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Lucía Bárcena: “No quiero llegar a todo. Quiero construir una vida que tenga sentido para mí”

La influencer Lucía Bárcena ha convertido su pasión por la moda, la decoración y la comunicación en una forma de vida

Lucía Bárcena
Lucía Bárcena tiene más de 450.000 seguidores en Instagram
Lucía Bárcena/KiloyCuarto

Hay personas que construyen una carrera siguiendo un plan y otras que lo hacen dejándose llevar por la curiosidad. Lucía Bárcena pertenece, claramente a lo segundo. Lo que comenzó casi como un diario personal de viajes, moda y pequeños momentos de su vida terminó convirtiéndose en una profesión y, después, en un territorio creativo en constante expansión. En conversación con Artículo14, Bárcena nos habla de estilo, familia, emprendimiento, referentes femeninos y de ese deseo de seguir creando sin perder de vista algo mucho más importante: la vida fuera de la pantalla.

-Lucía, llevas ya muchos años trabajando en moda y comunicación, pero tu profesión no cabe exactamente en una sola etiqueta. Cuando alguien te pregunta a qué te dedicas, ¿qué respondes?

-Siempre me cuesta un poco responder a esa pregunta porque mi trabajo ha ido evolucionando conmigo. Empecé compartiendo moda, viajes y mi día a día de una manera muy espontánea y, con los años, se ha convertido en una profesión que combina comunicación, creatividad, imagen, moda y también proyectos propios. Creo que, más que una etiqueta concreta, me considero una persona muy inquieta y creativa. Me gusta comunicar, crear y rodearme de cosas bonitas, pero, sobre todo, me gusta que haya una historia detrás de lo que hago. Qué bonito, y qué responsabilidad, tener un altavoz que llega a tantas personas y poder inspirarlas en diferentes ámbitos.

-Tus primeros pasos fueron muy distintos a los de muchas creadoras de contenido actuales: empezaste compartiendo tus viajes y tu estilo casi como un hobby y emprendiste con Barey. ¿Qué queda hoy de aquella Lucía que se atrevió a montar una marca sin saber muy bien hasta dónde podía llegar?

-Queda muchísimo. Sobre todo, la ilusión y las ganas de hacer cosas, aunque ahora seguramente tengo más experiencia y soy bastante más consciente de todo lo que hay detrás de un proyecto. Cuando empecé no pensaba demasiado en si iba a funcionar o hasta dónde podía llegar. Simplemente me apetecía hacerlo y aprendí muchísimo por el camino. Creo que esa parte de mí que se atreve, que prueba y que no necesita tenerlo todo perfectamente controlado antes de empezar sigue estando ahí. Con los años también he aprendido que emprender requiere paciencia, constancia y saber adaptarse. No todo sale como uno imagina, pero eso también forma parte del proceso de crecimiento y aprendizaje.

-La moda parece haber estado siempre muy presente en tu vida y has señalado a tu madre como uno de tus grandes referentes de elegancia. ¿Cuál fue la primera lección de estilo que aprendiste de ella y que todavía aplicas?

-Probablemente, que la elegancia no tiene tanto que ver con llevar algo determinado como con la manera de llevarlo. Mi madre siempre ha tenido muchísimo estilo, pero nunca la he visto obsesionada con las tendencias. Creo que de ella aprendí a valorar las prendas bonitas, los buenos tejidos y, sobre todo, a tener criterio propio. No necesitas llevar lo último para estar elegante. A veces, una pieza sencilla, bien elegida y bien llevada dice muchísimo más.

-¿Qué legado te ha dejado tu madre?

Muchísimas cosas, y algunas de ellas las entiendo todavía más ahora que soy madre. Me ha transmitido valores como la importancia de la familia, la generosidad, la educación y el saber estar. También esa sensibilidad por las cosas bonitas, por cuidar los detalles y por disfrutar de una mesa bien puesta, de una casa acogedora o de vestirte para una ocasión especial. Pero, por encima de todo, creo que me ha enseñado con su ejemplo. Hay cosas que no se explican, simplemente las ves y las incorporas.

