y debutará en el primer duelo de la nueva edición frente a Cantalejo, el representante de Castilla y León. Sobre el plató estarán las pruebas, la música, las caídas, los disfraces y la vaquilla. Detrás, una localidad del Vallès Occidental marcada por la industria, la cercanía metropolitana y una iglesia románica consagrada en el año 1122.
La elección de Polinyà introduce un matiz interesante dentro del programa de RTVE. No todos los pueblos que compiten en Grand Prix 2026 responden al mismo imaginario. Algunos llegan con castillos, playas, villas marineras o leyendas medievales. Polinyà lo hace desde un territorio profundamente conectado con el área de Barcelona, donde la actividad económica moderna convive con una memoria histórica mucho más antigua de lo que parece a simple vista.
En esa mezcla está su verdadero atractivo. Polinyà no es una postal detenida en el tiempo, sino un municipio que ha crecido entre polígonos, servicios, barrios residenciales y vínculos laborales con el conjunto del Vallès. Sin embargo, en el centro de esa realidad contemporánea conserva una pieza patrimonial que permite viajar más de nueve siglos atrás: la iglesia de Sant Salvador.
Un debut contra Cantalejo para abrir Grand Prix 2026
Polinyà tendrá un papel especialmente visible en Grand Prix 2026 porque formará parte del primer enfrentamiento de la temporada. Su rival será Cantalejo, el pueblo segoviano conocido por la tradición de los trillos y la gacería, aquella jerga utilizada por trilleros, criberos y tratantes para comunicarse durante sus ventas.
El duelo permite enfrentar dos formas muy distintas de identidad local. A un lado, Cantalejo representa una memoria rural castellana ligada al trabajo artesanal y a los caminos comerciales. Al otro, Polinyà llevará al programa el perfil de un municipio catalán industrial, integrado en una de las zonas económicas más dinámicas de Barcelona, pero con raíces históricas profundas.
La madrina del municipio será Valeria Ros, que acompañará al equipo catalán en una edición presentada de nuevo por Ramón García. El formato recupera su espíritu más reconocible: rivalidad entre pueblos, pruebas físicas, humor familiar y la capacidad de convertir durante una noche a una localidad pequeña o mediana en protagonista de toda España.
Para Polinyà, esa exposición supone una oportunidad de escapar de una etiqueta demasiado simple. Muchos municipios industriales del entorno metropolitano suelen quedar reducidos a su función económica o residencial. Grand Prix 2026 puede mostrar una cara menos conocida de Polinyà: la de un pueblo con patrimonio medieval, memoria local y una identidad propia dentro del Vallès Occidental.
La iglesia consagrada en 1122 que aún define el corazón del municipio

El principal elemento patrimonial de Polinyà es la iglesia de Sant Salvador. El templo fue consagrado en 1122 por el obispo Oleguer de Barcelona y conserva una parte románica integrada en construcciones posteriores. Ese dato resulta especialmente potente para entender la profundidad histórica del municipio: cuando muchas de las actuales ciudades industriales del entorno ni siquiera existían como las conocemos, Polinyà ya contaba con un templo documentado en plena Edad Media.
La iglesia conserva la huella de varias etapas. Su estructura actual no responde a una única época, sino a sucesivas transformaciones que fueron adaptando el edificio a las necesidades de la comunidad. Aun así, el núcleo románico continúa siendo el gran signo de identidad patrimonial del municipio.
Uno de sus elementos más valiosos son las pinturas murales románicas vinculadas al templo. Los originales se conservan en el Museo Diocesano de Barcelona, mientras que en la iglesia pueden contemplarse reproducciones que permiten comprender la importancia artística del conjunto. El románico de Sant Salvador conecta Polinyà con una de las grandes tradiciones culturales de Cataluña, aunque el municipio rara vez aparezca en los circuitos turísticos más conocidos.
Ese contraste entre discreción y profundidad histórica es precisamente lo que da fuerza al reportaje. Polinyà no necesita presentarse como una gran capital patrimonial. Su interés está en demostrar que incluso los municipios más asociados a la actividad industrial conservan capas de memoria que explican su evolución durante siglos.
De villa romana probable a municipio del Vallès Occidental
Los orígenes de Polinyà se han relacionado tradicionalmente con una posible villa romana. El propio nombre del municipio procede del término latino Paulinianum, vinculado a la idea de una propiedad o explotación antigua asociada a un nombre personal. La documentación medieval sitúa ya el topónimo Polinyà en el año 969, lo que confirma la antigüedad de la población dentro del territorio catalán.
Durante siglos, el municipio mantuvo una estructura rural, vinculada al campo, las masías y las comunicaciones locales. Ese paisaje cambió con fuerza durante el siglo XX, especialmente a medida que el Vallès Occidental se consolidó como uno de los grandes espacios industriales de Cataluña. La proximidad a Barcelona, Sabadell, Mollet del Vallès y otros núcleos urbanos favoreció la transformación del territorio.
Hoy, Polinyà combina zonas residenciales, actividad empresarial y restos de un pasado agrícola que todavía se percibe en algunos rincones. La industria no borró por completo la memoria del pueblo, pero sí modificó su escala, su economía y la forma en la que muchos vecinos se relacionan con el municipio.
Ese perfil lo diferencia de otros participantes de Grand Prix 2026. Polinyà no llega al concurso envuelto en una imagen puramente rural, sino como ejemplo de una España local mucho más compleja: pueblos que ya forman parte de áreas metropolitanas, que trabajan en clave industrial y que, aun así, conservan un centro histórico, fiestas, asociaciones y patrimonio.
Un pueblo industrial con una historia que merece ser contada

La presencia de Polinyà en Grand Prix 2026 puede servir para ampliar la mirada sobre el propio programa. El concurso no solo muestra pueblos de postal, sino comunidades con trayectorias muy distintas. Algunas viven del turismo, otras de la agricultura, otras del mar y otras, como Polinyà, de una actividad económica estrechamente ligada a la industria y los servicios.
El reto para el municipio será convertir esa identidad en relato televisivo. En una competición tan visual, los pueblos necesitan símbolos reconocibles. Polinyà cuenta con uno evidente: una iglesia consagrada hace más de 900 años en mitad de un territorio industrial. Esa imagen resume mejor que ninguna otra su singularidad.
Cuando arranque el programa, los espectadores verán a sus vecinos competir contra Cantalejo. Pero detrás de cada prueba estará también la historia de una localidad que ha cambiado de forma sin perder del todo su raíz. Del probable origen romano al románico de Sant Salvador, del campo a los polígonos, del Vallès agrícola al Vallès industrial, Polinyà ha ido acumulando capas sin renunciar a su nombre ni a su memoria.
Grand Prix 2026 apuesta por Polinyà y, con ello, sitúa bajo los focos a un municipio que quizá muchos espectadores no sabrían ubicar en el mapa. Esa puede ser precisamente su ventaja: presentarse como una sorpresa. Un pueblo de Barcelona que no presume de ser postal, pero que guarda una iglesia consagrada en 1122 y una historia mucho más antigua que sus fábricas.

