Ellas cocinan

Guillermina Iannuzzi y Georgina Inglavaga, las mujeres al mando de Taula Puntal

Las dos chefs lideran la cocina de Taula Puntal, la vertiente más gastronómica de Espai Puntal. Su propuesta parte del territorio, la temporada y el trabajo con pequeños productores

En Taula Puntal, la cocina empieza mucho antes de que un plato llegue a la mesa. Empieza en el producto, en el productor, en la temporada y en la voluntad de construir una relación más estrecha con el territorio. Al frente de esa mirada están Guillermina Iannuzzi y Georgina Inglavaga, responsables de la dirección gastronómica del espacio y dos de las figuras clave en la evolución de Espai Puntal.

Su trabajo se inscribe dentro de un proyecto que entiende la gastronomía de una forma amplia. Espai Puntal, ubicado en el barrio barcelonés del Born-la Ribera, nació con la ambición de contribuir a transformar el sistema alimentario local a partir de una cocina mediterránea, de proximidad y estrechamente vinculada a pequeños productores del entorno de Barcelona. Más que un restaurante, Espai Puntal funciona como un pequeño ecosistema gastronómico formado por distintos espacios y momentos de consumo. El Bar propone una cocina informal de platillos, vinos naturales, cervezas artesanales y refrescos caseros; el Colmado recupera la lógica del horno y la despensa de barrio, con panes de larga fermentación, bocadillos, conservas y elaboraciones para llevar; y Taula Puntal concentra la vertiente más gastronómica y reflexiva del proyecto. Es precisamente en Taula donde Iannuzzi e Inglavaga desarrollan una cocina que convierte el paisaje en lenguaje.

Una cocina construida desde el territorio

La propuesta que defienden parte de una idea clara: cocinar no consiste únicamente en transformar ingredientes, sino también en entender de dónde vienen, quién los produce y en qué momento del año alcanzan su mejor expresión. Por eso el trabajo de ambas cocineras está profundamente ligado a la temporalidad. Verduras, pescados, carnes, fermentados, frutas y productos locales aparecen en la cocina siguiendo el ritmo del calendario y no una lógica de disponibilidad permanente. Esa manera de trabajar obliga a escuchar al territorio y a adaptar la creatividad a lo que cada estación ofrece.

La proximidad, en este caso, no funciona como una etiqueta estética ni como un simple discurso de marca. Forma parte de la estructura misma del proyecto. Espai Puntal trabaja con pequeños productores de los alrededores de Barcelona y apuesta por una red de relaciones que conecta la cocina con el campo, el mar, los obradores y los proyectos artesanales del territorio. En ese contexto, Iannuzzi e Inglavaga actúan como intérpretes. Su cocina busca respetar el carácter de los ingredientes y, al mismo tiempo, encontrar nuevas maneras de relacionarlos.

Cataluña y el espíritu del txoko

Taula Puntal incorpora además una segunda identidad: el diálogo entre la tradición mediterránea y la cultura gastronómica vasca. El proyecto se inspira en el espíritu de las sociedades gastronómicas vascas, donde cocinar y comer son actividades inseparables de la conversación y de la vida colectiva. Esa idea se traslada a Barcelona a través de una mesa entendida como punto de encuentro.

No se trata de reproducir literalmente un txoko, sino de recuperar su filosofía: compartir, cocinar alrededor de una comunidad y entender la gastronomía como una experiencia social. La conexión con Cataluña aparece a través del producto, los productores, las técnicas y el paisaje. La influencia vasca se reconoce en la manera de concebir la mesa. Iannuzzi e Inglavaga trabajan precisamente en ese espacio intermedio, construyendo una identidad que no pertenece por completo a una sola tradición.

Dos cocineras, una misma filosofía

En un sector en el que durante décadas el relato gastronómico se ha articulado alrededor de figuras individuales y grandes nombres propios, Taula Puntal plantea una lógica distinta. El protagonismo no recae exclusivamente en quien cocina, sino en todo el sistema que hace posible la cocina. El producto importa. El productor importa. El equipo importa. El espacio importa. Y también importa la persona que finalmente se sienta a la mesa. Ese enfoque colectivo se refleja en la manera en la que Guillermina Iannuzzi y Georgina Inglavaga lideran la propuesta gastronómica.

Su trabajo no busca construir una cocina de autor basada en el reconocimiento individual, sino desarrollar un lenguaje común dentro de un proyecto más amplio. La personalidad de ambas aparece en las decisiones: en la selección de los ingredientes, en el respeto por el calendario, en la relación con los productores y en la manera de combinar tradición y contemporaneidad. Es una cocina que evita la estridencia y apuesta por la coherencia.

 

Espai Puntal, gastronomía a escala de barrio y compromiso con lo local

Para entender el trabajo de las dos cocineras también hay que mirar lo que ocurre fuera de Taula. Espai Puntal ha construido su identidad a partir de distintos espacios que comparten una misma filosofía. Cada uno responde a una necesidad cotidiana distinta, pero todos mantienen una conexión con el producto artesanal, la proximidad y una determinada idea de barrio.

El Bar funciona como un lugar abierto y espontáneo, donde la cocina se mezcla con el vino, la cerveza y la conversación. El Colmado recupera la tradición de la despensa y el horno de proximidad. El pan, elaborado mediante largas fermentaciones, ocupa un lugar central y convive con conservas, bocadillos y preparaciones destinadas al día a día. Taula, por su parte, permite desarrollar una relación más pausada con la gastronomía.

Los tres formatos no funcionan como negocios independientes, sino como distintas expresiones de una misma manera de entender la alimentación. Por eso Espai Puntal puede leerse también como una reflexión sobre el papel que la gastronomía puede desempeñar dentro de una ciudad: no solo como destino culinario, sino como parte de la estructura cotidiana de un barrio.

El compromiso con lo local se extiende incluso al diseño del espacio. El propio equipo de Espai Puntal ha participado en la construcción de los interiores, desde elementos estructurales hasta la iluminación y la decoración. La vajilla artesanal, elaborada en talleres del Born mediante procesos manuales, es otro ejemplo de esa voluntad de mantener cerca a quienes producen los objetos que forman parte de la experiencia. La misma lógica aparece en la selección de bebidas, donde conviven proyectos de pequeña escala, elaboraciones artesanales y productores vinculados al Mediterráneo. Todo ello refuerza una idea central: Espai Puntal no pretende hablar de proximidad únicamente desde la cocina, sino construir un sistema coherente alrededor de ella.

 

Las mujeres detrás de Taula Puntal

Dentro de esa estructura, Guillermina Iannuzzi y Georgina Inglavaga ocupan una posición fundamental. Son ellas quienes trasladan al lenguaje gastronómico los principios de un proyecto que apuesta por el territorio, el trabajo artesanal y una forma más consciente de relacionarse con los alimentos. Su cocina habla a través de los productos que llegan en cada momento, de las personas que los cultivan o elaboran y de una mirada que entiende la gastronomía como algo vivo y necesariamente cambiante. Al mismo tiempo, mantienen presente la cultura vasca que inspira el componente social de Taula Puntal: la idea de que cocinar tiene sentido cuando acaba reuniendo a personas alrededor de una mesa.

Esa combinación resume buena parte de la personalidad del proyecto. Guillermina Iannuzzi y Georgina Inglavaga no están únicamente al frente de una cocina. Forman parte de una manera de entender la gastronomía en la que el restaurante, el productor, el barrio y la mesa pertenecen a una misma conversación. Y es precisamente ahí donde Taula Puntal encuentra su lugar dentro de Espai Puntal: como el espacio en el que esa filosofía se convierte, cada día, en cocina.

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