-¿Qué otras mujeres han influido en ti?

-Además de mi madre, las mujeres de mi familia han tenido un papel muy importante en mi forma de entender la vida. Mi abuela, por ejemplo, ha sido un ejemplo de mujer luchadora, trabajadora, madre y, para mí, la mujer más elegante que he conocido. También he tenido la suerte de encontrarme, a lo largo de mi camino profesional, con mujeres de las que he aprendido muchísimo. Me inspiran especialmente las mujeres que tienen personalidad, que han construido su propio camino y que consiguen compaginar ambición con una vida que tenga sentido para ellas. Entre ellas destacaría a Diane von Furstenberg, por cómo ha utilizado su trayectoria para defender la independencia y el emprendimiento femenino; a Amanda Brooks, por ser una mujer que no se quedó atrapada en la primera versión de su carrera; a Carolina Herrera, Phoebe Philo, Leandra Medine, Joan Didion… entre otras.

-En los últimos años hemos descubierto también tu pasión por las casas, los objetos especiales y la decoración. Incluso has contado que buscas piezas en anticuarios y casas de subastas. ¿Qué te da la decoración que quizá ya no encuentras de la misma manera en la moda? ¿Y tres marcas de decoración que sean referentes para ti?

-Creo que la decoración me permite contar una historia de una manera muy diferente. La moda es algo que llevas y que cambia contigo, pero una casa tiene memoria. Los objetos, los muebles, las piezas antiguas… pueden tener una historia anterior a ti y, de alguna manera, pasan a formar parte de la tuya. Me encanta mezclar piezas antiguas con otras más contemporáneas y que una casa no parezca sacada de un catálogo. Para mí, lo bonito es que tenga personalidad y que refleje a las personas que viven en ella. En cuanto a marcas que me inspiran, os diré uno de mis mayores secretos… Más que una marca, es una casa de subastas online que cuenta con su propia app -aviso que engancha, jajaja-, donde publican a diario piezas seleccionadas de segunda mano, casi siempre vintage. La mayoría de las joyas de mi casa las he encontrado aquí. Se llama Auctionet. También me inspiran mucho Casa López, Rue Vintage 74 y Mestizo, en Madrid.

-También te gusta la cocina, recibir y ejercer de anfitriona. ¿Te imaginas que esa afición por la decoración y la hospitalidad pueda terminar convirtiéndose en un nuevo proyecto profesional?

-Sí, totalmente. Es algo que me atrae muchísimo y que cada vez disfruto más. Me gusta todo lo que tiene que ver con crear ambientes y experiencias: una mesa bonita, cocinar para gente que quieres, elegir las flores, pensar en los pequeños detalles… Al final, también es una forma de comunicar y de hacer sentir bien a los demás. No sé exactamente en qué formato podría convertirse, pero sí me veo haciendo algún proyecto relacionado con este universo en el futuro. Me gusta mucho la idea de que pueda ser algo que una varias de mis pasiones.

-Eres madre de tres niñas pequeñas y trabajas en una profesión en la que, en teoría, nunca se termina de desconectar. ¿Qué es hoy para ti conciliar de verdad?

-Para mí, conciliar no significa conseguir que todo esté perfectamente equilibrado todos los días, porque creo que eso no existe. Hay momentos en los que el trabajo necesita más de mí y otros en los que necesitan más de mí mis hijas. Conciliar de verdad es poder estar presente en lo importante y, sobre todo, poder disfrutar de las dos facetas sin sentir constantemente que estás fallando en una de ellas. También he aprendido que necesito poner límites. Antes quizá tenía más dificultad para desconectar porque el trabajo está muy ligado a mi vida y, además, las redes hacen que parezca que siempre tienes que estar disponible. Ahora intento proteger mucho más los momentos familiares.

-En otra entrevista reconocías esa sensación tan común de “querer llegar a todo” y frustrarte cuando no es posible. ¿Has aprendido a renunciar, a delegar o incluso a aceptar que hay días en los que simplemente no se llega?

-Sí, y creo que la maternidad me ha obligado bastante a aprenderlo. Antes tenía la sensación de que, si me organizaba bien, podía llegar a todo. Ahora sé que no siempre es cuestión de organización: simplemente hay días en los que no se puede. He aprendido a priorizar, a delegar y a aceptar que hacer algo suficientemente bien muchas veces es mejor que intentar hacerlo perfecto. Y también a no castigarme tanto por lo que queda pendiente.

-¿Qué has aprendido sobre ti misma desde que eres madre? ¿Hay algo que antes considerabas importantísimo y que hoy ha dejado de serlo?

-He aprendido a relativizar muchísimo. Ser madre te cambia las prioridades y también la percepción del tiempo. Hay cosas que antes podían ocupar muchísimo espacio mental y que ahora, sinceramente, me parecen pequeñas. También he descubierto una capacidad de adaptación y una paciencia que no sabía que tenía. Y, sobre todo, he aprendido que no quiero perderme intentando hacerlo todo perfecto. Prefiero estar presente y disfrutar de mis hijas.

-Tus hijas aparecen en algunos momentos de tus redes, pero al mismo tiempo eres una persona bastante discreta. ¿Dónde has decidido colocar la frontera entre compartir tu vida y proteger la intimidad de tu familia?

-Es una frontera que he ido construyendo con el tiempo y que para mí es muy importante. Mis hijas forman parte de mi vida y sería extraño que no aparecieran nunca, pero hay una diferencia entre compartir pequeños momentos de nuestra vida y convertir su intimidad en contenido. Intento que puedan crecer con la libertad de decidir algún día qué quieren compartir de ellas mismas. Hay cosas que pertenecen a nuestra familia y que prefiero guardar para nosotros.

-Si eliminamos viajes, eventos, campañas y grandes planes, ¿cómo es un día sencillo en tu vida? ¿Qué te hace feliz?

-Un día sencillo es, probablemente, el que más disfruto. Levantarme con tiempo, desayunar tranquila, estar con mis hijas, llevarlas al colegio, trabajar un rato, comer en casa, dar un paseo, hacer algo de deporte o simplemente estar en casa sin tener demasiados planes. Me hacen feliz cosas bastante sencillas: una comida con mi familia, una mesa bonita, descubrir una pieza especial para casa, cocinar, recibir amigos, viajar con los míos… Y también esos momentos en los que no está pasando absolutamente nada y, precisamente por eso, estás disfrutando muchísimo.

-Has vivido varias vidas profesionales en relativamente pocos años: emprendedora, creadora de contenido, moda, maternidad y ahora un interés creciente por la decoración y la hostelería. ¿Qué te gustaría que estuviera haciendo Lucía Bárcena dentro de diez años y qué te gustaría que tus hijas aprendieran al verte trabajar?

-No sé exactamente dónde estaré dentro de diez años, y casi prefiero no saberlo del todo. Si algo he aprendido es que la vida cambia mucho y que pueden aparecer caminos que ahora ni siquiera imaginas. Sí sé que me gustaría seguir creando y haciendo proyectos que me ilusionen, pero también que tengan una parte de mí y que me permitan tener una vida familiar plena. Me atrae mucho todo lo relacionado con la decoración, así que no me sorprendería poder emprender en algo relacionado con ese mundo tan maravilloso. Y, sobre todo, me gustaría que mis hijas vieran en mí a una mujer que trabajó por sus sueños, que se atrevió a probar cosas, que se equivocó y volvió a intentarlo. Que entendieran que se puede tener ambición y, al mismo tiempo, cuidar de tu familia, de tus relaciones y de tu propia vida. No quiero que aprendan que hay que llegar a todo. Quiero que aprendan que hay que encontrar aquello que te hace feliz y construir una vida que tenga sentido para ti.

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